Hace 35 años, en la década de 1980, científicos de Estados Unidos buscaban resolver dos problemas al mismo tiempo. Por un lado, la escasez de hábitats en el océano y, por otro, la creciente acumulación de desechos provenientes de centrales eléctricas.
Aunque ambos problemas parecían no tener relación, pero los investigadores encontraron una solución en común. Así nació el experimento ambiental en medio del mar llamado The Coal-Waste Artificial Reef Program (C-WARP).
¿Cómo eran los ladrillos que lazaron al océano?
Lo primero que hicieron los científicos de la Universidad de Stony Brook, en Nueva York, fue reunir cenizas volantes y lodos de depuración de centrales eléctricas. Las cenizas volantes son un polvo fino capturado de los gases de escape que se generan al quemar carbón o biomasa en centrales eléctricas. Los lodos de depuración, en cambio, son residuos semisólidos procedentes de plantas de tratamiento de agua. Luego mezclaron estos desechos con cal y aditivos químicos especiales.
La mezcla húmeda fue compactada en máquinas bloqueras comerciales, lo que permitió fabricar unas 500 toneladas de bloques similares a los ladrillos de construcción, que posteriormente fueron arrojados al océano.Los bloques eran sólidos, de forma rectangular y medían 20 × 20 × 40 centímetros. En total, fabricaron y lanzaron al mar 15.000 bloques individuales para formar la estructura del arrecife artificial. Con el paso del tiempo, los bloques no se desintegraron ni se rompieron por el movimiento de las olas, por lo que no hubo filtraciones de metales peligrosos al ambiente.
El éxito ecológico de este método y el por qué no se puede replicar
En apenas tres o cuatro semanas, los bloques bajo el océano quedaron completamente cubiertos por organismos incrustantes como algas, anémonas de mar, gusanos tubícolas y moluscos. Estos organismos sirvieron de alimento para otras especies, lo que atrajo rápidamente a grandes poblaciones de peces, como el black sea bass, y langostas, que adoptaron el arrecife como su hogar.
Décadas después de su instalación en el mar, los bloques continúan firmes en el fondo del océano Atlántico. La reacción con el agua de mar ocurrió tal como habían previsto los científicos: el calcio y los carbonatos marinos sellaron los bloques, aumentando aún más su estabilidad.
Aunque el experimento de Stony Brook demostró ser seguro, ecológicamente exitoso e incluso una alternativa con potencial para enfrentar algunos desafíos relacionados con el cambio climático, nunca se convirtió en el estándar mundial. Las estrictas regulaciones ambientales que se implementaron posteriormente sobre el manejo de las cenizas de carbón, sumadas al elevado costo de transportar y procesar industrialmente estos bloques, frenaron su adopción masiva en Estados Unidos.
En pocas palabras
- Arrecife artificial: Científicos lanzaron 15.000 bloques con desechos al océano para crear hábitats.
- Éxito ecológico: Los bloques se cubrieron de organismos y atrajeron vida marina, creando un hogar estable.
- Limitaciones: Regulaciones ambientales y altos costos impidieron replicar el método a gran escala.





