Las crisis, políticas y económicas son un mal no erradicado en esta parte del planeta, que va saltando de país en país, y que obliga a una casi permanente migración de los sudamericanos. Tan fuerte pegó en Venezuela, que son miles los que vinieron la Argentina y nuestra provincia buscando nuevos horizontes. Este el caso de José Miguel Vivas, quien pese a que tanto en su tierra, como en la nuestra es difícil ejercer el periodismo y la locución, sus vocaciones y pasiones lo llevan a soñar con trabajar acá, en Mendoza, donde ya se siente como uno más tras un año de residencia.
Desde su Maracaibo natal comenzó a ejercer la profesión que ama este Licenciado en Comunicación Social y docente, haciendo radio y televisión, principalmente, pero los problemas económicos, sumados luego a los políticos que vive la hoy convulsionada Venezuela lo hicieron tener que arrancar sus raíces y buscar nuevos rumbos. Primero fue Panamá su destino, pero ahí no pudo florecer como profesional, y su brújula interna le apuntó Argentina.
"Yo trabajaba en una emisora de televisión que fue estatizada. En tanto trabajaba en una radio, que era independiente y con emisoras en todo el país, y al principio no hubo problemas. Luego la cosa se fue tensando, los directivos del canal pensaban que había incompatibilidad ideológica, y ésto, sumado a que en lo económico no me redituaba, hizo que pensara en irme", cuenta José Miguel sobre los motivos de su partida de Venezuela.
"Con un amigo de la radio charlamos en el 2016 sobre irnos y él me contó que se iba con su esposa a Panamá, y yo decidí partir con ellos", recordó Vivas.
Pero en ese país nada fue como esperaba. "Era muy difícil conseguir trabajo en blanco, ya que los permisos son muy caros -3.000 dólares- y hay carreras que están vetadas para los extranjeros, y una de ellas es el periodismo. Trabajé un tiempo -en negro- en un market y al poco tiempo me volví a Venezuela, con la idea de venirme a Argentina", explicó el periodista.
Argentina: una prueba de fuego para su fe
Nada fácil le fue a José Miguel vivir en Buenos Aires, ya que por desencuentros con el gestor que le iba a conseguir los documentos con sus antecedentes penales, algo que exigen para entrar a Argentina, en Caracas (él es de Maracaibo), se tuvo que venir sin papeles. "Fue muy difícil tratar de conseguir trabajo, y encima indocumentado. Estuve alojado en la casa de una familia amiga que me recibió, en el barrio de San Telmo, pero cuando se me fueron acabando los ahorros, me tuve que ir. "Nunca voy a olvidar que fue un sábado por la noche. Agarré la valija y salí a la calle, sin dinero, sin tener dónde ir, sin poder avisar a mi familia de mi grave situación, como es estar en otro país y sin recursos", rememora el venezolano con mucha angustia, ya que la situación fue crítica.
"Enfrente de donde vivía había una iglesia, y más que para tener a alguien que me escuchara, tener un contacto humano, entré al templo. Allí un padre me dijo que no me preocupara, y me recordó un versículo que sabía de niño: "No os preocupeis por el mañana, porque cada día trae su propio pan", me dijo", relató el joven que nació en una rica ciudad petrolera.
Como si hubiese sido atravesar una tormenta, llena de lágrimas, al terminar, salió el sol para José Miguel. "El cura me dio dinero para que durmiera en un hotel, a los pocos días mi hermano, de paso a Chile, estuvo en Buenos Aires, y conseguí un trabajo en un call center", explicó el emigrado, quien estuvo dos años en la capital, donde conoció a una persona que le cambió su vida: su novia mendocina.




