Cacho Cortez fue un maestro aunque quizás él no lo supo. Fue maestro porque quien transmite generosamente sus conocimientos, su sabiduría y sus valores, es precisamente eso: un maestro. Ejerció la docencia sin ser docente y formó a decenas de periodistas, que hoy transitan las redacciones de medios gráficos, radiales, televisivos y digitales. Falleció el sábado a los 80 años con otro título que nadie de la comunidad periodística mendocina discute: el de mejor analista deportivo de Mendoza.
Las enseñanzas que dejó el Cacho Cortez
Claramente el Cacho fue un talentoso porque, autodidacta, forjó sus saberes leyendo, informándose, investigando... A eso le sumó su capacidad intelectual para asimilar cada aprendizaje. Por eso fue brillante en todos los ámbitos periodísticos en los que incursionó: gráfico, radial y televisivo.
Hugo Eriberto Cortez llegó de chico a Mendoza desde su San Juan natal, procedencia de la que nunca renegó y que rememoraba en cada asado con guitarreada en la que le pedía al cantor de turno el tema Volveré Siempre a San Juan.
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De bancario a periodista
Fue bancario, empleado en el hoy desaparecido BUCI (Banco Unión Comercial e Industrial) hasta que tuvo su primera oportunidad en el diario El Diario, del reconocido empresario Samuel Kolton. Allí descubrió, y le descubrieron, su verdadera pasión: el periodismo.
Esa publicación tuvo una duración efímera: un año dicen algunos, dos años aseguran otros. Fue en la previa de los '70, eso sí, antes de que apareciera, en 1969, el Diario Mendoza de la familia Montes, de San Juan, comprado luego por los Greco, de San Martín, intervenido por la dictadura y finalmente cerrado durante el menemismo. Pero eso es otra historia para otro momento.
Este espacio es para el Cacho, que llegó a aquel diario como jefe de la sección Fútbol. Allí comenzó a mostrar su impronta y formó un equipo con algunos que ya conocía, como Juan José Martínez, Carlos Perlino, Carlos Polimeni (periodista y columnista de medios nacionales), Andrés Gabrielli y con muchos jóvenes que intentaban ser periodistas. Algunos nombres: Lucio Ortiz (actual presidente del Círculo de Periodistas Deportivos), Rául Pedone (hoy director del Diario Los Andes), Sergio Dimaría (Canal 7), el profesor Luis Gregorio, Dabiel Bibiloni y quien firma esta nota, entre otros.
Casi al mismo tiempo se embarcaba en un proyecto radial con un emprendimiento que se llamó Producciones Cuatro, porque eran 4 socios. Uno de ellos fue Santos Humberto Giunta, dueño de una voz que fue señera en la publicidad mendocina.
A falta de escuela o de facultad de periodismo, estaba el Cacho
No había escuela de periodismo deportivo, tampoco facultades de comunicación luego de que la dictadura cerrara la única que existía. Entonces el Cacho fue la escuela de periodismo y la facultad de comunicación juntas. Ese rol de educador lo prolongó luego en el Diario UNO, en Radio Nihuil, en Canal 7 y en Canal 9. En esos medios también formó periodistas y equipos de profesionales que luego se ganaron su lugar y muchos de ellos conservan como Daniel Fiochetta, Ángel Diego Acosta, Orlando Abraham Esteban Dapás y más acá en el tiempo con Sergio Robles, Rodrigo Ríos, Matías Pascualetti...
Imposible dejar de mencionar las duplas que hicieron historia en las transmisiones de fútbol, que terminaban con los comentarios de Cortez, que hinchas, jugadores y técnicos se prendían a escuchar porque sabían que se trataba de una opinión seria, calificada e incorruptible. Relatores como Jorge Germán Ruiz, Alberto Cortez Bruna, Daniel Alberto Azcona y César Robles acompañaron al Cacho (Jorge Barbieri fue otro), además de la incomparable labor en la central informativa del Gordo Alfredo Márquez. Seguramente hay muchos nombres que se escapan en este resumen y que podremos sumar más adelante, disculpas mediante.
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No todo fue periodismo deportivo
Ya se ha dicho en infinidad de notas que lo recordaron estos días pero bien vale repetirlo. No todo fue periodismo deportivo. Su nivel cultural le permitió comentar y ser crítico de cine o de música (sobre todo de jazz), o de temas internacionales. Fue, por si le faltaba poco, un experto en geografía e historia para describir ciudades y países de todo el mundo como si los hubiera conocido. No le faltó capacidad para participar de los sketchs de humor en Nihul, personificando a un comisario o a Terminator, como bien lo recordó en estos días el periodista, músico y escritor Fernando Montaña, otro discípulo del Cacho.
Las enseñanzas del Cacho
El título de esta nota hace referencia a las enseñanzas que dejó el Cacho Cortez. Son muchas, claro, pero bien pueden resumirse en tres conceptos clave que tanta vigencia tienen ahora como hace 40 años: el periohinchismo, el yoísmo y el chequeo de datos
El periohinchismo
Los periodistas hinchas abundan. Abundaban antes y abundan ahora. ¿Cuál es el problema?. Que pierden credibilidad. Eso es lo que enseñó el Cacho. Consciente de que todos tenemos un club de preferencia, que probablemente nos quite el sueño o nos haga perder la objetividad, el maestro exigía que cuando se hacía una crítica o elogio a un fallo arbitral, a un jugador o a un equipo, o a un director técnico, se expongan fundamentos. Más claro imposible.
Esa enseñanza lleva ineludiblemente a tener una mirada crítica, distinta a la del fanático que no acepta penales que son penales o ven penales que no son penales. "Si tenés fundamentos para sostener lo que escribís o decís, no hay problemas", decía Cacho. Y agregaba: "Si no tenés esos argumentos, no sos creíble".
El yoísmo
"El protagonista nunca es el periodista. El periodista transmite, cuenta, analiza. Pero no protagoniza". Palabras más, palabras menos, es lo que decía el Cacho. Por eso no le gustaba que se escribiera en primera persona, salvo que fuera muy necesario o se tratara de una opinión puntual. "A la gente no le importa lo que piensa el periodista, le importa que le cuenten la verdad".
Pasaba (pasa) mucho en las notas necrológicas. Había (hay) un afán del comunicador por mostrar sus vivencias y/o sus fotos con alguna personalidad que falleció. De ese modo pasa a ser más importante el periodista que el verdadero protagonista. En estos tiempos están las redes sociales para reflejar las cuestiones personales. Pero no deben hacer lo mismo -no deberían- los medios de comunicación. "Al público no le importa si yo me siento mal porque murió tal persona o si yo me saqué una foto. Le importa que le contemos quién es y qué hacía esa personalidad que murió". Otra definición ética del Cacho.
El chequeo de datos
Basta un ejemplo para explicar este concepto.
Un día de los años '80 llegó a la redacción del Diario Mendoza uno de los periodistas que había ido a cubrir un partido y contó: "Che, Gutiérrez perdió por goleada porque los pibes que jugaron hoy habían jugado ayer en la quinta y en la sexta. Es para matarlos a los dirigentes".
El jefe (Cortez, claro), le preguntó: "¿Quién te le dijo"?. La repuesta fue: "Un dirigente que estaba ahí". Retrucó el Cacho: "¿Tenés el nombre?". Ante la contestación negativa le dijo al periodista que ya estaba embalado escribiendo: "No, si no tenés datos precisos, no podés afirmarlo".
Al día siguiente el cronista en cuestión fue a la Liga Mendocina de Fútbol y allí se anotició de la falsedad de lo que le dijeron porque ese fin de semana no habían jugado ni la quinta ni la sexta. O sea: contrariamente a lo que él creía, los que actuaron en la primera de Gutiérrez no habían jugado también el sábado. Publicar lo que él pretendía hubiese sido una metida pata muy grande. El Cacho lo salvó con un simple "chequeá los datos". Eran tiempos -vale repetirlo- sin escuelas ni facultades de periodismo. En cambio, estaba el maestro.
El maestro
Hugo Cacho Cortez dijo alguna vez que era admirador de Dante Panzeri, uno de los periodistas deportivos más comprometidos de la historia argentina, ejemplo de honestidad y ética. Bueno, esa admiración hacia Panzeri no fue una mera declamación, sino que el Cacho la reflejó en cada uno de los actos de su vida, como bien lo expresó su amigo Roberto Motuca en unas palabras de despedida.
Que las enseñanzas que dejó el Cacho Cortez se sostengan y trasciendan es el desafío de quienes tuvieron la fortuna de tenerlo como maestro.
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