“Tengo una mezcla de sensaciones. Por un lado estoy contenta, porque se ha instalado el tema. Por otro estoy preocupada, porque sigue habiendo rechazo a estas cosas, entre ellas el lenguaje inclusivo, sin entender qué significa”, dice Carolina Gutiérrez.
Esta mañana de escuela no fue una mañana cualquiera. Desde hace un par de días ella es eje de una polémica o, más bien, quien se animó a generarla.
Es la vicedirectora de la escuela Blanco Encalada, donde se anima desde comienzo del año escolar, momento en que tomó el cargo por concurso, a dirigirse a los alumnos como “todos, todas y todes”. Y se animó, pese a que sabía que habría quienes la criticarían.
Tiene 46 años y la mitad de ellos los ha dedicado a la docencia. Tiene 3 hijos y un nieto, y la mitad de su vida los ha dedicado a ellos.
Cuando llegó a la mañana a la escuela, se encontró con carteles en el frente que la apoyaban.
“Los pusieron anoche y no tengo idea quienes fueron, creo que un grupo de jóvenes. Cuando llegamos esta mañana a la escuela había un montón de cartelería, en apoyo al lenguaje inclusivo. Yo los saqué antes de que llegaren los padres y los alumnos, porque esto se iba a convertir en una guerra campal y yo no pretendo eso. Agradezco muchísimo el apoyo, pero tenemos que hacer visibles estas cosas un poco más tranquilos y más relajados”, dice.
Es sanmartiniana y los primeros años de docente los ejerció en una escuela de Guaymallén, donde estuvo 10 años. Después dio clases en San Martín y ahora, desde el comienzo del ciclo lectivo 2019, es vicedirectora en Junín.
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“Me había presentado en un curso anterior, pero me faltaban tres meses de antigüedad y no pude rendir. Entonces me puse a hacer una licenciatura en Gestión Institucional y Curricular, en la Facultad de Educación”, dice.
Pero esa licenciatura solo fue el germen de una inquietud. “empecé a indagar más en la Facultad, en los departamentos de investigación y me inscribí en una maestría en Integración Educativa y Social”.
Dice que “trabajar, estudiar y atender mi casa no es algo simple”, pero que está entusiasmada. Su tesis se basa en la integración de alumnos homosexuales en el ámbito educativo.
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“Siempre, desde chica, me interesó llevar la voz de las minorías. Mi personalidad es así”, cuenta, y dice que “cuando estaba haciendo la maestría, empezamos a elegir los temas de la tesis y empezamos a hablar de la diversidad. La mayoría la relacionó con la discapacidad. Justo en ese momento yo me hice amiga de un chico gay, que me contó su historia desde pequeño. Y entendí que desde la escuela no hay ningún tipo de inclusión, que el niño lleva ese dolor desde que nacen y lo sufre con la familia, la escuela y en la sociedad”.
Carolina tiene en la escuela alguna experiencia y un relato cercano sobre eso. “Conozco personas que han Sufrido situaciones muy tristes, que han tenido que esconder su identidad sexual, que han sido muy golpeadas, muy lastimadas. Por eso entendí que es momento de ver esas cosas y trabajar para la igualdad y la inclusión”.
Sabe que es difícil, que en las ciudades chicas es más complejo aún, “pero había que empezar, algún día”.


