Historias

La dramática historia de la niña que fue criada por perros tras ser abandonada por sus padres

La niña aprendió a caminar en cuatro patas, transportar objetos con la boca, jadear y ladrar, incluso a cuidar su higiene como los perros

Oxana Malaya llegó al mundo el 4 de noviembre de 1983. Según los profesionales que la atendieron y los registros médicos, su nacimiento transcurrió con total normalidad. Sin embargo la vida de la niña dio un giro dramático cuando fue abandonada por sus padres y terminó refugiándose con una jauría de perros con los que convivió durante años.

Cuando Oxana nació, su familia vivía en la aldea de Nova Blahovishchenka, una zona marginal en Ucrania que era frecuentada por perros salvajes. Una noche, la niña se escapó de su casa, pero sus padres, ambos alcohólicos, no notaron su ausencia.

La niña se refugió donde dormían unos perros callejeros. En ese entonces, Oxana tenía solo tres años, así que se arrastró bajo una tabla de madera, buscando calor entre los cuerpos de los animales y ellos la aceptaron en su círculo. Compartieron con ella el espacio y los restos de comida.

La niña nació en Nova Blahovishchenka, en Ucrania. Imagen: Clarín.

La niña nació en Nova Blahovishchenka, en Ucrania. Imagen: Clarín.

Ninguna persona la llamó por su nombre, no hubo alarma, ni búsqueda organizada por parte de sus padres.

Una niña que convivió con animales

La convivencia se extendió durante aproximadamente seis años, así que Oxana pasó gran parte de su infancia rodeada únicamente de perros. Con el tiempo, comenzó a adoptar sus comportamientos y a desenvolverse como uno más de la manada.

Poco a poco dejó de hablar y olvidó gran parte del lenguaje que había adquirido en sus primeros años de vida. En su lugar, aprendió a ladrar, caminaba en cuatro patas, imitaba los movimientos de los animales y reaccionaba a los estímulos de la misma manera que ellos.

Oxana Malaya imitó a los perros durante un programa de TV de Australia. Imagen: Infobae.

Oxana Malaya imitó a los perros durante un programa de TV de Australia. Imagen: Infobae.

Sus hábitos alimenticios incluían lamerse para limpiarse y consumir carne cruda o restos encontrados en la basura. Esta forma de vida no solo alteró su desarrollo físico, sino también su capacidad de interacción social y su desarrollo cognitivo.

¿Qué encontraron los rescatistas cuando lograron sacarla?

Recién cuando la niña tenía nueve años, las autoridades ucranianas tomaron conocimiento de su situación. Y todo debido a que Oxana le ladró a un vecino. Los rescatistas la observaron durante horas, estudiando la forma en que interactuaba con los perros y quedaron perplejos.

El rescate no fue sencillo ya que la manada de perros la protegía ferozmente. La policía finalmente logró rescatar a la niña distrayendo a los perros con comida.

Su cuerpo mostraba signos de desnutrición, tenía las uñas largas, el cabello enmarañado y la piel curtida por la intemperie. No pronunciaba palabras, solo emitía sonidos guturales. Caminaba en cuatro patas y rehuía el contacto humano.

Cuando llegó el equipo de rescate, Oxana no se dejó atrapar de inmediato. Se escondía entre los animales. Imagen: Infobae.

Cuando llegó el equipo de rescate, Oxana no se dejó atrapar de inmediato. Se escondía entre los animales. Imagen: Infobae.

El equipo de rescate la llevó a un hospital infantil en la ciudad de Odesa. Allí, los médicos confirmaron que su desarrollo físico y mental correspondía al de un animal salvaje. El diagnóstico fue inmediato: “niña feral”.

La recuperación de Oxana

Los primeros días en el hospital, la niña se negaba a dormir en la cama. Buscaba rincones oscuros y respondía a los estímulos con gestos de alerta animal. Los médicos y psicólogos establecieron un protocolo de intervención gradual.

No la forzaron al contacto humano, porque podía ser peor. Le ofrecieron alimentos y ropa limpia, pero Oxana solo aceptaba lo que podía tomar con las manos y llevarse a la boca de forma instintiva.

El proceso de rehabilitación duró años, y con el paso del tiempo aprendió a hablar. Los médicos trabajaron con ejercicios de repetición, imágenes y sonidos. Oxana avanzó lentamente: aprendió a caminar erguida, a usar cubiertos y a vestirse sola. Pero nunca llegó a recuperar por completo el habla ni la capacidad de relacionarse de manera convencional.

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