Ellas son dos maipucinas amas de casa y mamás. Sus manos son inquietas y su espíritu también. Creando urdimbres y tramas con lana, y basadas en la solidaridad, decidieron ayudar a quienes sufren frío. Son Romina Basile y Laura Tosi que ya cuentan con un ejército de mujeres que hacen lo mismo, buscando abrigar a los vulnerables desde la ONG Urdimbre Solidaria.
Las tejedoras de Urdimbre Solidaria de Maipú ya sumaron un ejército de 60 voluntarias
A Romina y Laura las unió las ganas de crecer, de avanzar, y en una capacitación para emprendedoras surgió la idea de unir fuerzas para ayudar al prójimo mediante la ceración de abrigos en una red de tejedoras solidarias. Primero fueron mantas y hoy se suman guantes, gorritos y bufandas para niños de comedores solidarios y hasta abuelos de geriátricos.
Romina: "Junto con Laura (Tosi) somos las fundadoras de Urdimbre e iniciamos hace seis años este proyecto y comenzamos a convocar a todas las personas que se quisieran acercar a colaborar. Desde un principio nos hemos juntado en el Museo de Vino, de Maipú", detalló sobre el génesis de su emprendimiento Romina.
"Yo tenía en mente hacer algo así, luego Romina me propuso y comenzamos. Al principio fuimos nosotras dos, pero luego la gente nos conoció y se fueron sumando", agregó Laura, la otra fundadora de Urdimbre
Con su capacidad organizativa, Romina supo hacer sociedad con una especialista y direccionar su impronta de ayuda. "Nosotras nos conocimos en una capacitación de emprendedores. Ella es profesora de tejido, y yo tengo un espacio donde se dictan talleres de tejido y otras manualidades como costura. Yo siempre había tenido la idea de armar algo solidario y cuando la invité a Laura, le pareció interesante y comenzamos", señaló Romina.
Según Laura, "comenzamos haciendo colchitas y las donábamos más que nada a las maternidades de los hospitales. Después nos comenzaron a contactar los merenderos que pedían ayuda. Pero vimos que las colchas llevan mucha lana, en estos comedores van muchos niños, y no íbamos a poder cubrir la necesidad de todos. Así que nos dedicamos a hacer gorritos".
"Al principio comenzamos haciendo acolchados, uniendo cuadrados tejidos, de 20 x 20cm. Esta es la medida que pedimos que se respete. La técnica puede ser la que elijan, ya sea crochet, dos agujas, o telar. Respetando esa medida es más fácil hacer luego la manta. Ahora sumamos los gorritos y cuellitos", dijo Romina.
Un organización aceitada que necesita apoyo
Lo que nació en Maipú, a lo largo de estos seis años de trabajo fue creciendo, y hoy suman 60 voluntarias de todo tipo: señoras jubiladas, jóvenes madres, sus hijas, y hasta personas con discapacidades, y ayudando en la parte logística, toda su familia apoyando. "En casa, tengo dos hijos varones, de 24 y 20 años, y ellos me ayudan ovillando la lana, por ejemplo, o armando los bolsones cuando hay que ir a repartir" confesó Laura.
"Al principio trabajamos acá en Maipú, las dos somos de acá, y luego de un año, hubo que ampliarlo, ya que notamos que había gente de diferentes lugares, y comenzamos a reunirnos también en la biblioteca General San Martín, en Ciudad. Alternábamos un viernes en Maipú y otro en Ciudad", recordó Romina, mamá de un varón de 18 años, y dos mellizas de 15, quienes también apoyan en la tarea solidaria.
Estas reuniones semanales duran aproximadamente unas dos horas, y allí las voluntarias llevan sus tejidos terminados o material recibido en donación, charlan sobre sus experiencias, y finalmente reparten las tareas para la semana siguiente.
La ONG actúa exclusivamente como unidad de trabajo, pero cada voluntaria hace su tarea en casa, y tienen su lugar de encuentro mencionado. Según Romina, "la idea de las reuniones era poder conocernos y tener un punto de encuentro para que la gente pudiera dejarnos lo que había tejido o el material que íbamos necesitando. Nosotras nos manejamos completamente con donaciones, no manejamos dinero, entonces siempre estamos pidiendo material de trabajo, fundamentalmente lana", explicó.
Consultada la especialista sobre el tiempo necesario para crear una pieza, Laura destacó: "El tiempo de demora de los trabajos varía según la experiencia de la tejedora y la disponibilidad de tiempo. Por ejemplo, a un gorrito o dos para niño yo lo puedo hacer en un día, ya que soy profesora de tejido. Para esta acción solidaria le dedico no muchas horas, por mis actividades, pero lo hago de noche".
Optimizando el trabajo y la llegada a los muchos necesitados de estos abrigos, se ha cambiado incluso el material para algunos de ellos. "Hace tres años, iniciando el cuarto, estamos con el Día del Niño y la creación de los gorros. El año pasado modificamos, y al estar cara la lana incorporamos el polar como material, más económico y rápido de trabajar", dijo Romina.
Luego la cofundadora agregó: “Nosotras trabajamos todo el año, y en este momento tenemos acopio de lo que hemos tejido el año pasado y del verano, entonces cuando comienza el frío de golpe, ya podemos ir repartiendo".
Además de solicitar a la comunidad el apoyo, ya sea con trabajo o con la donación de materiales, Laura y Romina agradecieron a un colaborador fundamental: Cristian Dibeta, dueño de una panificadora maipucina, que llevaba el pan a los merenderos en la pandemia y se aprovechaba este viaje para que entregara las donaciones a los chicos necesitados.
Para interiorizarse más en el trabajo de Urdimbre Solidaria y sumarse, se puede hacer ingresando a su cuenta de Facebook.









