Disconforme con el juicio

La dura historia de Miriam, la nieta 127 recuperada que defiende a los padres que la criaron

Miriam Fernández contó el dolor de ver a sus padres adoptivos condenados. "Quiero vivir hacia adelante y cerrar la historia de todo lo malo", sostiene

Nada fácil es la vida de Miriam Fernández, casi nunca lo fue. Ella es llamada Nieta 127 por parte de la Abuelas de Plaza de Mayo. De la incertidumbre de sospecharse adoptada por una familia que ama, de pronto le cayó encima un pasado de historias de horror y muerte. Fue la primera bebé en nacer en la Escuela de Mecánica de la Armada -ESMA-, durante el cautiverio de su madre. Luego fue la entregada en adopción a la familia Fernández, condenados este mes en un juicio por delitos de lesa humanidad, y la vida de Miriam pasó a estar en una zona gris entre dos mundos. Miriam quiere conciliar a esos dos mundos, y por sobre todo, quiere paz en su vida.

Miriam nació en la ESMA en julio de 1977, hija de María del Carmen Pichona Moyano y Carlos Poblete, pareja de militantes montoneros que era buscada por el aparato represivo del gobierno militar que fue capturada y figuran hasta hoy como desaparecidos. Ese mismo año fue inscripta en un Registro Civil de Guaymallén como hija de Iris Yolanda Luffi y Armando Osvaldo Fernández. La pareja fue condenada este 2 de diciembre

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María del Carmen Moyano y Carlos Poblete, secuestrados y desaparecidos en 1977.

María del Carmen Moyano y Carlos Poblete, secuestrados y desaparecidos en 1977.

Una llegada a Mendoza con misterio

La historia del arribo de Miriam a Mendoza tiene muchos puntos oscuros, y así lo detalla ella. "Mis padres cuidadores cometieron un error, y lo están pagando, eso es la parte legal, pero hay que rescatar la parte humana. Ellos en ese momento (de recibirla) tenían tres hijos, era una situación difícil. No sabían de donde había salido yo, que nací en Buenos Aires, en la ESMA, y me adoptaron y me dieron amor. A mi papá le dijo un militar que hiciera la gauchada de recibirme, que mi madre estaba internada en el hospital, y que a la noche mi iban a ir a buscar, y ahí no lo vieron más. Cuando mi papá fue al Comando a preguntar por esta persona, nadie lo conocía y no lo dejaron hacer muchas preguntas, lo sacaron volando, eran años duros", explicó Fernández sobre su llegada al hogar adoptivo del policía que pasó a ser su padre adoptivo.

Ahondando en las circunstancias claves de su adopción, Miriam explicó: "Según contaron en mi familia biológica, cuando yo nazco, al papá de mi madre (Pichona Moyano), también policía, le avisaron que yo iba a ser restituida a mi verdadera familia. Me trajeron a Mendoza, pero nunca supimos que pasó en el medio. Es algo que quise saber en el juicio ¿Por qué no legue a casa de mis abuelos verdaderos? -Lo raro es que si me hubiesen querido vender o regalar, u otra cosa, ¿para que me iban a traer a Mendoza?", dijo, para agregar: "Mi abuelo materno (Moyano) me estaba esperando, le dijeron que le iban a dar el bebé, pero nunca llegué a sus manos. Si algo me duele de no haber conocido antes a mi familia biológica materna, es saber que mi abuelo, que murió en el 2010 a los 92 años, luego de buscarme incansablemente", confesó emocionada.

De la duda a la negación

Todas las dudas que tenía Miriam sobre su identidad cuando niña se toparon de pronto con un horror que la espantó y no había querido conocer. Además de haber perdido a sus padres biológicos, ahora se le sumaba la pérdida por encarcelamiento de sus padres adoptivos. "Yo de chica ya me imaginaba que era adoptada, y en charlas con mis hermanos se ahondaba la duda. Pero lo que nunca quise saber era quienes habían sido mis verdaderos padres. Si soy adoptada no cambia nada, pensaba. Estaba contenida, tenía una familia y nunca hubo diferencias entre hermanos, por lo que nunca me sentí fuera de lugar", explicó Miriam.

"Me vinieron a buscar con Gendarmería, para que me presentara a hacerme el estudio de ADN que obligaba el juicio, yo me negaba, no quería saber nada de mi procedencia, hasta que la Justicia me obligó hace cuatro años. Consideraba a mi familia a quienes me criaron y me dieron todo su amor. Hasta traté de burlar a la Justicia yéndome a Chile", recodó Miriam, que para ese momento ya tenía 40 años y un hijo de 16 años. "Fue todo tan chocante, que estando una semanas fuera, decidió volver y me dije que no podía andar escapando como una delincuente, así que hablé con un abogado amigo (Mariano Tello), y cuando me volvieron a citar, enfrenté la situación y nos presentamos".

"A lo largo de mi vida entendí que, juntar odio, cuestionar, reclamar y no olvidar, no sirve. Si uno quiere vivir en paz, tiene que llegar a perdonar, para seguir adelante, dejar el pasado atrás" "A lo largo de mi vida entendí que, juntar odio, cuestionar, reclamar y no olvidar, no sirve. Si uno quiere vivir en paz, tiene que llegar a perdonar, para seguir adelante, dejar el pasado atrás"

Un juicio y una nueva realidad

Luego supo tras el juicio que tenía "otra familia", la biológica, que le era desconocida, y padeció el dilema.

Respecto al fallo del juicio, la mujer de 44 años dijo: "El fallo no me cayó bien, pero podría haber sido peor. En el caso de mi papá ya había una condena en juicios anteriores de cadena perpetua, por lo que los 10 años que le dieron no le mueven la aguja, pero lo que más me preocupó fue lo de mi mamá, que ya tiene 70 años y una salud muy frágil, y entre los achaques de la edad, es diabética. Menos mal que quedan instancias y la sentencia no está firme, así que puede estar en casa", confesó la mendocina.

"Muchas veces pienso si no habré venido a esta vida para conciliar una historia y otra, ya que tengo que estar en el medio de una brecha. Me tocó vivir el odio y ensañamiento contra los militares, y como familiar no podía decir que era hija de un militar o policía, porque estaba mal vista socialmente. Yo a mi papá y mi mamá verdaderos no los voy a poder recuperar nunca más y me perdí de vivir muchas cosas. Pero construyamos para adelante y sigamos viviendo. Tuve otros padres que me dieron amor, y por eso me paro a un costado, no critico ni a una ni a otra parte. Quiero vivir hacia adelante y cerrar la historia de todo lo malo", manifestó Fernández.

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Cuestión de apellido

Pero hay cosas que sí le molestan a Miriam tras la sentencia judicial "No entiendo cual es el sentido de querer obligarme a que me cambie el apellido. Una persona puede elegir percibirse hasta de otro sexo distinto al que tuvo al nacer, pero a mi no me dejan elegir mi apellido. Ese tema lo estoy a morir. El jueves (el juez) Walter Bento me otorgó que me siguiera llamando como me llamé durante 40 años. Pero ahí nomás me lo apelaron y la Cámara me lo volvió a otorgar, y hubo otra apelación, así que ahora estoy en Casación. ¡Imaginate, con lo que son los trámites burocráticos en este país, cambiar todos mis papeles! Es algo que ni a mi familia biológica le molesta que me llame Miriam Fernández", detalló.

Respecto a sus familias biológicas (paterna y materna), aseguró que sí, que tuvo contactos. "Con mi familia materna tuve contacto, pero con la paterna no. Hubo un intento, pero en el camino descubrí que había un problema legal -adulteración de un comprobante- entonces cuando indagué, descubrí que, aunque quisiera, no puedo constituirme como hija de mi padre (biológico) porque su familia presentaron un acta de defunción con una fecha del año 1975, siendo que yo nací en el '77, así evitaron a cualquier heredero para cobrar una indemnización. Ahí sí ya dejé de ser "nieta", se acabó la búsqueda de la verdad", ironizó con tristeza Miriam.

"Con este juicio yo ya pude conocer cual era mi origen, pero como dijo un periodista que sufrió lo mismo que yo: "tu identidad, no es saber de donde venís, esta se forma a lo largo de tu vida". Más allá de un apellido, yo tengo una familia, tuve una vida, tengo un registro atrás. Yo no lo puedo llamar a mis padres "mis apropiadores", es imposible, no me cabe en la cabeza, ni en el corazón, ni en la razón", enfatizó la mujer, que agregó: "Ahora yo tengo dos papás -uno biológico y otro de crianza, y dos mamás. Mi hijo tiene cuatro abuelos; no puedo borrar a dos de ellos. Es una cuestión de humanidad. Tampoco puedo borrar que somos seis hermanos, trece sobrinos, más mis dos padres. Somos una gran familia", dijo Miriam Fernández para concluir.