“Esto es una casa grande en la que le abrimos las puertas a todos los que quieran venir”, fue Carolina la que con una frase resumió el espíritu de esta empresa familiar por la que han pasado tres generaciones de los Juárez – Rinaldi dedicando su vida al chocolate.
Lo impoluto del acero inoxidable convive con una suerte de calidez hogareña. Hay saludos para los vecinos, abrazos para los viejos conocidos y sonrisas para los turistas que entran al local. Por ahí se pasea Marcos, con una caja abajo del brazo orgulloso del nuevo packaging que acaba de llegar y reparte alfajores a quienes hacen la fila para pagar.
Carolina y Marcos son hermanos y ahora son ellos quienes llevan adelante el negocio. Ambos se sientan en una mesa junto a Duilio Juárez y Salvador Rinaldi “los pioneros” de este emprendimiento para contar la historia de Chocolezza.
En su relato se van sumando nombres y anécdotas de esta fábrica que, como otras empresas de éxito, nació en un garaje.
-¿Cómo nace Chocolezza?
-Marcos: Le pusimos como fecha de inicio 1979 pero la empresa surgió mucho antes gracias al abuelo Duilio. Él era ferroviario pero empezó a hacer alfajores con mi abuela en su casa para sobrevivir, digamos. Hacía unos alfajores buenísimos. En esa época hacían de chocolate, glaseados y tabletas mendocinas. Todo eso se hacía en la casa de mis abuelos. Los envolvíamos con un papel de fotocopia que tenía el logo, hasta que trajimos desde Buenos Aires una máquina.
Si bien Marcos y Carolina eran niños en esa época los recuerdos aún siguen muy vigentes en sus cabezas. Incluso Carolina se emociona al recordar aquella vieja máquina que llegó para facilitarles el trabajo. "Era pesadísima, tanto que quebró las baldosas pero el sabor de esos alfajores no me lo olvido más. Eran riquísimos", comenta entre lágrimas sentada junto a Duilio que se pierde en ese recuerdo con una sonrisa mientras asiente. "Se hacían en mi casa", confirma.
-¿Cuándo evolucionó como negocio?
-Marcos: Mi papá tenía un comercio de artículos regionales en la calle Las Heras, fue él el que le imprimió más empuje a los alfajores. Después de hacerlos todos salíamos a repartir a la ruta o a comercios. En esa época -1979- Mendoza no era lo que es ahora, habían muy pocos hoteles a los que ofrecerles el producto, entonces nos empezamos a diferenciar del resto de los regionales vendiendo delicatessen. Con el tiempo pudimos habilitar la fábrica en el piso de arriba pero estábamos una cuadra antes de Chile entonces nos perdíamos la Vendimia y todas las cosas. Después se arregló la calle Las Heras y pasamos meses terribles. Pero seguimos creciendo, por suerte, e instalamos la otra sucursal en la avenida Las Heras y en el Mercado Central.
-¿Así se llegó a la fábrica modelo?
-Marcos: Sí, hace unos años necesitábamos ampliar la producción y mi abuelo Salvador tenía este terreno entonces decidimos anclar acá.
-Salvador: Yo vendía chatarra y trabajé mucho en mi vida por eso mi mamá me decía: "Te parí rico". Es que en la noche me ponía una bolsa en la cabeza y construía las paredes mientras nevaba.
-Marcos: Se le congelaba la cuchara mientras trabajaba.
-¿Por qué planta modelo?
-Marcos: Fue un proyecto que lo pensamos mucho. Buscamos adaptarnos y ofrecer servicios. Tenemos una cafetería, hacemos degustaciones, los choferes de larga distancia pueden venir y bañarse acá. Además de toda la tecnología que hemos implementado en el proceso de producción aunque hemos mantenido lo artesanal que es la esencia. Sin embargo, nos pareció muy importante dejar todos estos recuerdos como la pared que muestran el empuje, el esfuerzo y el trabajo de la familia que intentamos seguir.
-Pero entre los alfajores caseros y la fábrica modelo está Rubén...
-Marcos: Sí, mi papá es el que tiene la veta comercial más aceitada, además de ser una persona muy trabajadora.
-Carolina: Mi mamá también estuvo siempre, ha sido una luchadora y una gran compañera.
-Marcos: Nos hemos ido complementando porque hay que estar mucho tiempo acá y pasar muchas horas. Mi papá siempre tuvo en la cabeza largar una línea con la que se pudiera jubilar.
-¿Ustedes fueron la generación de la innovación?
-Carolina: Hemos trabajado mucho para hacer cambios y mejorar.
-Marcos: Igual hay cambios que cuestan.
-Salvador: Yo creo que esto ha sido un cambio total.
-Carolina: Nosotros creemos que los dos tenemos que hacer todo y saber hacerlo. Desde barrer la vereda hasta la fábrica.
-Marcos: El mismo público nos fue obligando a adaptarnos. Tenemos turismo todo el año y eso llevó a otorgar más servicios con la cafetería, las visitas guiadas, los baños para los choferes.
-Carolina: Siempre siento que esto es como una casa grande en la que le abrimos la puerta a todos los que quieran venir e, incluso, hasta los mañoseamos.
-¿Hubo resistencias?
-Marcos: Hay anécdotas divertidísimas. Por ejemplo, nuestro logo tiene un conejo, chocolate derretido, una mordida. Entonces yo le dije a mi papá que el conejo tenía que ir desapareciendo pero él no entendía. Sacarle el conejo era como matarle a un hijo. Tuvimos que negociar, sigue estando el conejo pero no tiene todo lo otro. En avenida Las Heras, por ejemplo, hemos dejado la parte más tradicional con el conejo en la puerta pero acá ya vamos haciendo cambios.
-Salvador: Habría que poner un conejo acá en la puerta.
-¿Qué se viene ahora?
-Marcos: Tenemos mucho para hacer. Para nosotros, esto todavía no tiene un techo. Mientras estemos acá, vamos a seguir adelante. Las próximas generaciones verán si siguen. Eso sería lo mejor.




