La madrugada del lunes alteró la vida de Rosalía Leguizamón, una mujer de 84 años del barrio Santa Lucía Sur, de Catamarca. José Andrés Castro, un individuo de 69 años, pateó la puerta de su vivienda. Cuando la víctima salió a revisar, el agresor le arrojó gasoil para luego prenderle fuego. Actualmente, la Justicia investiga el caso por tentativa de homicidio.
"La Justicia es una porquería": tiene 84 años, su vecino la acosaba y le prendió fuego
Una anciana sufrió graves quemaduras tras un ataque vecinal. Su familia exige que la Justicia actúe para evitar una tragedia irreversible

Rosalía había intentado terminar con el acoso por vía legal, pero no funcionó.
Soportando el dolor, la víctima corrió hacia un grifo del patio para apagar las llamas, según le contó al diario catamarqueño El Ancasti. “Nunca pensé que pudiera venir con una botella con líquido. Sentí que se quemaba mi saco de lana, la ropa, la polera, el buzo, el pantalón", relató la mujer. Hoy recibe asistencia médica domiciliaria, aunque continúa aterrada por la cercanía del atacante.
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La inoperancia de la Justicia
Roxana, hija de Rosalía, expresó indignación tras la decisión oficial de otorgar prisión domiciliaria al acusado. “La Justicia que tenemos en Catamarca lamentablemente es una porquería, porque el agresor está en su casa, cómodo, a la par de la casa de mi mamá, que es la víctima", reclamó.
El agresor suma denuncias previas por altercados violentos. Según testigos, padece problemas de alcoholismo crónicos. “Inclusive atacó a una vecina a machetazos. Le hicieron una denuncia en su contra, pero nunca pasó nada", aseguró Roxana. Días antes del episodio principal, el mismo individuo inició un incendio intencional en una ventana de Rosalía.
Terror
Los momentos anteriores al ataque resultaron desesperantes. La víctima llamó a la policía por los disturbios que generaba el hombre frente a su hogar. Los agentes solicitaron una ambulancia para atender una lesión del sujeto, luego se retiraron. “Me amenazaba de muerte, me pedía que saliera al patio. Yo estaba con mi nietito", recordó Rosalía.
La pasividad oficial genera frustración en el entorno familiar. La anciana intentó radicar una denuncia formal previamente, pero los encargados rechazaron el trámite esgrimiendo razones burocráticas. "Me tuvieron toda la tarde para hacer la denuncia, para que al final ese hombre quede libre", concluyó la víctima, quien anhela construir un muro divisorio para no verlo más.