En plena calle

La historia de vida de madre e hija unidas por el amor, la resiliencia y la producción de artesanías

Rosario enfrenta problemas de salud y un diagnóstico poco común. Comenzó una carrera terciaria y su mamá la espera cada día tejiendo para vender

Cada tarde, Mirta Villegas y su hija Rosario salen de su casa en Las Heras rumbo al Instituto Tomás Godoy Cruz, en Ciudad. No vuelven hasta la medianoche. Rosario tiene clases hasta las 22. Mientras ella estudia, su mamá espera, sentada en el hall, tejiendo alfombras, cosiendo bolsitos y fundas para el mate. “Los celadores me dejan quedarme adentro por el frío”, cuenta Mirta, que es madre soltera y tiene problemas de audición: “Mientras pueda, voy a estar al pie de mi hija”, dice. Una verdadera historia de amor.

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Mirta acompaña a su hija al Instituto Tomás Godoy Cruz, donde estudia una carrera terciaria, y mientras teje artesanías para vender.

Mirta acompaña a su hija al Instituto Tomás Godoy Cruz, donde estudia una carrera terciaria, y mientras teje artesanías para vender.

Rosario tiene 18 años y desde que nació enfrenta una compleja condición de salud. Fue diagnosticada con displasia cleidocraneal, una enfermedad esquelética que afecta el desarrollo de huesos y dientes. “Nació tres semanas antes, con presión alta. Pasó directo a neonatología por dos semanas. Su cabecita no tenía el parietal, era como una gelatina. Me decían que tuviera muchísimo cuidado. Fue terrorífico estar sola en la sala de espera, entrar cada dos horas para amamantarla y después volver a casa de mi hermana, que vivía a ocho cuadras de la clínica”, recuerda Mirta.

Rosario y su mamá Mirta, que la acompaña al instituto y allí se queda esperando.jpg
Rosario y su mamá Mirta, protagonistas de una historia de amor incondicional. Una estudia, la otra la espera mientras teje afuera.

Rosario y su mamá Mirta, protagonistas de una historia de amor incondicional. Una estudia, la otra la espera mientras teje afuera.

Con los años, se sumaron otros diagnósticos: escoliosis congénita, osteoporosis, y una fragilidad ósea que hace que Rosario no pueda caminar demasiado por miedo a fracturas. Aún así, decidió empezar este año la tecnicatura en Producción Artística y Artesanal en el Tomás Godoy Cruz. Lo logró tras terminar la secundaria con clases domiciliarias, gracias a cuatro profesores enviados por el gobierno.

"No tiene transporte, no puede manejarse sola y yo la acompaño"

Pero llegar al instituto no es fácil. “Este año ya no tiene transporte especial. Siempre lo tuvo por la mutual, pero ahora no lo cubren porque es mayor de edad. Y ella no sabe manejarse sola en micro”, explica su mamá.

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Rosario y Mirta. Viven en Las Heras y ambas van todos los días al centro. La hija estudia, la madre espera.

Rosario y Mirta. Viven en Las Heras y ambas van todos los días al centro. La hija estudia, la madre espera.

Rosario encontró en el instituto un grupo de estudio hermoso, donde se siente cómoda e integrada. “No sufre discriminación como en otras escuelas. Hubo mucho maltrato antes. Esta etapa es más difícil, pero ella quiere estudiar. No quiere perder el año”, cuenta Mirta, orgullosa.

Mirta Villegas confecciona alfombras, posapavas y bolsitos para vender.jpg
Mirta confecciona alfombras, bolsitos materos, posapavas y otras manualidades para vender.

Mirta confecciona alfombras, bolsitos materos, posapavas y otras manualidades para vender.

Mientras Rosario cursa, Mirta aprovecha esas horas para trabajar. Lleva sus retazos de tela, hilos y agujas, y en el hall arma alfombras recicladas, bolsitos, posapavas. Sueña con poder vender en ferias o plazas. “Estoy fabricando en casa y también ahí, con el apoyo de los celadores que me permiten estar. No puedo irme y volver porque no me alcanza. La noche está muy peligrosa”, dice, y cuenta que usa un viejo audífono de su madre.

"No pudo ir al jardín porque no la aceptaban"

El camino de madre e hija estuvo lleno de obstáculos. Rosario no pudo ir al jardín porque no la aceptaban por su fragilidad. En la primaria, Mirta se convirtió en mamá de cooperadora para poder estar cerca de su hija. “Hacía rifas, marcaba números, pintaba adornos para los sorteos. Así podía ver cómo la trataban. En una escuela la maltrataron y cuando reclamé, me trataron mal por ser mamá sola. Pero la directora me defendió y nos ayudó a conseguir el CUD y la obra social. Ahí mi hija empezó a cobrar una pensión, y por primera vez le pude comprar ropa nueva”, evoca.

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Hilos y agujas en la puerta del Normal mientras su hija estudia. Un ejemplo.

Hilos y agujas en la puerta del Normal mientras su hija estudia. Un ejemplo.

En la pandemia perdieron tres cirugías programadas. El Hospital Notti la derivó por edad, pero un especialista de la obra social los ayudó a llegar hasta Buenos Aires. Un médico la evaluó y confirmó que podía operarse. Pero apareció un nuevo obstáculo: Rosario tenía osteoporosis. “Por suerte era reciente y empezó tratamiento. Si todo va bien, podrá operarse pronto”, explican.

Mirta exhibe una de sus manualidades que confeccionó mientras espera a su hija.jpg
Mirta exhibe una de sus artesanías, confeccionadas con dedicación mientras Rosario estudia en el instituto Tomás Godoy Cruz.

Mirta exhibe una de sus artesanías, confeccionadas con dedicación mientras Rosario estudia en el instituto Tomás Godoy Cruz.

“Yo no me puedo rendir. Soy su mamá. Aunque me duela la rodilla, aunque no escuche bien, aunque no tenga trabajo. Mientras ella esté ahí adentro aprendiendo, yo voy a estar acá afuera, tejiendo. Mi hija quiere un futuro, y yo voy a hacer lo que sea para que lo tenga”, dice Mirta, mientras sigue confeccionando artesanías con sus ovillos de hilo y su amor incondicional de madre.