Rodeada de hielo y moldeada por la fuerza de un cráter activo, concentra historias de exploración, ciencia y tensiones silenciosas. Sin embargo, ningún país puede poseer esta isla, te contamos de que se trata.
La isla que Argentina, España y Reino Unido reclaman pero que ninguno puede gobernar ni poseer
En medio del archipiélago de las Shetland del Sur, se encuentra Isla Decepción, un territorio tan fascinante como inquietante de la Antartida. Una isla volcánica activa que guarda en su interior una historia de fuego, ciencia y supervivencia humana. A simple vista, su forma circular ya revela su origen.
La isla es, en realidad, la cima de un volcán parcialmente colapsado, cuya caldera fue inundada por el mar tras una serie de erupciones hace miles de años. Este proceso dio lugar a una bahía interior conocida como Puerto Foster, uno de los pocos puertos naturales en la Antártida donde los barcos pueden ingresar atravesando una estrecha abertura llamada Neptune’s Bellows. Es un acceso tan angosto como impresionante, rodeado de acantilados oscuros y actividad geotérmica.
Los naciones que reclaman esta isla
La historia humana en Isla Decepción también es intensa. A comienzos del siglo XX, fue un importante centro de la industria ballenera. Empresas noruegas establecieron estaciones en la costa, aprovechando la protección natural de la bahía. Más tarde, durante la Segunda Guerra Mundial, el Reino Unido instaló allí una base militar como parte de la Operación Tabarín, consolidando su presencia en la región.
Entre 1967 y 1970, una serie de erupciones volcánicas obligaron a evacuar bases científicas de distintos países, incluyendo instalaciones de Argentina, Chile y el Reino Unido. Desde entonces, Isla Decepción es considerada uno de los volcanes más activos de la Antártida, y su monitoreo es constante.
En la actualidad existen en la isla dos bases temporales, la base Argentina Decepción (desde 1948) y la base Española Gabriel de Castilla (desde 1989) que operan durante el periodo estival, donde se realizan diversas actividades de investigación, principalmente relacionadas a la actividad volcánica. A su vez, es uno de los destinos turísticos más importantes de la Antártida, con más 15.000 visitantes al año.
Hoy, lejos de ser abandonada, la isla sigue siendo un punto clave para la investigación científica. Nadie puede poseerla porque el Tratado Antártico dejó en pausa las ambiciones de soberanía en el continente blanco.






