En el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia y a 45 años del golpe militar, la directora de Derechos Humanos de Mendoza, Luz Faingold, recordó este miércoles el momento en que fue secuestrada junto a su novio y violada cuando era menor de edad. Era estudiante y tenía 17 años. Sufrió abusos en el D2, donde permaneció durante varios días sin que nadie supiese que estaba allí. En esta jornada, reiteró el pedido de que "Nunca Más se produzca un quiebre institucional tan grave como el que comenzó el 24 de marzo de 1976 y que llevó al poder a delincuentes, perversos asesinos y torturadores, que tuvieron total impunidad para robar y matar".

En esos años, Faingold era militante en la Organización Comunista Poder Obrero (OCPO) y de acuerdo a lo que relató en el documental Megacausa, el 28 de agosto de 1975, ella acompañó a pareja a su casa, donde los esperaba la Policía. Allí, la violaron y la amenazaron de muerte.

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La ahora funcionaria del gobierno de Rodolfo Suarez -pero que asumió en ese cargo en el 2016 junto a la gestión de Alfredo Cornejo- fue trasladada al D2 con las manos atadas y los ojos vendados. Declaró que fue abusada sexualmente en aquella celda y que después fue atendida por una médica, quien brindó más pruebas sobre las violaciones sistemáticas cometidas en el D2 mendocino.

Megacausa: Capítulo 2

Durante su detención, la mujer relató que recibió la visita del entonces fiscal Otilio Romano, quien la rechazó la restitución solicitada por la familia Faingold. Más tarde fue trasladada al Juzgado Federal Provincial ante el juez Luis Miret, “quien me recibió a los gritos y de manera violenta me decía 'subversiva'”, recordó.

Sus padres volvieron a pedir que Luz sea liberada y finalmente, luego de dos semanas, la Cámara Nacional de Apelaciones resolvió darle la libertad. Pero su vida cambió para siempre a partir de ese momento ya que terminó exiliada en Uruguay y Francia. Recién pudo retornar a la Argentina en 1984, a los 10 meses de la asunción de Raúl Alfonsín.

El primer artículo de la Declaración Universal -firmada por más de 50 países el 10 de diciembre de 1948- dice que "todos los seres humanos son libres e iguales en dignidad y derechos. Esto quiere decir que toda vida humana es valiosa e irremplazable. Por eso, los genocidas, en voz de Juan Ramón Camps, sanguinario jefe de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, decían 'nosotros no matamos personas, matamos subversivos'", publicó Faingold en el Día de la Memoria.

Y continuó: "Este ejercicio del terror estatal durante la dictadura cívico-militar de 1976 hasta 1983, que fue clandestino y de un grado enorme de impunidad, estuvo basado en la desaparición de los cuerpos. La terrible violencia de esperar a que vuelva el ser querido: el hijo, el hermano o hermana. Un dolor que nunca sana, porque se desconoce y se espera que el ser querido esté con vida y regrese al hogar".

Respecto del secuestro de inocentes, "porque así se ejerce el terror cuando se los arrebata, Ibérico Saint Jean, el entonces gobernador de Buenos Aires, y quien tuvo como jefe de la Policía a Juan Ramón Camps, dijo en un discurso la siguiente frase: 'Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos'”, sumó.

La funcionaria dijo que hubo cientos de centros clandestinos de detención, lugares de tortura y muerte, "de culpables, sospechosos y también inocentes, de modo tal que nadie puede estar seguro en un régimen militar".

Néstor Oliva, salteño, desapareció en 1976 cuando vivía en Mendoza, fue asesinado junto al militante mendocino Juan Antonio Molina, quien había desaparecido un tiempo antes. "Los militares simularon un enfrentamiento entre ambos, los fusilaron frente al frigorífico Vildoza y los enterraron como NN. Es por ello que nos debemos la Memoria para que “Nunca Más” se produzca un quiebre institucional tan grave como el que comenzó el 24 de marzo de 1976, hace ya 45 años, y que llevó al poder a delincuentes, perversos asesinos y torturadores, que tuvieron total impunidad para robar y matar. Es un deber recordar para seguir construyendo un país democrático, en el respeto a los derechos humanos consagrados en los tratados internacionales, que tienen jerarquía constitucional".