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José Parada y su aterrador catálogo de barbaries contra las masas: "Siento que vamos hacia una mejor humanidad"

José Gregorio Parada es escritor y docente venezolano, radicado ahora en Argentina. Es autor de Barbarie, que trata los crímenes de guerra y de lesa humanidad más atroces de la historia

La historia de la humanidad está signada, desde sus mismos orígenes, por la violencia. Es parte de nuestra condición. Nuestro indisoluble “lado oscuro”.

Las manifestaciones, desde entonces, han sido infinitas.

Entonces, para darle un sentido a tamaña acumulación de iniquidades -tantas y tan recurrentes, que causan estupor-, el venezolano José Gregorio Parada, doctor en Lengua y Literatura Francesas por la Universidad de Niza Sophia Antipolis, de Francia, para evitar dispersiones, se concentró en los casos de violencia extrema contra las masas.

El resultado es Barbarie, un libro que se autodefine desde la tapa: “Los crímenes de guerra y de lesa humanidad, genocidios, masacres, pogromos y actos terroristas más atroces de la historia”.

Este minucioso, aunque selectivo catálogo del espanto, podría volvernos definitivamente sombríos. Sin embargo, Parada tiene una visión esperanzadora del destino humano.

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Afincado desde hace tres años en Mar del Plata, da sus razones en el programa La Conversación de Radio Nihuil.

-¿Por qué has terminado en Mar del Plata, José? ¿Qué te trajo?

-Circunstancias de la vida. Después de las dificultades que había en Venezuela, decidí partir hacia Norteamérica; México, un tiempo; después los Estados Unidos y después estuve en Puerto Rico.

-Y finalmente por estos pagos, en Argentina.

-La razón que me trajo a Mar del Plata fue que mi hija se radicó acá para estudiar y, en consecuencia, esos nexos familiares calan más que cualquier otra razón. Así que desde hace tres años estoy deleitándome con la tranquilidad de la ciudad, con la compañía de mi hija y con los libros y la escritura.

-¿En qué momento dejaste tu país?

-En varias ocasiones tuve conatos de partida. El primero fue en el año '87, en que estuve en Jamaica un tiempo. Regresé un año después. Una segunda vez fue en Francia, en el '97. Una tercera vez, nuevamente en Francia, en 2008.

-¿Y la definitiva cómo fue?

-Mi partida definitiva fue en 2017, cuando la situación forzó a mucha gente a dejar el suelo venezolano.

-Esto es importante porque en tu libro hacés el recuento de matanzas, persecuciones, etcétera, pero también una de las penurias para mucha gente en el mundo es el desarraigo, el exilio, ¿no? Y vos lo estás viviendo en carne propia.

-Sí, una de las cosas que más pega a la gente es justamente apartarse del lugar que lo vio nacer y crecer y formarse. Eso pega muy duro porque, de alguna forma, uno se siente identificado con la tierra que lo vio nacer.

-¿Y acá cómo te ha ido?

-Por fortuna, Argentina ha sido un país que ha abierto los brazos de manera muy generosa a tal vez medio millón de venezolanos. Y eso es para mencionarlo y agradecerlo porque no tiene otro nombre. Ha sido muy bonito ese gesto argentino para con nosotros.

-Vos te has especializado en Julio Verne y has publicado diversos títulos en otras temáticas. ¿Cómo se te ocurrió esta idea de compilar las barbaries de la humanidad, desde la época del hombre de las cavernas hasta hoy? ¿Qué te motivó?

-Ciertamente, Barbarie sale fuera del rango del propósito inicial que yo tenía cuando me dediqué a escribir. Por lo general, solemos ensalzar lo bonito, lo bello, lo humano, lo transparente, la parte clara de la historia, pero solemos huirle mucho a la violencia, a este lado oscuro, sórdido, de la historia de la humanidad.

-¿Cómo diste el salto hacia lo otro?

-Estuve reflexionando muchísimas veces al respecto, porque soy medio fan de la historia de la Segunda Guerra Mundial. Y es verdad que ese capítulo es bastante bien conocido, pero, por lo demás, se les suele echar muchísima tierra a los otros eventos que son difíciles de tragar como lectura y luego difíciles también de admitir.

-¿Qué vuelta le encontraste?

-Pensé que era necesario reflexionar sobre la violencia. Pero para reflexionar sobre ella, es necesario también mostrarla. Hay que decir: pasó esto.

-El desafío es cómo mostrarlo, ¿no?

-No se puede decir que ser violento es malo, que ser violento es un tramo oscuro de la humanidad; no se puede reflexionar de esa manera. Hay que ir al ombligo de la violencia desde adentro, decir cómo ocurrieron esas cosas. Eso me motivó a mostrar de manera más o menos sencilla, si se quiere, esa parte oscura de la humanidad.

-¿En qué momento de tu trayectoria estabas?

-Me lancé hace un poco más de cuatro años y estando en Puerto Rico tuve la oportunidad de contar con bastante tiempo libre para dedicarme a compilar el material y trabajar en algo que fuese, por un lado, de fácil digestión lectora y, por otro lado, que también intentara mostrar ese recorrido a través de la historia de la violencia.

-En general, cuando alguien investiga debe rastrear diversas fuentes para compilar material de trabajo. Tu caso es exactamente al revés. La historia humana ofrece una cantidad infinita de muertes e inequidades. ¿Cómo hiciste para descartar y seleccionar lo que finalmente has puesto en el libro? ¿Cuál fue el criterio?

-Es una excelente pregunta porque, de verdad, fue un reto para mí, primero definir el rango de investigación. Y, en segundo término, poder filtrar, pasar por un tamiz, lo que debería tener esa investigación y lo que no.

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"La Universidad de Maryland ha contabilizado, en treinta años, desde 1970 hasta 2005, más de ciento veinticinco mil casos, así que es imposible tratarlos todos", explicó Parada.

"La Universidad de Maryland ha contabilizado, en treinta años, desde 1970 hasta 2005, más de ciento veinticinco mil casos, así que es imposible tratarlos todos", explicó Parada.

-¿Por dónde empezaste a tirar del hilo?

-Empecé por el tema violencia, que es extremadamente amplio. Luego, ¿cuál violencia? La violencia individual la dejé de lado porque es un tema que ha sido muy, muy, muy bien tratado desde tiempo atrás. Así que me quedé entonces con el tema de la violencia de masas o contra las masas.

-La violencia contra una cantidad importante de gente, para decirlo en criollo.

-Exacto. Pero este tema todavía sigue siendo bastante extenso, a tal punto que, por ejemplo, en el tema del terrorismo, hablando de actos terroristas, la Universidad de Maryland ha contabilizado, en treinta años, desde 1970 hasta 2005, más de ciento veinticinco mil casos, así que es imposible tratarlos todos.

-Otra selección, entonces.

-Había que pasar de nuevo el tamiz y decir, ok, el terrorismo va a ser una parte pequeña de este libro, pero hay que mostrar casos icónicos. Muchos de ellos son conocidos, otros menos. Pero la idea era tener una continuidad cronológica que fuese como un muestrario de lo que ha sido la violencia desde la prehistoria hasta la actualidad.

-¿Te costó ese pasaje por el tamiz?

-A ver, es cierto que, en ese sentido, el libro puede ser acusado de favoritismo de unos eventos en detrimento de otros. Esa puede ser una crítica negativa, pero, al fin de cuentas, no se pueden complacer a todos los gustos. Y este fue un reto tremendo que tuve que superar.

-¿Y en cuanto a las guerras?

-También era necesario mostrar un poco sobre las guerras, pero yo no quería que se tratara de una lista expuesta de esos acontecimientos. Y si hay eventos de los que hui preferentemente, fue de las guerras, porque hay ya tratados casi enciclopédicos que hablan sobre eso, por lo que también lo dejé más o menos de lado.

-En tu recuento hay canibalismo, esclavitud, terrorismo, torturas, etcétera, pero ¿cuál de todas estas barbaries te interpeló más a vos? ¿Cuál te dejó en estado de incredulidad?

-Hay muchísimos, casi innumerables casos, pero algunos me vienen a la mente. Uno de ellos fue una masacre horrible ocurrida en Tesalónica hacia el año 392. Para entonces, Roma era un vastísimo imperio que gobernaba incluso lo que es la actual Grecia.

-¿Y qué pasó ahí que atrajo tu interés?

-Un buen día ocurrió un evento medio particular. Un auriga, es decir, un conductor de coches de la época, al parecer tenía una especie de relación posiblemente homosexual con el prefecto del lugar.

-¿Era muy escandalosa para la época?

-Hubo toda una revuelta, puesto que, por reclamos de esta relación prohibida, el auriga fue apresado. Y entonces hubo una revuelta social para que lo liberaran. La gente protestó a las puertas de la prefectura y en ese hecho resultó muerto el prefecto y otros que estaban en su círculo. El emperador, estando en Milán, al enterarse, exigió justicia y mandó a matar a todas las personas que asistieron.

-Una cantidad importante, ¿no?

-Los soldados partieron y la orden fue cumplida a cabalidad. Encerraron a todos en el teatro de Tesalónica y por lo menos unas cinco mil o más personas murieron, pasaron por el filo del cuchillo de los romanos.

-Pero esas cosas no son muy conocidas.

-No. Justamente, son hechos curiosos de la historia que no se conocen. Esa es la otra historia. En la historia oficial solo se cuentan los grandes hechos románticos y pasiones, las grandes vías, pero luego, también, hay entretelones de mucha violencia.

-Que es lo que nos interesa, en este caso.

-Claro. Volvemos al principio de las cosas. La violencia existe cuando se quiere dominar al otro y para dominarlo se necesita imponer la fuerza. Ese es el principio y el resumen de lo que podría ser Barbarie.

-Por supuesto, porque vos decís que los fines de la violencia están íntimamente ligados a un conflicto de autoridad, a la lucha por el poder. Eso define mucho el carácter de tu libro.

-Exactamente. No existe violencia sin un fin per se. La violencia puede ser el resultado ciertamente de un estado colérico de alguien, pero el problema está cuando la víctima es numerosísima, cuando hay decenas o centenares o miles o, en algunos casos, millones de personas que mueren por mentes macabras. Y eso está íntimamente ligado a cuánto deseo de imposición hay sobre el otro.

-Bajo motivaciones que, al mismo tiempo, son sumamente diversas.

-Por ejemplo, si se quiere conseguir territorio, si se quiere conseguir gobernar un lugar, extraer recursos minerales o agrícolas. En fin, por razones diversas siempre se utiliza la violencia para imponer el criterio.

-Vayamos al título. La Real Academia tiene dos acepciones del término "barbarie". Una dice que es "falta de cultura o civilidad". La segunda la define como "fiereza, crueldad". ¿Cuál de las dos te cierra más para aplicar a tu libro?

-En términos bien precisos yo me identificaría con la segunda acepción. Pero lo tremendo de todo es que el término barbarie y bárbaro, en griego, hace referencia al otro, a aquel que no es capaz de entender mi lengua. O sea, de una definición más o menos sencilla, pueril, el término fue evolucionando hasta llegar a eso, a identificarse con el uso de las fuerzas; y las fuerzas están legítimamente ligadas a la palabra fiereza.

-A la coacción.

-Es decir, imponerme al otro utilizando el poder físico de dominación. Pero hay que entender también que aquel que utiliza la fuerza para vencer al otro también tiene una falta de civilidad y falta de espíritu. O sea que nos quedamos un poco con las dos definiciones.

-Le hicimos la misma pregunta a la inteligencia artificial. Gemini da varias acepciones y termina diciendo, en resumen, que la palabra barbarie se utiliza para describir actos o situaciones que se consideran inhumanos, brutales o salvajes y que son contrarios a la cultura de la civilización.

-Es impresionante lo que hace la inteligencia artificial hoy en día. En efecto, se trata de una imposición que utiliza recursos sórdidos. Y justamente la palabra violencia, que está íntimamente ligada a barbarie, es eso, la fuerza, porque es medible.

-¿En qué sentido es medible?

-Aunque suene muy feo lo que voy a decir, se puede cuantificar, por ejemplo, el número de moretones que hay en una persona, el número de balas que entra en una persona, el número de golpes que recibe. Eso es lo único cuantificable y visible. Por lo demás, también se puede hablar de fuerza o de barbarie cuando alguien utiliza el tono de voz muy elevado para agredir a otro, pero es una fuerza que no se puede medir desde el punto de vista físico, no hay medición de eso.

-De los nueve capítulos que conforman tu libro, en el quinto hay un apartado que nos llega muy de cerca, "Cinco siglos de matanzas en las Américas", con detalles muy reveladores.

-Sí. Este es un capítulo bastante triste de la historia de la humanidad, pero a veces nos cegamos. Y esto toca con las tendencias políticas que puede haber en la persona o sus creencias o sus arraigos ideológicos. Entonces se puede ver la historia de distintas maneras.

-¿Cómo te plantás vos frente a esta disyuntiva?

-A mi modo de ver, la historia no se puede modificar. La historia se trata de hechos que están en un pasado ya fijo, pero con la posibilidad de que, en el futuro, si nos miramos en ese espejo, podamos sortear las etapas oscuras y salir airosos en la debacle que podemos tener en el presente.

-¿Cómo lo aplicamos a la Conquista?

-Justamente, el descubrimiento de América, que implicó la muerte de varios millones de personas de este lado del mundo, ha sido explicado según la lista completa. Pero la lección a aprender de eso es que, por un lado, no debemos tirar la historia a rajatabla y considerar más bien las cosas en un contexto específico.

-¿De qué manera?

-Por ejemplo, no todas las muertes de los indígenas fueron ocasionadas de manera directa por los mosquetes y la pólvora traídos por los españoles.

-Eso es clave. Vos contás que la mayor mortandad fue ocasionada por cuestiones de salud porque los españoles y los europeos traían enfermedades y virus para los cuales los habitantes originarios de América no tenían protección natural.

-Exacto, no tenían anticuerpos y, en consecuencia, el grueso de esas personas que murieron fue causada, de manera indirecta, por la llegada de los conquistadores. Esa sería una arista con la que debería mirarse este evento.

-Pero hay otras aristas...

-No obstante lo que ocurrió aquí en América Latina, también allá, en Norteamérica, hubo una colonización más o menos parecida y tuvo consecuencias similares. Y, bueno, se dieron al tráfico millones de vidas de aborígenes.

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José Parada consideró que las religioners juegan un papel importante en la generación de violencia.

José Parada consideró que las religioners juegan un papel importante en la generación de violencia.

-Ahora bien, ¿cómo fue la convivencia entre ambos mundos?

-El cuento es que, una vez que los conquistadores, con el paso del tiempo, se convierten en colonos, también ellos, en nombre de la posesión de territorios y de expansión política, con la conciencia de ser americanos, también ocasionan muertes a aquellos que son sus congéneres y casi hermanos de nacimiento por tierra.

-Una marca que quedó instalada a través del tiempo.

-Creo que con el paso del tiempo ha sido muy poco lo que hemos aprendido de lo que nos enseña la historia. Todavía aquí en la Argentina, en el siglo XIX, es tremenda la relación de Buenos Aires, después, en general, con la conquista del sur. Y eso ocurría hace solo un siglo y medio.

-Insistiendo sobre el tema de las enfermedades heredadas, gracias a tu trabajo tomamos conciencia de que los europeos trajeron la viruela, el sarampión, el tifus, la gripe, la difteria, las paperas, las sífilis y la peste neumónica. Nada de eso estaba en nuestro continente.

-Exacto, sí. Es una forma indirecta de genocidio. Se puede utilizar un término, tal vez eufemístico, para tapar las cosas.

-El factor religioso ha tenido, en general, algo que ver con las barbaries y las barbaridades. Se percibe, hoy, en el conflicto entre Israel y Palestina. O en el pasado con la Inquisición, las Cruzadas, etcétera. ¿Cuál es tu opinión?

-En efecto, es una certera pregunta porque, todavía en el siglo XXI, las religiones siguen jugando un papel determinante, no solamente en la postura que el individuo tenga respecto del mundo, sino también en sus acciones.

-Una guía para un lado u otro.

-Hay, en la hora actual, quienes creen, después de cometer un acto terrorista, que están haciendo algo que es considerado correcto, benéfico para su causa. Ante los ojos de la razón, eso escapa a toda lógica posible puesto que un individuo más o menos preparado, o sin mucha preparación incluso, sabe distinguir muy bien las fronteras del bien y el mal.

-Siempre ha sido así, es de suponer.

-Desde el principio de los tiempos, la religión ha guiado al hombre a cometer actos en nombre de un grupo, en nombre de lo que ellos llaman verdad o en nombre de una identidad, a cometer actos violentos en contra de aquellos que son considerados infieles o el nombre que pueda dárseles, es decir, aquellos que no profesen la misma concepción religiosa.

-Y no es un tema menor, justamente.

-Bueno, hay un montón de casos de la historia que muestran este tipo de comportamientos. Ya lo han dicho ustedes: la Inquisición; más atrás, los procesos contra los cátaros; contra, por ejemplo, los templarios; más recientemente, todo lo que hemos visto contra el pueblo judío y/o también contra el pueblo palestino.

-Como vos decís, los actos terroristas, a veces, generan actos contraterroristas que son tan complicados como los otros.

-Es impresionante la manera, por ejemplo, cómo en Estados Unidos se ha catalogado el hecho terrorista en un cajoncito que más o menos tendría las siguientes etiquetas: musulmán, originario de un país de habla árabe o donde se practique el islam, ergo, terrorista. Sin embargo, cuando el mismo acto, incluso con menos impacto desde el punto de vista de víctimas o de daños físicos o materiales, es causado por un norteamericano de nacimiento, de origen, etcétera, entonces allí se alude a sus dificultades mentales o problemas de comportamiento o lo que fuera, pero nunca se habla de actos terroristas.

-Sí, se establecen marcas diferentes.

-Así que esa es una etiqueta que se pasea entre la percepción política y como excusa para señalar a otros países o tener también el pretexto de invasiones.

-Asombra que, al final de tu catálogo de ignominias, en las conclusiones, tengás un diagnóstico tan esperanzado. Decís: "Creemos en que el buen juicio y los profundos deseos de paz serán los móviles de los gobiernos futuros". ¿Estás muy seguro, José?

-Yo pienso que la humanidad está dando lentamente pasos hacia un consenso. Se hacen cada vez más evidentes las legislaciones en contra de quienes agreden a los seres humanos. También hay muchísimas reflexiones al respecto.

-¿Como qué, por ejemplo?

-Hay también todo un aparataje legal que persigue a aquellos que causan daño a los demás como de lesa humanidad o de terror en la guerra. Yo tal vez estoy hablando en términos distanciados en el tiempo, a largo plazo.

-¿Cuán largo?

-Siento, sí, que la humanidad muy lentamente está haciendo ese paso y, por supuesto, reconozco que la violencia sigue estando aquí, al lado, en el vecino, en países que quieren hacer la guerra. Y eso taparía o le echaría muchísima tierra a lo que yo estoy diciendo.

-Pero no te hace bajar los brazos.

-Tengo la esperanza, por lo que pude observar, de que hay pasos lentos, pero seguros al respecto. Así que siento que sí, que vamos hacia una mejor humanidad.

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