La NASA utilizó recientemente el telescopio James Webb para estudiar el asteroide 2024 YR4, apodado "destruye ciudades" por su potencial devastador. Esta roca espacial de aproximadamente 60 metros de diámetro —equivalente a un edificio de 20 pisos— realizará un acercamiento extremadamente cercano a nuestro planeta dentro de siete años, generando preocupación entre la comunidad científica internacional.
Durante febrero, un equipo internacional de astrónomos recibió tiempo de emergencia con el telescopio para analizar este objeto potencialmente peligroso. Las observaciones confirmaron que el asteroide es ligeramente más grande y rocoso de lo que sugerían estudios previos realizados con telescopios terrestres.
El peligro real: ¿Tierra o Luna?
Los datos recopilados por el telescopio James Webb confirmaron lo que la NASA ya sabía: el asteroide 2024 YR4 no representa una amenaza para la Tierra en 2032. Las probabilidades de impacto contra nuestro planeta se redujeron de un alarmante 3,1% inicial a un tranquilizador 0%.
"Mientras que un impacto en la Tierra por 2024 YR4 el 22 de diciembre de 2032 ha sido descartado, continúa existiendo una probabilidad no nula de que impacte la Luna en esa fecha", escribieron los investigadores en su informe preliminar. Este documento, aún sin revisión por pares, revela que todavía existe aproximadamente un 2% de posibilidades de que el asteroide colisione con nuestro satélite natural.
Andrew Rivkin, astrónomo de la Universidad Johns Hopkins y coautor del informe, confirmó esta posibilidad a medios especializados. Los científicos programaron una segunda ronda de observaciones para mayo de 2025, antes de que el asteroide desaparezca en el sistema solar exterior durante los próximos años.
La astronomía moderna encontró este objeto por primera vez en diciembre de 2024. Las estimaciones iniciales con telescopios terrestres indicaban que tenía aproximadamente 55 metros de ancho, similar a la altura de la Torre Inclinada de Pisa. Su trayectoria orbital cruza frecuentemente la ruta de la Tierra alrededor del sol, lo que hacía posible una colisión directa.
Una oportunidad única para la NASA
Aunque parezca alarmante, un impacto lunar no representaría una catástrofe. La Luna soporta miles de pequeños impactos de meteoritos cada año y tiene cicatrices de cráteres que demuestran que ha sobrevivido a colisiones mucho mayores. Sin embargo, ver un asteroide conocido, con tamaño y trayectoria definidos, abrir un nuevo cráter en tiempo real sería una oportunidad científica inédita.
Alan Fitzsimmons, profesor de física y matemáticas en la Universidad Queen's de Belfast, quien no participó en las observaciones del telescopio James Webb, expresó su entusiasmo: "Tenemos los dedos cruzados esperando un impacto lunar. No tendría efecto en la Tierra, pero nos permitiría estudiar la formación de un cráter lunar por un asteroide conocido por primera vez".
Las observaciones del telescopio James Webb resultaron cruciales gracias a sus sensores infrarrojos, que detectan directamente el calor emitido por el asteroide y proporcionan información sobre su tamaño y composición. Los telescopios terrestres que observan luz visible solo pueden ver la luz solar reflejada en la superficie del asteroide, dejando grandes interrogantes sobre su verdadera naturaleza.
La Agencia Espacial Europea (ESA) destinó varias horas del tiempo discrecional de emergencia del telescopio para estudiar el tamaño y la trayectoria de esta roca potencialmente peligrosa. "En general, cuanto más brillante es el asteroide, más grande es, pero esta relación depende en gran medida de cuán reflectiva sea su superficie", explicaron funcionarios de la ESA.






