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Juana Libedinsky analiza la pasión por Jane Austen: "Hay toda una tradición de hombres ¡bien machos! fanáticos de ella"

Juana Libedinsky, la argentina que profundiza en el mundo literario de Jane Austen integra la cofradía de los Jaineites, como se conoce en todo el planeta a los fanáticos de este autor

Juana Libedinsky (Buenos Aires, 1973) cultivó una temprana pasión que no ha decaído con los años. Al contrario.

Desde que conoció el mundo literario de Jane Austen, alrededor de los cuatro años de edad, fue profundizando, paulatinamente, sin pausa, en sus novelas, sus ambientes y personajes, para zambullirse a continuación en todos los conflictos sociales que la autora desarrolló en apenas seis libros publicados.

Hoy, Juana integra la cofradía de los Jaineites, como se conoce en todo el planeta a los fanáticos de Austen. Con ellos participa de bailes de época, de conferencias, de nuevas ediciones y estudios de esta escritora británica, fallecida en diciembre de 1817 antes de cumplir cuarenta y dos años, que es hoy un clásico de referencia de la literatura universal.

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La escritora Juana Libedinsky.

La escritora Juana Libedinsky.

Libedinsky escribe columnas periodísticas para La Nación desde Nueva York, donde reside, y la contactamos en la costa uruguaya dedicada plenamente a presentar su libro de homenaje Queremos tanto a Jane y a las sucesivas celebraciones por los doscientos cincuenta años del nacimiento de su heroína.

La charla con el programa La Conversación de Radio Nihuil ocurre pocas horas después de que ocurriera la captura del venezolano Nicolás Maduro por un grupo comando de EE.UU.

-Hola, Juana. Vos vivís en Nueva York, pero te hemos encontrado en Uruguay. ¿Qué estás haciendo por ahí, trabajando, paseando o bailando como en la Regencia?

-Yo vivo en Estados Unidos, ¿viste? Tenés esos formularios donde vas marcando cada puntito y si los completás, te contestan "all of the above", todos los puntitos anteriores. Este es el caso. Estoy trabajando, bailando y de vacaciones.

-Teniendo en cuenta que sos una periodista radicada en Estados Unidos, ¿ya impactó en tu entorno cercano lo que ocurrió en Venezuela?

-Sí, porque ayer a la noche presenté mi libro en Punta del Este y vinieron compañeras mías tanto de la escuela a la que fui acá como de Buenos Aires. Una de ellas es Cayetana Álvarez de Toledo, que es una política española muy vinculada a Corina Machado.

-¡Mirá qué coincidencia!

-De hecho, ella estuvo en la ceremonia del Nobel acompañándola. Así que para muchos fue muy impresionante estar con Cayetana justamente mientras pasaba esto en Venezuela. Un par de amigos venezolanos están diciendo que, si hay alguien en la casa, si quieren, pueden sumarse a tomar ron. No tengo más información porque estuve muy concentrada en mi mundo del fin del siglo XVIII, con vestidos y este tipo de bailes. Pero es muy impresionante lo que está pasando.

-¿Tus hijos y tu marido están en Buenos Aires o en Uruguay?

-Están en Uruguay. Hacen ahora Buquebus y después avión hacia Estados Unidos. Pero la familia de mi marido está en Mendoza. Son todos mendocinos, así que están muy impresionados que yo esté ahora hablando con vos.

-¡No te puedo creer, qué bueno! ¿Cuál es la familia de tu marido?

-El apellido es Hyens, de origen irlandés. Son abogados. Y están escuchando, así que les mando muchos cariños, en particular a la suegra.

-Siempre hay que estar bien con la suegra.

-Exacto.

-Bueno, a vos las tramas de Jane Austen te habrán hecho experta en manejar tramas familiares complejas, ¿no?

-(Sonríe) No lo había pensado así, pero creo que es una muy buena reflexión. Y si uno no la sabe manejar, sucede al revés, ¿no? Se convierte en un buen material para después ponerse a escribir. Así que uno gana de cualquier manera.

-Última pregunta de coyuntura antes de meternos en el mundo Austen. Vos te movés en ambientes, que, en general, adoptan una postura similar. Los universitarios, los periodistas, los escritores, los actores, en general, son anti-Trump. ¿Eso lo sentís en carne viva?

-Sí. Te digo, igual, yo soy medio un bicho raro. Hago la propia. Así que no estoy muy metida. No estoy metida en ningún ambiente y, al mismo, tiempo estoy metida.

-¿Cómo es eso?

-Justo ayer se burlaban de mí, porque estoy metida en todos los ambientes. Pero Nueva York siempre es una ciudad que, salvo en muy, muy puntuales ocasiones, vota al candidato demócrata por una enorme mayoría. Entonces, en realidad, tampoco es que hay nada nuevo bajo el sol en ese sentido.

-¿En la última votación fue igual?

-Salvo en este caso, en que el candidato demócrata viene de un costado muy extremo del partido. Y eso abre una serie de interrogantes. Mucha gente del mismo del partido demócrata está en contra. Es el candidato que salió electo con menos cantidad de votos de la historia reciente.

-Es cierto. Queda abierto un gran interrogante.

-Vamos a ver qué pasa. Pero es una ciudad en la cual es tremendamente aburrida cualquier discusión, porque sale el famoso tema de las élites costeras, que siempre van a ser de centroizquierda o muy de izquierda. Entonces tampoco es que exista demasiada discusión abierta y apasionante.

-Acabás de decir que te metés en todos lados. ¿Podríamos definirte, entonces, como que sos una metiche, según se dice popularmente?

-(Ríe) Sí, totalmente.

-Se agradece la sinceridad.

-Mirá, una vez mi marido me dijo que para él la definición de un buen día era cuando volvía de trabajar y la casa no estaba llena de extras que parecían salidos de una película de Fellini. Así que eso te da una idea de que conozco gente de bastantes zonas y ambientes distintos.

-Vida tumultuosa la de ustedes…

-Creo que es un poco lo que te pasa a vos porque, cuando tu trabajo es buscar historias, siempre te parece tan apasionante el ser humano en sí.

-Es lo que describe tu libro. Pero, convengamos, ¡tu marido es un santo! Llegar a la casa y encontrarla llena de gente, ok, un día se banca, pero al segundo ya dan ganas de agarrarte de los pelos.

-(Ríe) Bueno, mi suegra está escuchando, así que seguramente esté de acuerdo. Creo que eso es verdad, pero, después, los entretengo con las historias. Así que, una vez más, ganamos todos.

-¿La relación con tu marido es medio una historia tipo Jane Austen, tipo amor romántico? Preguntaba porque terminás por ese lado tu libro.

-Si escribís sobre Jane Austen es como que no tenés alternativa, aun si no se trate de ficción, que terminar con un casamiento, ¿no?

-Claro, siempre una boda en las novelas de Austen. Lo decís textualmente.

-Siempre una boda. Así que me sentí muy cómoda no saliéndome del canon. Aunque en realidad, todo lo que yo iba metiendo de mi familia y de a mí misma, era una excusa para hacer un punto de vista de persona normal.

-¿Con qué fin?

-Para que el lector, por ahí, pueda sentirse medianamente identificado cuando estoy reportando situaciones bastante extremas como son estos fanáticos tan absolutos de Jean Austen.

-Se entiende. Ahora bien, llama la atención el hecho de que tu libro, Queremos tanto a Jane, todo un homenaje a Jane Austen, empiece, desde la tapa, homenajeando a Cortázar. Es como una paradoja.

-Es una paradoja porque lo que ocurre es exactamente lo opuesto.

-¿En qué sentido?

-Porque el cuento corto "Queremos tanto a Glenda" le da nombre a uno de los libros más conocidos de Cortázar. Y ahí él cuenta cómo la gente que es tan, tan fanática de Glenda Jackson termina apropiándose o queriendo apropiarse de esta persona, o más bien de los personajes que interpreta, o una cosa medio híbrida. Y todo deriva en violencia. Por eso Queremos tanto a Glenda es un referente en la literatura argentina del fandom más absoluto.

-Y lo tuyo, en materia "fandom", es otra cosa.

-Lo que yo quería mostrar era que con Jane Austen pasa lo opuesto, pues se trata de toda esta gente que es tan, tan devota, tan, tan fanática. Pero en lo que termina es más bien en una sensación de hermandad que trasciende fronteras, casi una especie de culto. Un culto tremendamente democrático porque aborda desde los grandes intelectuales en las torres de marfil hasta gente que simplemente le copa la onda. Y lo increíble es que haya tan buena onda, justamente, entre todos ellos.

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"Cuesta abajo", uno de los libros de Juana Libedinsky.

"Cuesta abajo", uno de los libros de Juana Libedinsky.

-Describinos cómo fue tu itinerario personal, porque descubriste en tu entorno los libros de Jane Austen y te apasionaste de entrada. Uno suele tener recuerdos imborrables de sus primeras lecturas, pero, después, va evolucionando hacia otras vertientes. Vos no, seguiste profundizando, sin parar, hasta hoy, aquella primera huella juvenil. Llama mucho la atención.

-A mí también. Por eso fue increíble conocer a tanta gente, en tantas partes del mundo, que le ha pasado lo mismo.

-¿Y tu caso cómo fue?

-En realidad, nunca me hicieron leer nada. Yo era de esos niños insoportables que aprenden a leer solos y que leen hasta la parte de atrás de cualquier remedio, las contraindicaciones del remedio de la abuela que la abuela dejó de usar hace tiempo. Bueno, yo soy ese tipo de personaje.

-Lo sospechábamos.

-Por lo tanto, consumo de todo desde muy chica. Pero a Jane Austen la descubrí en lo de una tía abuela inglesa. Me volvió loca. No entendía exactamente porqué, salvo que en el nivel más elemental son estas historias de amor irresistibles, con el protagonismo de chicas listas que tienen que vencer distintos límites impuestos por la sociedad y todo termina en boda. ¿A quién no le gusta eso?

-¿A qué edad leíste por primera vez a Jane Austen?

-No tengo ni idea, porque no guardo el recuerdo de una vida anterior habiendo leído a Jane Austen.

-Pero más o menos, una aproximación.

-No sé, soy una mandaparte. Puede haber sido a los cuatro años.

-¿Pero a los cuatro años ya tenías un espíritu romántico, interesada en bodas y suspirando por los caballeros!

-Te diría que no. Lo que me gustaba, sin darme cuenta, era esa especie de ironía tremenda y la crítica social devastadora. Obviamente a esa edad no te lo hubiera puesto en esos términos. Pero mi lectura fundamental era la colección Robin Hood y dentro de eso me leía todo.

-¿Con qué preferencias?

-Lo que menos me gustaban eran las de aventuras tipo Azabache o Sandokan. Y las que más me gustaban eran Mujercitas o Papaíto Piernas Largas; o sea, las que tenían como protagonistas mujeres y un poco el esquema de que vencían ciertas estructuras impuestas por la época y que además buscaban el amor.

-¿Es una cuestión de género este tipo de preferencias? Los varones que leíamos la colección Robin Hood elegíamos sin dudar Los Tigres de la Malasia.

-Es muy probable. Pero esta es una cosa rara. Los primeros grandes fanáticos de Jane Austen eran hombres.

-¿Por ejemplo?

-Por ejemplo, Sir Walter Scott, autor de Ivanhoe, que es la novela de caballería por excelencia, con las cruzadas, guerras, lanzas y demás. Fue su primer gran, gran, gran fanático. Y cuando estaban en plena Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill cae enfermo. ¿Qué es lo que pide que le lean? Orgullo y prejuicio.

-Notables ejemplos, sin duda.

-Entonces hay toda una tradición de hombres ¡bien machos! yendo a la guerra, fanáticos, refanáticos de Jane Austen de todas las épocas. Así que por ahí es el momento de redimir ese pecado de juventud que me estás contando (risas)

-Sin embargo, Mark Twain la odiaba.

-¡Mark Twain la odiaban mal! Y hay muchos personajes que la odiaban mal.

-Pero este odio en particular es muy sugestivo.

-Mark Twain decía que, si se encontraba con Jane Austen enterrada, iba a sacarle el fémur y a golpearse en la cabeza hasta sacarse toda imagen de ella. O sea, unas cosas violentísimas. Algunos dicen que era muy de Mark Twain, para provocar. Otros dicen que es algo legítimo.

-Como sea, la anécdota vale.

-Pero para mí una de las cosas más lindas al investigar este libro fue descubrir la historia de una profesora norteamericana (Amy Elizabeth Smith) que vino a recorrer América Latina y fue fundando clubes de lectura de Jane Austen en los distintos países, hasta que llegó a la Argentina.

-Y aquí tuvo su epifanía.

-En la Argentina se enamora profundamente de un librero de la calle Corrientes (Hugo) que la esnobea horriblemente, la maltrata.

-Pero no queda ahí la cosa, como en las novelas de Austen.

-Todo termina siendo muy Orgullo y prejuicio, a pasitos del Obelisco. Y todo, por supuesto, termina en boda.

-Una boda muy particular, por cierto.

-Como les daba tanta bronca lo de Mark Twain, eligen Frogtown, que es la ciudad en el sur de Estados Unidos más emblemática del escritor, como lugar para casarse. Así que tuvieron un doble final feliz.

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La escritora Juana Libedinsky en el VI Master de Periodismo Cultural.

La escritora Juana Libedinsky en el VI Master de Periodismo Cultural.

-Es muy atractivo ese capítulo 5, que se titula "Mr. Darcy era un librero de la calle Corrientes". Y empieza con una nutrida recopilación de chistes que los latinoamericanos hacen sobre nosotros, los engreídos argentinos.

-Está buena la recopilación. Y como le parecía tan terrible y tan espantoso a esta pobre señora académica norteamericana cuando la escuchaba, yo le decía que estamos acostumbrados, más nosotros, los porteños, que ustedes, que son mejores personas. Así que, de vuelta, subrayo que está escuchando mi suegra (risas).

-Pero, además, hacés un enganche, hacés una gambeta tipo Messi, porque terminás el capítulo hablando de la expectativa que hay por el Mundial de Fútbol que se va a jugar en Estados Unidos.

-Exactamente, porque esta señora y su marido dicen que fueron felices, pero para comer perdices lo único que les falta es que ahora la Argentina vuelva a salir campeón. Se trata de esta cosa de que uno puede encontrar Jane Austen en todo, hasta en el fútbol.

-Una pregunta básica: ¿Jane Austen tendría esta popularidad mundial, en todas partes del planeta, si no hubiera sido por el cine? Hay muy pocos autores que hayan sido tan bien servidos por la pantalla como ella.

-Es totalmente cierto. Hay una serie de Orgullo y prejuicio, hecha por la BBC, que en 1995 lanzó a Colin Firth al estrellato mundial.

-Justamente.

-Pero lo que vos decís es exactamente así. Y cuando vas a las grandes reuniones de grandes fanáticos de Jane Austen, lo que encontrás es que muchos llegaron por el cine. Muchos otros también lo hicieron por el fanfiction, por ejemplo.

-Claro, uno siempre advierte todo este tipo de abordajes que tienen fenómenos como el de Austen.

-Hay un grupo en el noroeste de la Argentina de la Jane Austen NOA, que es muy fuerte también. Entran muchas veces por otro lado, les gusta la recreación de época, buscar muy específicamente los vestidos, la forma de bailar, la forma de comer.

-Una forma de vivir, en suma.

-Lo que me pareció muy encantador es que aun la gente que es muy, muy especializada, viniendo de un mundo muy intelectual, se muestra muy abierta. Todas estas son puertas válidas para llegar a ella y también es válida toda la parte creativa que surge después.

-¿Cómo qué?

-Por ejemplo, meter el argumento de Orgullo y prejuicio en una película de zombis. La versión tuvo mucho éxito y fue muy aplaudida. Había críticos que decían que no solo mantenía el espíritu, sino que los zombis, en realidad, podían ser interpretados como el fantasma de las guerras napoleónicas que estaba recorriendo Europa.

-Esto da una cabal idea de cómo se expande el mundo Austen en otros formatos.

-Tal cual. Y salvo Shakespeare, no hay posiblemente ningún otro escritor tan canónico que tenga el costado comercial y popular, tanto como el costado ultracanónico; y que, tantos siglos después, siga igual de fuerte.

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La autora Jane Austen.

La autora Jane Austen.

-Vos, además de leer los libros y asistir a los bailes de época, has visitado muchos lugares emblemáticos de Inglaterra. Queda en evidencia cuán atractivos son todos estos mundos de la aristocracia, de la realeza, de la alta sociedad a ambos lados del Atlántico para el cine y las series, ¿no? Se verifica en títulos como Bridgerton, The Crown, Dowton Abbey, etcétera.

-Sí, sí. Es irresistible porque la parte visual pega también. Y siempre está esa mezcla de escapismo con un cacho de cultura. Uno se siente que está consiguiendo todo. ¡Ay, qué culto soy! ¡Ay, qué bien lo estoy pasando!

-Muy bien entendido el fenómeno.

-Yo no soy una especialista, pero dentro de la sociología de la cultura hay bastante escrito sobre este atractivo, que va mucho más allá de un efecto de pura nostalgia.

-En las tramas románticas, hay una grieta, un River-Boca, que vos expresás al pasar en tu libro: los fanáticos de Jane Austen versus los de las hermanas Brontë. ¿Cómo ponemos en espejo esas dos vertientes?

-Cuando uno habla de la novela romántica inglesa, siempre son los dos grandes nombres que saltan. Y muchas veces la gente se confunde. Es natural, pero son radicalmente distintas.

-Diferenciemos, entonces.

-Jane Austen escribe con mucha ironía, con mucha distancia. Piensa mucho en la parte económica, sabe las repercusiones sociales. Como dijo Virginia Woolf, lo que está haciendo Jane Austen es trayendo una revolución, pero dentro de una taza de té. Hay estas cosas enormes, pero muy contenidas, tanto desde lo formal, de su forma de escribir, hasta del comportamiento de los protagonistas.

-¿Y enfrente?

-Las hermanas Brontë es todo lo contrario. Van por el "moor", por las estepas, en el frío de Inglaterra y se mueren de amor por estos personajes que se puede argumentar que, no solo son sociópatas, sino que, además, Mr. Rochester (Jane Eyre) es un asesino. Heathcliff (Cumbres borrascosas) es de terror. O sea, ¡es mala gente!... apasionada, sexy, maravillosa.

-Es cierto que no son muchos los que advierten estos matices.

-Hay quien, desde Virginia Woolf hasta Tamara Tenenbaum, para mencionar a alguien, que escribió mucho sobre esta diferencia. Pero aun en la vida cotidiana te marca.

-¿De qué manera?

-Yo tengo una amiga escritora que trabajó muchos años en Mendoza y ahora en Bordeaux porque está en la industria del vino.

-¡Qué interesante! ¿Cómo se llama?

-María Bohtlingk. Ella es escritora, su último libro se llama Cognac. Toda su ficción es autoficción y está muy relacionada con el alcohol y con la industria.

-Estupendo. ¿Cómo entra ella en esta historia?

-Ella siempre decía que yo era un bodrio. Cuando éramos preadolescentes, ella quería un romance tremendo, maravilloso, apasionado con alguno de los personajes de las Brontë. Pero ahora, pasada un poco la edad mediana, se empieza a dar cuenta de que quizás yo con los personajes de Austen tenía razón.

-¿Justificado en qué este juicio?

-En que esta cosa un poco más cerebral por ahí tiene menos atractivo sensual en un principio, pero para el largo plazo tiene lo suyo.

-Todos esos galanes que han generado las hermanas Brontë, Jane Austen y compañía, que han alcanzado su pico de gloria en el cine, pareciera que hoy, en el siglo XXI, han entrado en una suerte de decadencia.

-Sí. Hay mucho escrito sobre una gran crisis de la masculinidad en este momento. Y por ahí, el hecho de que estos galanes perduren, también tiene que ver con una nostalgia por los tiempos en los cuales había una demarcación más clara entre los sexos. Pero, por otro lado, hay muchos que dicen exactamente lo contrario.

-¿Qué es lo que dicen, en concreto?

-Hay un libro, por ejemplo, de Michael Kramp, Jane Austen y la masculinidad, que evalúa cómo en realidad muchos de estos personajes son muy modernos y adelantan gestos de apertura que se iban a ver muchos siglos después.

-Todos estos elementos, como decís, aseguran su vigencia en el tiempo.

-Una de las cosas maravillosas de Jane Austen es que gente que viene buscando cosas distintas, puede encontrarlas ahí también. Y como ella murió muy joven, dejó sólo seis novelas canónicas y su hermana quemó todas las cartas, es muy difícil encontrar exactamente el porqué de lo que ella quería decir. Así que este misterio también colabora con su permanencia.

-De todos los hombres que aparecen en las novelas de Jane Austen, ¿cuál es tu preferido? Si hubieras sido un personaje de ella, ¿de cuál te hubieras enamorado, perdidamente?

-Eh... creo que de todos.

-No vale, tenés que elegir uno solo. No existía el poliamor en tiempos de Austen.

-¿Me estás diciendo galanes de Austen? Respuesta: ¡poliamor total!

-Pero eso corresponde a este siglo, no cabe en el siglo XIX.

-(Ríe) Bueno, entonces te diría que voy cambiando. Hay un libro que se llama Persuasión, que fue un horror. Era sobre una mujer madura. Tenía 27 años, era fin del mundo. ¡Se le acababa cualquier oportunidad!

-Terrible para esa época.

-Para muchos quedó como la novela emblemática de la mujer madura, de las segundas oportunidades en el amor. Y el capitán Wentworth escribe una carta de amor, que posiblemente sea de las cartas de amor que hacen que estén muy adelante en cualquier ranking.

-Anotamos al capitán, entonces.

-Agrego una cosa muy chiquita. Otra persona que entrevisté para este libro es Mirta Inés Trupp, una autora argentina que vive en Las Vegas. Ella, cuando estaba en el Museo Histórico Nacional, encontró el cuadro de 1813 sobre Mariquita Sánchez de Thompson cantando el Himno Nacional argentino por primera vez. Y entró en shock porque vio que Mariquita estaba vestida como las heroínas de Jane Austen.

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-¡Nada menos!

-Mariquita estaba casada con Martín Jacobo Thompson. Y todos los marinos, que venían de entrenarse en la marina inglesa, estaban vestidos con el típico sombrero bicornio, lo mismo que los personajes de Jane Austen, particularmente en Persuasión.

-Una novela que, como has contado, está muy vinculada a la marina.

-En un momento, la protagonista de Persuasión, cuando el capitán Wentworth le declara su amor, es persuadida para decirle que no. Entonces él desaparece por siete años y en la novela nunca se sabe qué hizo durante ese lapso, dónde estaba.

-Una circunstancia clave. ¿Y qué relación hizo Trupp?

-Ella reimaginó que estaba en el Río de la Plata con los Thompson. De eso hace una novela diciendo que los Thompson lo convencieron de volver a Inglaterra y recuperar su amor. Así que eso hizo que Persuasión sea particularmente adorable para mí en este momento.

-Tienen, afortunadamente, una frondosa imaginación, ustedes, los llamados "Janeites". Para ir cerrando, vos, que conocés a fondo el mundo Jane Austen, de todos actores que han representado a sus personajes masculinos en películas y series, ¿con cuál te quedás?

-El poliamor sigue sin ser una respuesta aceptable, ¿no?

-Negociemos. Decime dos, pero no vale decir todos.

-Bígama, mínimamente, ok. Colin Firth, como dije, en la versión de la BBC. Hay un momento que figura en el libro y es muy emblemático: cuando él sale del agua con una camisa blanca que se le pega al pecho. Se supone que esa imagen fue la responsable de eso que mencionabas vos, de una gran, gran popularidad de Jane Austen y en particular de sus galanes en la pantalla.

-¿Y el otro?

-Alan Rickman como el coronel Brandon en Sensatez y sentimientos, de Ang Lee, que es una maravilla de filme. Me parece también muy dulce y actúa muy poquito, con menos gestos de los necesarios. Eso lo hace un poderoso actor.

-Y de todas las series y películas, que has repasado miles de veces, ¿cuál elegirías como canónica de Austen?

-Acá te respondo muy fácilmente. Hay una versión de Emma que se llama Clueless. Traslada al argumento de la novela a una secundaria en Beverly Hills, en los noventa, con el materialismo a ultranza y con todos los conflictos de un chico en una escuela secundaria. Está tan bien hecha que todo lo que es universal en Jane Austen lo traduce de manera maravillosa, con Alicia Silverston como actriz principal.

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