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La historia del chico que pasó hambre y hoy es profesor en Oxford

Se trata de Esteban Cichello Hübner, quien de chico sufrió hambre, con esfuerzo y educación llegó a Oxford y pudo superar los obstáculos de una vida dura

Cuando mucha gente habla de los problemas y crisis consuetudinarias que vive la Argentina, y los discursos políticos apuntan a que ellos son la solución, un brillante argentino tiene una mirada distinta y la expone con firmeza, amparado en el largo camino que recorrió atravesando todas las capas sociales, pasando de ser un chico que padeció hambre, vivía en un rancho sin luz, agua ni baños, a ser alumno para luego llegar a convertirse en un importante profesor de la universidad más prestigiosa del mundo: Oxford. Hoy Esteban Cichello Hübner habla de su país, al que ama, y dispara un durísimo diagnóstico. "En la pobreza de Argentina hay mucha vagueza".

El hombre que además llevó a Maradona a disertar en Oxford, tiene mucho para contar, y sobre todo aconsejar a una sociedad que parece haber perdido el Norte.

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El cordobés -de La Falda- que ahora habla siete idiomas, relató una historia, señera, con moraleja, y que se ha visto reflejada en varias publicaciones del país. Este jueves dialogó en la mañana con el programa de Radio Nihuil Te digo lo que pienso, en una extensa entrevista con Ricardo Montacuto, que no tiene ni una letra de desperdicio.

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Esteban Cichello Hübner analizó la situación crítica de la economía argentina y fue crítico para con los argentinos.

Esteban Cichello Hübner analizó la situación crítica de la economía argentina y fue crítico para con los argentinos.

Una historia de hambre y esfuerzo para superarse

"Vivíamos en La Falda, éramos una familia normalita, teníamos una casa de material, con techo a dos aguas, pero hubo una hecatombe familiar. Mi padre se fue con Bety, la rubia de La Falda, y mi madre empacó todo y nos fuimos a Buenos Aires, donde nos instalamos en un ranchito –en realidad era menos que un rancho- eran simplemente cuatro paredes, un techo de chapa, piso de tierra, no había baño, era un agujero que hicimos. La cocina era un pozo en la tierra, donde encendíamos carbón y cocinábamos en una lata de dulce de batata", relató sin ningún pudor Esteban, aún consecuente con la dignidad de su madre engañada y abandonada junto a sus hijos por su marido, un mecánico de motos.

"Comencé a trabajar cuando tenía nueve años y no paré. Arranqué en una despensa, Lolita, que creo que me dio el trabajo porque veía que nuestro futuro era desastroso y andaba todo el día con hambre. Cargaba las heladeras, limpiaba, barría y otras cosas por el estilo", comentó sobre su temprana entrada al mundo laboral, buscando mitigar su hambre y el de su familia.

Es feo cuando tenés hambre y no tenés cómo calmarlo. Lo único que tenía para comer era pan duro y lo tomaba con café o té. Es algo que acarreo hasta el día de hoy y lo sigo haciendo. No me vengan con tostadas ni mermelada. Yo guardo el pan viejo y lo sigo comiendo. Los que son o fueron pobres, sabrán de lo que hablo. Lo peor es irse a la escuela con el estómago vacío", recordó Esteban.

Ya metido en el tema pobreza, de la cual -fiel a sus inmensos conocimientos-, puede dar cátedra, expresó: "En Argentina no hay ese 40% de pobres. Yo estoy en Oxford ahora, pero voy mucho a Argentina. Visito mucho a mis amigos en las villas miseria. En la pobreza de Argentina hay mucha vagueza".

Una mirada sobre una pobreza "a la Argentina"

"Tengo reportes de la UCA y los estaba mirando. Toman muestras de cantidad de personas que viven por metro cuadrado. Mis amigos que viven dentro de las villas no pagan electricidad, no pagan agua, tienen aire acondicionado y auto, y dos de ellos mandan a los chicos a escuelas privadas. ¡Eso no es pobreza, es viveza!", destacó Cichello Hübner.

Sabiendo que desde lo más bajo sólo le quedaba el camino hacia arriba, tempranamente Esteban puso manos a la obra: "Comencé a trabajar a los 9 años, era la época de los militares. En el gobierno de Alfonsín, la de la hiperinflación, repartía dentaduras, trabajando para un laboratorio dental por todo Buenos Aires. Yo era de Córdoba, no conocía nada, y tuve que aprender las calles. Al terminar la escuela primaria, fui a la secundaria nocturna. Laburaba de 9 a 18, y de 19 a 22.30 iba a la escuela secundaria, Yo les cuento a los chicos de algunas escuelas gratuitas a las que me invitan cuando vengo a la Argentina, y les digo esto. Se puede salir de la pobreza, pero sin sacrificio, no hay beneficio", enunció.

"Tras la secundaria quería ir a la universidad. Tenía buenas notas, y no sé qué pasó: fui formidable y tuve excelentes promedios, y seguí estudiando y estudiando, sobre todo lenguas, y el 'ábrete sésamo' fue Lenguas", confesó el ahora profesor de Oxford.

"Para mi, mi pobreza fue mi riqueza. No teníamos electricidad, y no había radio mi televisión, entonces lo único que hacía era leer. Era lo que me extraía de esa realidad, que para mí no fue triste, no lo veía así; era lo que me tocó vivir" "Para mi, mi pobreza fue mi riqueza. No teníamos electricidad, y no había radio mi televisión, entonces lo único que hacía era leer. Era lo que me extraía de esa realidad, que para mí no fue triste, no lo veía así; era lo que me tocó vivir"

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Para poder estudiar -y hasta comer- Esteban comenzó a trabajar a los 9 años e hizo de todo, hasta llegar a graduarse en la universidad y ser un encumbrado profesor.

Para poder estudiar -y hasta comer- Esteban comenzó a trabajar a los 9 años e hizo de todo, hasta llegar a graduarse en la universidad y ser un encumbrado profesor.

Ingreso a Oxford con escala en Japón

Su inteligencia y contracción al estudio le abrieron la puerta más grande, pero ahí nada era gratis, y hubo que seguir peleando la oportunidad. "Cuando me aceptaron en la Universidad de Oxford, te aceptan, pero el dinero no te lo dan. Mucha gente ve la serie de Netflix Élite, donde se ganan una beca para ir a Oxford. Nadie se gana una beca para ir a ahí, primero te tienen que aceptar para ir a Oxford. Después viene el dinero. Pero la falta de dinero no tiene que ser una razón para no estudiar. Estaba contentísimo de que me aceptaran, pero no tenía un mango. Me dije: ¿qué hago?, necesito ir a un lugar donde ganar dinero rápido. Pedí que pospusieran el ingreso a la universidad y me fui a Japón. Llegué con mi mochilita y con 50 dólares en el bolsillo", recordó el cordobés radicado en Inglaterra.

"El tren de Narita (aeropuerto internacional) hasta Tokio me habrá costado los 50 dólares. En la estación de Tokio pensé: ¿Dónde voy, dónde duermo, qué hago? De repente veo a un grupo de japoneses hablando castellano. Me les acerco y les pregunto que cómo hablaban castellano, y me dijeron que no eran japoneses, eran peruanos, descendientes de japoneses. Ahí les dije que necesitaba laburo, un lugar para dormir. Hice buenas migas con ellos y me llevaron a trabajar a la construcción. Comencé a llevar baldes de mezcla, construir casas, vendía bijouterie en las calles, en los ratos libres, y junté plata, pero no lo suficiente", continuó Esteban.

Finalmente tanto esfuerzo tuvo su premio. "Paralelamente gestioné, solicité, hice mucho papeleo, y finalmente conseguí una muy buena beca, muy prestigiosa que se llama The Bristish Chevening del Consulado Británico, y vine a Oxford, estudié aquí, y hoy soy profesor y llevo 20 y pico de años enseñando. En Oxford estudié tres carreras: Relaciones Internacionales, Lingüística y Educación", expuso orgulloso en argentino.

Pese a la distancia y a la excelente calidad de vida lograda en el extranjero, Cichello no saca sus ojos de su madre patria y tiene su visión de Argentina: "Yo no puedo entender a la Argentina, yo me acuesto y me levanto con las noticias argentinas. Estoy aquí, pero estoy pensando constantemente en mi país. Un país tan rico, tan fértil, tan bello, y con gente que vale la pena, no entiendo cómo está sumida en ese letargo del cual no puede salir".

"Yo sé que hay políticos buenos, pero le echo la culpa en general a los políticos argentinos, y en general a los que los eligen, la gente, que busca la comodidad. Los políticos buscan votos" "Yo sé que hay políticos buenos, pero le echo la culpa en general a los políticos argentinos, y en general a los que los eligen, la gente, que busca la comodidad. Los políticos buscan votos"

"Argentina tiene sobre todo un problema educacional. Están ahora con esta cultura del 'dame', y la gente entra en un letargo. Las oportunidades hay que buscarlas", aconsejó a los más jóvenes, que sueñan con un futuro más promisorio.

El conocimiento de la experiencia

"Recordando que de chico vivíamos en el campo, en un rancho donde no teníamos agua, pero ¡teníamos tierra! Conseguimos una bomba de agua, la fuimos a buscar a Grand Bourg y pesaba una tonelada, mi madre dijo 'se acabaron todos nuestros problemas'. Yo no entendía, no podía bombear, era chiquito, me colgaba y nada", recordó Esteban sobre su infancia y la lección fundamental que iba a aprender. "Cuando comenzó a salir agua, yo chapoteaba tan feliz. Con agua y tierra, mi madre comenzó a plantar zapallitos, zapallos, tomates. Tres meses tuvo que esperar el nacimiento de la caña de azúcar –que me encantaba- y eso nos trajo a la gallina Zulema, que nos dio los 'huevos de oro'. Yo cambiaba los huevos de Zulema por limones y manzanas. Si tenés agua y tierra, hambre no pasás. Y si tenés iniciativa, cambiás lo que te produce la tierra. También juntaba cables en la Panamericana y vendía el cobre. Así me compraba los diccionarios y los libros", explicó, contradiciendo a quienes denostan el esfuerzo y lo bautizan "meritocracia".

Consultado el profesor de Oxford sobre qué libro, de los tantos leídos, le había señalado el rumbo, Esteban respondió: "Siempre estaba en la biblioteca. Pero lo que me cambió la vida fue un artículo de un coreano, que decía que uno debe tener un objetivo claro de lo que quiere en la vida. Hay muchos que dicen 'quiero bajar cinco kilos de peso', y se quedan en el 'quiero' y no están dispuestos a dar un paso o salir a correr para lograrlo".

"Tener un objetivo claro, significa que si querés una bicicleta, tenés que imaginarte la bicicleta. El color, el rodado, la marca. Imaginarte vos andando en la bicicleta y hacer todo lo posible hasta tenerla" "Tener un objetivo claro, significa que si querés una bicicleta, tenés que imaginarte la bicicleta. El color, el rodado, la marca. Imaginarte vos andando en la bicicleta y hacer todo lo posible hasta tenerla"

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Esteban siempre tomó a Maradona, un chico pobre como él, como ejemplo de vida, y con la misma fórmula, esfuerzo y objetivos claros, también llegó a la cumbre de ámbito elegido: la educación y el conocimiento. Él fue el artífice de la visita de Diego a la Universidad de Oxford en 1995.

Esteban siempre tomó a Maradona, un chico pobre como él, como ejemplo de vida, y con la misma fórmula, esfuerzo y objetivos claros, también llegó a la cumbre de ámbito elegido: la educación y el conocimiento. Él fue el artífice de la visita de Diego a la Universidad de Oxford en 1995.

El sueño de llevar a Maradona a Oxford

Como estudiante becado en Oxford, en 1995 Esteban Cichello se dio el lujo de su vida, proponer como orador en su universidad a quien considera "su ejemplo" en la vida: Diego Armando Maradona. "Eso fue una historia de locos, fue una verdadera 'historia maradoniana'. Yo trabajaba de bellboy (botones de hotel) en ese entonces en Buenos Aires, y al saber lenguas –inglés- me permitió tener ese trabajo. Da la casualidad de que Boca Jr., en la primera época de Maradona, concentraba en el hotel para los partidos de fin de semana en lo que duraba el torneo, unos seis meses. Cada jueves venía el ómnibus blanco de Casa Amarilla, y ahí venía mi ejemplo. Yo le debo a Diego muchísimo. En parte llegué a Oxford por él. Como yo, de chico era pobre, y él también. Había visto por ahí una entrevista que le hizo Papaleo, y se la hizo a un Diego, pobre, flaquito, descalzo, y con lagañas en los ojos. ¿Nene, que querés ser cuando seas grande? – y Maradona decía: 'Quiero jugar un Mundial'", rememoró Esteban, que agregó: "Después de verlo de estrella en Boca a Maradona, yo me dije 'también quiero ser como Diego, jugar el Mundial de la vida académica, de la educación. Diego fue para mí un ejemplo. De lo que hay que hacer, y de lo que no hay que hacer”.

"Muchas veces la gente dice Maradona esto o Maradona lo otro, Pero Maradona se sacrificó para llegar. Se levantaba temprano, iba a entrenar con el estómago vacío, con disciplina. Él fue para mí una inspiración" "Muchas veces la gente dice Maradona esto o Maradona lo otro, Pero Maradona se sacrificó para llegar. Se levantaba temprano, iba a entrenar con el estómago vacío, con disciplina. Él fue para mí una inspiración"

Retomando la historia de cuando conoció al Pibe de Oro, dijo: “Los bellboys no podíamos acercarnos a los jugadores, lo teníamos prohibido, y los jugadores no te dan el bolso. Pero yo lo intentaba, me metía, y él me ignoraba, hasta que un día lo quebré. Entonces me dice 'tomá', y me da un caramelo Media Hora, él los comía constantemente, y yo lo tragué, me pasó de largo, y me puse rojo. Entonces él me palmeó la espalda, y eso rompió el hielo entre Diego y yo", recordó orgulloso.

"Me preguntó el nombre, y le dije me llamo Dido de apellido, Esteban de nombre, y en el aire agarró el chiste. Eso creó pica entre los otros bellboys, venía todos los jueves, y me reconocía. Me decía petizo -teníamos la misma altura-. Tras los seis meses, nunca más lo vi a Maradona", completó esa etapa de la novela maradoniana.

"Pasan los años, y yo era presidente de uno de los Centros de Estudiantes de Oxford, donde se hacen actividades extra curriculares que enriquezcan la vida del estudiante, entonces yo lo invité a Diego Maradona. Traje a varias personalidades, entre ellos a Diego. A pesar de que las grandes personalidades del mundo sueñan con dar charlas en Oxford, porque da chapa, él me responde por medio de su abogado, que no, que no podía venir", recuerda aún asombrado por la negativa de Diego.

"Entonces le escribí una carta a mano, donde le recordaba que hacía años yo llevaba su bolso… etc., etc., y le pusé '¡tenés que venir a Oxford!'. Una tarde estoy en el centro de estudiantes, y me dicen que tengo una llamada, de Diego Maradona, pensé que era una cargada, y no, era Maradona. Me dijo, 'me acuerdo de vos', y no le creí. '¿Qué haces en Oxford?', me dijo, y toda esa historia. Y agregó que, si yo iba a Buenos Aires a buscarlo, él venía a Oxford. Me dieron el presupuesto y lo fui a buscar. Ahí hizo otra de las de él. Pasamos tres días escribiendo su discurso", dijo divertido Esteban.

"Cuando nos íbamos, se traía a toda la familia, esposa, hijas, etc. Casi me muero. Yo le avisé que sólo tenía para el pasaje de él, y me dijo que no me hiciera problemas. Nos fuimos todos a Nueva York, y luego fuimos en un vuelo Concorde –tres horas y media a Londres-, y cumplí el sueño de traerlo a Oxford", concluyó el argentino que no sólo se conformó con el sueño de alcanzar las estrellas, sino que fiel a su personalidad, las fue a buscar.