La incidencia de las adicciones en los problemas de salud mental de la población de Mendoza, sobre todo en los más jóvenes, se incrementa cada vez más y el consumo de crack es uno de los más preocupantes. Los datos hablan por si mismos. De aproximadamente 600 atenciones de guardia que se realizan por mes en el hospital El Sauce, 240 son por adicciones, principalmente a la sustancia mencionada. Así lo manifestó el médico psiquiatra Juan José Vilapriño, director de la institución.
Según explicó el especialista, el consumo de crack ha aumentado en la población más joven, entre los 17 y 27 años y sobre todo en la de más bajos recursos. Esto se ha incrementado exponencialmente en los últimos tiempos. Por este motivo, Vilapriño y su equipo médico, con el visto bueno del ministerio de Salud de Mendoza, han proyectado la apertura de un centro de desintoxicación, que funcionará en el ala antigua y por el momento en desuso del hospital. Allí se sumarán 40 camas para la atención de personas con este tipo de problemáticas
“Gran parte de las internaciones hoy son por crack. No es como el paco, es peor: no se sabe qué tiene, puede llevar cualquier cosa, hasta derivados del fentanilo”, advirtió.
Por este motivo, el hospital no solo realizará el abordaje de emergencia y la etapa de desintoxicación, sino que el programa es integral. El director lo explicó en detalle.
Cómo funcionará el centro de desintoxicación en El Sauce
El espacio que se está remodelando es el primer edificio del hospital, construido en 1952. La mitad ya funciona como área de rehabilitación; la otra, vacía desde hace años, será reconvertida en un servicio inédito para el sistema público provincial, con capacidad para más de 40 camas.
Vilapriño contó que el pabellón tendrá dos áreas, la de desintoxicación aguda, donde se realizará la primera atención de guardia, cardiología, farmacia y laboratorio de urgencia, similar a la atención del Hospital Central pero en menor escala.
En tanto, también tendrá un área de "deshabituación", una internación de 21 a 28 días en un entorno de abstinencia, con trabajo intensivo psicológico, psicosocial y familiar.
“Hoy a los pacientes con adicciones graves se los interna siete días y salen directo a un ambulatorio. La recaída es moneda corriente. Queremos romper con ese esquema y ofrecer tratamientos más largos y más acompañados”, señaló el médico.
El perfil de quienes consultan por adicciones
El Sauce atiende unas 70 personas por día entre guardia y consultorios externos. El 40% de los casos agudos está asociado al consumo, incluidos episodios de violencia, crisis psiquiátricas y cuadros severos por sustancias.
Aunque el consumo puede aparecer desde los 10 o 11 años, la franja predominante en las internaciones es de 17 a 27. “Tenemos pacientes de todas las edades, incluso gente de 70 años, pero la mayoría es joven”, indicaron.
Innovación terapéutica para atender depresiones graves
El hospital también observa un incremento marcado de intentos de suicidio en adolescentes y adultos jóvenes. Ante ese escenario, incorporó un tratamiento pionero en el país: microdosis de ketamina para ideación suicida y depresión resistente, un abordaje que ya cuenta con aval internacional.
“Con este tratamiento, en poco tiempo desaparece la ideación suicida. Es muy rápido y efectivo. En el hospital El Sauce se aplica hace poco más de cuatro meses, y es un centro pionero en este tipo de tratamientos.
En el país no hay muchos hospitales que hayan puesto en marcha este tipo de terapia, Mendoza y el hospital Fernández de Buenos Aires son los que están llevando adelante el tratamiento con ketamina. El procedimiento se realiza bajo supervisión estricta y permite evitar internaciones prolongadas.
Por qué aumentan los casos de adicciones
Para el profesional, el crecimiento de las adicciones y las crisis emocionales responde a una combinación de factores, por un lado el deterioro del tejido social, como esos espacios comunitarios que estábamos acostumbrados a habitar cuando nuestra generación de los '90 fue adolescente: clubes, organizaciones culturales y espacios comunitarios e incluso grupos en las parroquias y otros espacios religiosos que hacían -y algunos aún hacen- trabajo solidario. Todos estos dispositivos están debilitados.
Otro de los aspectos complejos es la desintegración familiar. La familia como la conocimos las generaciones que ahora somos padres y madres ya no existe. El individualismo le ganó espacio a la vida familiar. Esta situación hace que las adicciones echen raíces rápidamente y se expandan.
En cuanto a los sistemas sanitarios, es más que esperable que el de salud mental se encuentre colapsado y operando al límite.
También es un motivo importante la falta de dispositivos de mediano y largo plazo, que permitan sostener la abstinencia.
“No es sólo la droga: es todo el tejido social lo que se rompió alrededor”, resumió el especialista.




