Esta actitud no es un simple capricho o berrinche, tiene fundamentos científicos relacionados con los niveles de glucosa en sangre. Diversos estudios han demostrado cómo el hambre incrementa emociones negativas en las personas, tales como enojo, ira, angustia e irritabilidad.
La ciencia lo explica: por qué el hambre pone a las personas nerviosas e irritables
Una serie de investigaciones y estudios avalados y realizados por la ciencia, confirman que la causa de esta relación enojo/hambre es la glucosa en sangre. Cuando los niveles de glucosa disminuyen, nuestro cuerpo reacciona y responde en modo supervivencia con tal de recuperar el azúcar. La glucosa es un tipo de azúcar que circula por el torrente sanguíneo y es la principal fuente de energía para todas las células de todo el cuerpo.
Sin la glucosa, las células no serían capaces de realizar sus tareas de forma óptima. Cuando el cerebro no recibe los niveles adecuados de glucosa por medio de los alimentos, las personas comienzan a experimentar una sensación de debilidad, fatiga y enojo, acompañada de una dificultad para mantener la concentración.
Por lo tanto, no es un simple capricho o enojo sin fundamento: tiene un trasfondo biológico químico. Según un estudio realizado por la Universidad de Guelph en Canadá, una modificación en los niveles de glucosa puede afectar el ánimo de manera duradera. El hambre se asocia con mayores niveles de irritabilidad y una disminución del placer, según lo explicado por lo miembros de la investigación realizada en la Universidad de Anglia Ruskin.
¿Cómo se produce el hambre? La ciencia explica qué hay detrás de un comportamiento natural
Por qué tenemos hambre cuando tenemos hambre, la pregunta que seguramente toda persona alguna vez se ha hecho. El cuerpo se equilibra de acuerdo a las acciones diarias que las personas realizan. Pero, sean pocas o muchas actividades, el organismo requiere de igual manera energía para llevarlas a cabo.
El cuerpo produce un equilibrio dinámico que se mantiene gracias a la sensación de hambre, regula y equilibra lo que las personas comen en función de lo que gastan energéticamente.
El hambre se genera por medio del sistema límbico. El hipocampo (gestor de la memoria y la experiencia) es el encargado de recordarnos que debemos comer. Posteriormente el tálamo despierta el apetito. Las amígdalas, son las encargadas de despertar deseo o emociones positivas al percibir con los sentidos alimentos. Finalmente, el hipotálamo organiza las necesidades energéticas y se encarga de regir el metabolismo.
Además, existen dos hormonas presentes en el estómago y encargadas de transmitir al cerebro la necesidad de recibir alimento. Estas hormonas son la ghrelina y la leptina, reguladoras de la sensación de hambre y saciedad.





