En el Día del Trabajador, que se celebra este jueves 1 de mayo, pocas historias reflejan con tanta claridad el poder de la vocación como la de Patricio Gherlone, un joven de 27 años que encontró su lugar en el mundo entre la nieve, los pinos y las pendientes de los Andes. Desde los tres años practica esquí y hoy, más de dos décadas después, puede decir con orgullo que su oficina está en la montaña, donde pasa más de 200 días al año.
La montaña es su oficina: la historia del joven que trabaja esquiando más de 200 días al año
A los tres años ya deslizaba sobre la nieve. Hoy, Patricio Gherlone es instructor, entrenador alpino, juez de freeride y freestyle
"Mi primer recuerdo con la nieve es con mis viejos llevándome al cerro. Tenía tres años. Fue un juego, una aventura", cuenta Patricio desde Mendoza, donde actualmente vive, aunque su raíz más profunda sigue estando en San Martín de los Andes, la ciudad que lo formó.
"Al toque ya estaba yendo al club en vacaciones y fines de semana. Aunque lloviera, aunque dijeran que no valía la pena subir, yo discutía con mi mamá porque no podía faltar. Sentía que le fallaba al grupo si no iba. Así de fuerte era ese lazo", evoca.
"Pronto descubrí que mi camino estaba en enseñar"
Patricio se formó en el Club Lacar y a los 15 años ya competía en disciplinas técnicas como Slalom y Slalom Gigante. Pero pronto descubrió que su camino estaba del otro lado del esquí: enseñando.
"Ser instructor llegó por necesidad", recuerda. "A los 16 se volvió difícil costear seguir en el club, y la única forma de estar en la montaña era trabajando. Al principio fue por eso: para tener el pase. Pero después entendí que lo disfrutaba. Que quería transmitir todo lo que me habían enseñado a mí", rememora.
Desde entonces, su crecimiento fue constante. Dio clases a chicos del pueblo, fue entrenador del equipo que rompió una racha de 25 años sin títulos en el Campeonato Patagónico, y descubrió también el universo del freeski. Allí, encontró una visión integral del esquí: técnica en pista, creatividad en el parque, y la conexión profunda con el entorno en la nieve polvo.
"Para mí, el buen esquiador es el que esquía todo tipo de nieve, y lo hace con seguridad y estilo", afirma. Esa versatilidad lo llevó a cumplir otro sueño: trabajar en Estados Unidos, donde hizo siete temporadas, incluyendo una inolvidable experiencia en Aspen, epicentro del esquí mundial.
"Fui a ver los X Games y de tanta emoción me desmayé"
"En mi primera temporada allá, fui a ver los X Games. Verlos en vivo fue tan emocionante que me desmayé mirando el Big Air. Literal. Y dos años después, estaba trabajando ahí", señala.
Hoy, Patricio cursa el Nivel 4 de AADIDESS (la certificación más alta para instructores en Argentina), participa como juez en competencias de freeride y freestyle, y sigue entrenando y enseñando con una entrega que inspira.
"Lo que más me importa es transmitir respeto: por el grupo, por quienes trabajan en la montaña, y por la montaña misma", reflexiona.
En 2024 se animó a competir en el circuito sudamericano de freeride y consiguió podios. Pero más allá de los resultados, destaca el crecimiento personal: "Empujás tus propios límites todo el tiempo, y aprendés de atletas con muchísimo nivel. Lo mejor es el compañerismo: eso te da confianza".
Como juez, su enfoque es tan técnico como humano. "Lo primero que miro es la seguridad. Después evalúo línea, fluidez, estilo. Pero sobre todo, trato de ponerme en el lugar del rider: entender lo que vive ahí arriba, y dar devoluciones que le sirvan", advierte.
La montaña lo volvió calmo, tranquilo y con el poder de adaptarse
Su vínculo con la montaña también moldeó su forma de estar en el mundo. "Me volvió más tranquilo. Aprendí a adaptarme, a vivir con calma. En la montaña te das cuenta de que muy pocos problemas son realmente urgentes", asegura.
“Mi mayor deseo es no perder nunca la pasión. Seguir disfrutando, seguir enseñando, seguir aportando a que más chicos y chicas se acerquen al deporte con respeto, con conciencia y con amor por la montaña”, dice Patricio.
Y así lo vive. Cada vez que se calza los esquíes, lo siente como la primera vez. Como cuando tenía tres años. Como cuando esquiar era solo un juego. "Hoy, cuando estoy en la montaña, me siento profundamente afortunado. Es como estar en Disney para mí: naturaleza, amigos, desconexión total. La magia del esquí es que te obliga a estar presente. Por eso, cada vez que estoy ahí, sé que estoy exactamente donde quiero estar".









