Es difícil ver los excrementos de los animales como otra cosa que no sea contaminación. Sin embargo, la ciencia le ha dado otros valores, como por ejemplo ser abono en la jardinería. Y ahora, también lo relacionó con importantes cambios atmosféricos que influyen en las lluvias.
En la vasta y gélida extensión de la Antártida, un fenómeno sorprendente conecta la actividad biológica de ciertos animales con los patrones climáticos que, de manera indirecta, podrían influir en las lluvias de Argentina.
Un nuevo estudio ha revelado que el excremento de una especie que habita en este continente helado libera compuestos químicos que alteran la atmósfera, promoviendo la formación de nubes. Este proceso, que a primera vista parece improbable, tiene implicaciones que trascienden las fronteras antárticas y podrían estar vinculadas a los sistemas meteorológicos que afectan a Sudamérica.
El excremento animal que influyen en el cielo
La respuesta está en los pingüinos que en la Antártida alcanzan los 60.000 individuos. Estas aves, conocidas por su característica marcha y su vida en colonias densas, producen grandes cantidades de guano, un excremento rico en amoníaco.
El amoníaco liberado por el guano de los pingüinos actúa como un precursor de aerosoles atmosféricos que sirven como núcleos de condensación de nubes. Los investigadores observaron que en días con vientos provenientes de las colonias, el número y tamaño de estas partículas aumentaban significativamente, alcanzando el umbral necesario para condensar vapor de agua y formar nubes.
Las nubes resultantes del excremento de estos animales, más brillantes y persistentes, tienen un impacto en el balance energético de la atmósfera, ya que reflejan más luz solar y pueden modificar los patrones climáticos locales. En el contexto de la Antártida, estas nubes contribuyen a la dinámica atmosférica que, a través de sistemas de circulación a gran escala, puede influir en regiones distantes como Argentina.






