Aniversario

La Olivetti, los 20 años que pasamos de largo, el Ovación imbatible y el desafío renovado

Cuando nació Diario UNO estábamos obsesionados con tener una máquina de escribir. Pronto nos dimos cuenta que no era necesaria. Fue el primer aprendizaje

Pasaron 30 años. Nos hicimos amigos. Formamos una gran familia. Nos divertimos. Tuvimos alegrías y tristezas. Y aquí estamos: festejando la tercera década de vida del Diario UNO, nuestro diario. Porque así lo sentimos, nuestro. Por más que hay un dueño real, que conocemos y respetamos como tal, nada nos impide tener ese sentido de pertenencia que se obtiene y se sostiene con el afecto, pero sobre todo con la mística.

En tantos años las vivencias, los recuerdos, las anécdotas, los buenos momentos, las pérdidas, las discusiones -incluida alguna que otra "mala palabra"- se acumulan. Se acumulan tanto como el cariño –por qué no el amor- cimentado en que crecimos, aprendimos y nos proyectamos a la par del diario.

Nos costó comprender –hace 30 años- que ya no hacía falta la máquina de escribir. Preocupados, le habíamos planteado a los ingenieros del equipo técnico –Marcoccia y Mangione- que sin la Olivetti no íbamos a poder hacer los títulos de las notas, no había forma.

Los muchachos nos miraban azorados, no entendían qué queríamos decirles. No era difícil de explicar. Con su sapiencia y su paciencia, el Cacho Cortez, jefe de Deportes, les indicaba que para titular, era necesaria una línea de puntos que indicara la extensión de ese título. O sea: no nos podíamos pasar de esa cantidad de puntitos. O sea: ………………………………………………………………………………………………… y de allí no te pasás.

Pronto entendimos que estábamos pifiados: era más fácil medir la extensión en la computadora que en la máquina de escribir. Más aún: en la compu los espacios o los caracteres se cuentan solos. Y por si fuera poco la tipografía podía comprimirse para que ocupara menos lugar.

Con lógica razón los ingenieros no nos dieron el gusto de proveernos una Olivetti. O aprenden o aprenden. Y aprendimos. Eran casi los primeros desafíos de la tecnología, desafíos que hoy se multiplican y son tan enriquecedores.

Que no íbamos a durar 2 años, que a ver si llegábamos a 20… y vamos por 30

Cuando el UNO salió a la calle lo hizo con mucha fuerza y mucha presencia a pesar de que un grupo de canillitas se negaban a venderlo y/o repartirlo. Pero lo cierto es que el diario se metió en la agenda mendocina (“¡Ey, córrase un poquito, hay un diario nuevo en la ciudad”, decía un pegadizo jingle publicitario) y a otros actores del mercado no les cayó muy bien.

Cierto ejecutivo de una empresa importante vaticinó que no duraríamos más de dos años. Ese mismo hombre de negocios –que curiosamente después fue parte también del UNO- cuando advirtió que los dos años habían pasado, intentó calmar a los nerviosos advirtiendo que para tomarnos en serio teníamos que llegar por lo menos a los 20 años de vida, dato que se relaciona con que el último competidor que tuvo el diario Los Andes, había sido el Mendoza que duró precisamente 20 años: de 1969 a 1989.

No vale la pena nombrar al protagonista de estos pronósticos fallidos. Para qué hurgar. Sí, en cambio hay que subrayar que pasamos los dos años, superamos los 20, llegamos a los 30, en 2033 estaremos en los 40. Y así…

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Manso equipo. En la sede inicial del diario, los que trabajábamos en deportes, en el

Manso equipo. En la sede inicial del diario, los que trabajábamos en deportes, en el "famoso" Ovación. Por entonces el director era Jaime Correas.

Ni con el Olé

En los primeros años del Diario UNO hubo dos secciones que muchas veces fueron el fuerte del matutino: policiales, con el sello de la inolvidable Catherina Gibilaro, y deportes.

Las páginas de deportes, que eran las últimas del cuerpo central, en poco tiempo dieron paso a un suplemento diario. ¡Sí, un suplemento diario!. El primero del interior del país. Los lunes llegó a tener 40 páginas.

Estar presente en cada escenario deportivo fue una clave. La Liga Mendocina de Fútbol tenía Primera A, Primera B y Primera C y en todas las canchas había un periodista nuestro. Lo mismo ocurría con cada noche de básquetbol local.

Se conformó un plantel numeroso y, hay que reconocerlo, eso tuvo sus riesgos.

No todos estaban lo suficientemente capacitados. Pero lo cierto es que se marcó presencia. También es verdad que tanta cobertura dejó un sinfín de anécdotas con las que se podría escribir un libro, como la del periodista que en un partido, en lugar de notar los nombres en un cuaderno, una carpeta, una libreta o a aunque más no sea una hoja leyó las formaciones de los equipos a su grabador… que no tenía pilas. O la del que fue a un torneo de hipismo y creyó que todos los competidores ganaron porque a sus caballos les ponían una cucarda. O la de un muchacho que insistió tanto y tanto por trabajar que cuando le dimos un carnet de libre acceso para que fuera a un partido, fue al partido, pero no volvió nunca más. Entre paréntesis: volvimos a saber de este sujeto hace unos años, involucrado en un oscuro caso policial que hoy lo tiene preso.

Anecdotario al margen, volvemos al deportivo del UNO: el suplemento Ovación.

Sin ser agrandados, ni con el ánimo de presumir, debemos decir que Ovación ganó prestigio entre los mendocinos. Mucho tuvo que ver también el acompañamiento del diario a las primeras copas de verano, sobre todo a la de 1994, con la participación de los grandes del país, abandonando la clásica sede de Mar del Plata.

El tema es que la competencia se preocupó. Entonces, Los Andes le inyectó a su diario de los lunes, lo que se denomina en el mundo de los medios, un anabólico: el diario deportivo Olé. El que compraba el diario centenario el lunes, recibía de regalo el Olé.

Y, dicho con todo respeto al matutino más antiguo de la provincia, resistimos. Los números de los lunes nos favorecían. Es un galón que nos colgamos.

Otro aspecto clave fueron los Premios UNO a la Excelencia Deportiva. Instaurados en 2001 por el Pachy Romeo cumplieron un rol importante sobre todo en tiempos en que el Círculo de Periodistas Deportivos de Mendoza estaba inactivo y no se hacía la clásica entrega de los Huarpe y la Cruz al Mérito que hoy, con gran esfuerzo, han revivido de la mano de un amigo de la casa y de la familia, el Lucio Ortiz. Parecido fue lo sucedido con los premios Escenario, dedicados a la actividad cultural y artística de la provincia.

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2018. El día que despedimos a la edición impresa tuvimos algo de nostalgia, claro. Pero con alegría le dimos la bienvenida al nuevo desafío: el diario digital.

2018. El día que despedimos a la edición impresa tuvimos algo de nostalgia, claro. Pero con alegría le dimos la bienvenida al nuevo desafío: el diario digital.

La tecnología ya está aquí: bienvenida sea

Cuando en 2018 la empresa decidió volcar todo su esfuerzo, energía (y talento, le agrego yo) a la edición online, los que trabajábamos en el diario impreso, nos alarmamos. ¿What? Esto no es para nosotros, pensamos.

Estábamos convencidos de que no nos adaptaríamos.

Pues nos adaptamos. Los compañeros y compañeras que ya estaban en la edición digital nos dieron una mano grande y en poco tiempo los descreídos, los pesimistas, los amargados empezamos a aprender otra vez. Y recuperamos la sonrisa que se nos había desdibujado por unos días.

Nos capacitaron y nos capacitan todo el tiempo, aprendimos nuevas herramientas y seguimos aprendiendo más herramientas, nos hicimos amigos de las aplicaciones y de los programas que cambian no todos los días, pero sí con mucha periodicidad.

El diario online nos desafía día a día y eso nos gusta.

El periodismo no ha cambiado. Se han modificado las formas. Y, claramente, lo que no ha variado es la mística y el sentido de pertenencia de los que hacemos el UNO. La mística que nació hace 30 años, que se transmitió a los que se fueron sumando, que nos marcaron los que ya no están (porque partieron físicamente o porque con justas razones -no necesariamente económicas- buscaron nuevos o mejores horizontes…).

Esa mística lleva 30 años. Feliz cumple Diario UNO, nuestro diario.

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