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La isla sin habitantes que Estados Unidos administra y que un país de América Latina reclama: fue estratégica por el guano

Esta isla tiene una historia fascinante, pese a que no es habitable ha sido tema de disputa por doscientos años entre Estados Unidos y un país de América Latina

A solo 60 kilómetros de Haití existe una pequeña isla deshabitada que, pese a su tamaño reducido, ha sido motivo de disputas territoriales durante más de dos siglos. Se trata de la isla Navassa, un islote de apenas cinco kilómetros cuadrados en América Latina cuya historia combina intereses estratégicos, recursos naturales y reclamos de soberanía.

A primera vista, la isla Navassa parece un territorio insignificante. No tiene habitantes permanentes, carece de infraestructura moderna y tampoco dispone de fuentes de agua dulce. Sin embargo, su ubicación en el corazón del Caribe y su singular historia la han convertido en uno de los territorios más peculiares de la región.

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La isla sin habitantes que Estados Unidos administra y que un país de América Latina reclama: fue estratégica por el guano

Los ecosistemas de la isla han permanecido prácticamente intactos durante décadas. Gracias a su aislamiento, Navassa alberga importantes colonias de aves marinas, iguanas, cactus y otras especies adaptadas a las condiciones extremas del lugar. Esta conservación natural la ha convertido en uno de los espacios donde mejor se ha preservado parte de la biodiversidad caribeña.

La disputa sobre su soberanía se remonta al siglo XIX. Actualmente, Estados Unidos considera a Navassa un territorio no incorporado y la administra a través del Servicio de Pesca y Vida Silvestre. Sin embargo, Haití sostiene que la isla forma parte de su territorio desde antes de su independencia y mantiene oficialmente ese reclamo desde 1801. De hecho, la reivindicación aparece reflejada en la Constitución haitiana.

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¿Por qué está bajo el poder de Estados Unidos?

Aunque hoy la isla tiene un importante valor ambiental, las razones que despertaron el interés estadounidense fueron muy distintas. En 1857, Estados Unidos reclamó la posesión de Navassa debido a sus abundantes depósitos de guano, un fertilizante natural altamente cotizado en la agricultura del siglo XIX. Apenas unos años después, en 1865, ya funcionaba una explotación minera dedicada a extraer este recurso.

Durante décadas, una compañía estadounidense operó en la isla. Se construyeron campamentos para los trabajadores e incluso una pequeña vía férrea destinada al transporte del guano. La mayoría de los obreros eran afroamericanos contratados bajo condiciones extremadamente duras. Trabajaban expuestos al intenso calor del Caribe, en un territorio sin agua potable y con escasos recursos para la supervivencia cotidiana.

Haití protestó desde el principio, argumentando que Navassa formaba parte de su territorio desde su independencia en 1804. Sin embargo, sus reclamos fueron ignorados y la explotación continuó hasta el abandono definitivo de la mina en 1901.

Hoy, la isla permanece deshabitada y sin medios regulares de transporte. Su acceso sigue siendo complicado debido a los arrecifes, los acantilados y las difíciles condiciones de desembarco. Por esta razón, cualquier visitante necesita autorización especial del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos para ingresar a sus aguas territoriales o poner pie en tierra.