Cuando lo inaccesible del lugar hace casi imposible el salvataje de un deportista en peligro, y los minutos pueden significar la vida o la muerte, la salvación puede llegar desde el cielo, literalmente. Es que el Parque Provincial Aconcagua tiene un servicio de rescate en helicóptero, y uno de sus pilotos es casi leyenda en el medio del andinismo y la aviación. Su nombre, Horacio Pedro Freschi, aunque también se lo conoce como El Duro.
El Duro Freschi es uno de los personajes destacados de los deportes de montaña en Mendoza y el país. Se inició en el ámbito militar, pero luego le tomó el gusto a la impronta de salvar vidas, en vez de quitarlas, como es muchas veces el deber castrense. Con años -horas de vuelo- de experiencia volando en helicóptero en el Aconcagua, sus acciones son garantía de idoneidad para realizar rescates en la alta montaña.
Su casa estaba en un punto estratégico del conurbano bonaerense, y de chico descubrió que quienes pilotaban estas estruendosas naves que rompían la barrera del sonido sobre su barrio eran sus amigos, y se sentía parte de esa cofradía de amantes del aire. Pero su futuro no lo llevó a los afilados Mirages III de la cercana base de Morón, sino a los helicópteros, que ya de adulto lo enamorarían, y le darían las "alas" para ayudar a salvar vidas.
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"Como a los cinco años, cada vez que sentía el zumbido de los aviones, que eran los Mirages de la Fuerza Aérea que iban y venían de Morón, me subía al techo de la casucha del Tony, el perro de mi viejo, y saludaba diciendo "¡chau amigos!". Pasaban estos aviones, y detrás venía la onda expansiva de cuando rompían la barrera el sonido. Ahí supe que quería ser piloto", relató Horacio Pedro Freschi -El Duro-, tal como se lo conoce en el ámbito del cerro Aconcagua, donde pilota el helicóptero de la empresa Helicopters.AR S.A., para la patrulla de rescate del parque provincial.
En busca de sus propias "alas"
Otro tema, recurrente para todo niño que creció a principios de los años '70 -Horacio tiene 52 años-, es esa pasión bélica, fomentada por el cine y las series de TV, donde se relataban hazañas de la Segunda Guerra Mundial. "Hay otro factor que siempre me gustó fue el del uniforme. Veía películas de aviación en la guerra y siempre me atrapó", dijo el piloto.
Ya en la juventud, llegó el momento de dejar de soñar e ir a concretarlos. "Cuando llegó el momento de hacerme piloto, la única opción que creí que tenía era la Fuerza Aérea, no tenía noción que habías otras instituciones militares que podían tener medios aéreos", recordó Horacio. "De todas estas fuerzas, sin volar, la que más me llamaba la atención era Gendarmería. Por algunos hechos, la mayoría fortuitos, no tomé la decisión de ir a la Escuela de Aviación Militar en Córdoba, y decidí ir a la escuela de Gendarmería", agregó.
Luego llegó el asesoramiento de un vecino, que era oficial de Gendarmería, y su papá suboficial, supo que la institución "Centinela de la Patria" tenía su propia aviación, y eso encendió una lucecita de esperanza en el interior del Duro. "Cuando supe que Gendarmería tenía aviones y helicópteros me puse contento. Una vez adentro de la escuela General Martín Miguel de Güemes, me enteré que si quería ir al curso de aviación tenía que ser "antiguo", o sea, tener buenas calificaciones dentro mi promoción y estar entre los primeros", contó el radicado en Mendoza.
Cambiando alas fijas por alas rotativas
"Gracias a Dios pude salir entre los primeros de la promoción, segundo, la del año 1991, donde egresé como subalferez, y pedí como destino ir al Norte, a Clorinda, frente a Asunción del Paraguay", destacó Freschi sobre un momento que pronto cambiaría su vida.
"Estando en Clorinda, el 25 de mayo la ciudad se inundó. Se rompieron las contenciones y el agua avanzó por la ciudad. Entonces la Superior Institucionalidad envió un avión, un Pilatus Porter, que no pudo aterrizar porque la pista estaba anegada", detalló, para continuar con el momento clave en su profesión. "Al otro día mandaron entonces un helicóptero, un Hughes 500 C. Cuando lo vi aterrizar en la plaza de armas del Escuadrón 16, ahí nació mi amor por los helicópteros. Esto es para mi, pensé", confesó.
Claro que luego tendría que sortear algunos problemas internos, donde a su promoción no la convocaron para los cursos de vuelo, al año siguiente 1994, llegó el llamado, pero el jefe de escuadrón le negó el permiso de ir a la escuela porque era uno de los más antiguos. "Una día el jefe tuvo que salir fuera de la jurisdicción, así que aproveché, pedí la autorización para hablar con el segundo jefe, y este me firmó el permiso, así que pude ir a la preselección", dijo el Duro.
"Cuando rendimos salí primero en el orden de mérito, y pude elegir, así que elegí helicópteros, así que en el año '95 pude ir a la escuela de aviación del Ejército. La verdad que ese fue un año maravilloso para mi. Más allá de lo que se piensa, que puede haber roces entre las distintas armas, la verdad que tuve unos compañeros maravillosos y hubo mucha camaradería. Tuve muy buenos instructores, entre ellos quien fue mi "padre aeronáutico", que creo que terminó siendo teniente coronel, De Lucca. También recuerdo al teniente Domínguez, entro otros", rememoró sobre sus inicios.
Los helicóptero Lama y su llegada a Mendoza
Pronto le llegaría a Horacio la oportunidad de realizar sus sueños. "En el año '96 estaba en Campo de Mayo, en Escuadrón de Apoyo de Aviación, sumando algunas horitas en el sistema Hughes 500 C, y ese año hubo varios accidentes de helicópteros, entre ellos el del Lama (Aérospatiale SA 315B Lama) de la Fuerza Aérea en el Cordón del Plata, otro en Tucumán, pero el más importante para nosotros fue en abril, un Lama de Gendarmería, durante una operación logística de relevo, en Calafate, donde se mataron todos. Cómo hubo una seguidilla de accidentes fatales desde el año '93, se replanteó el tema en la institución, pero no hubo cambios drásticos. Tuve la oportunidad de ir a reemplazar a la tripulación fallecida, y me fui a Río Gallegos, donde estuve en los años 1997 y '98", detalló.
Varias cuestiones sentimentales lo ataban a Mendoza, y una de ellas en especial. "Desde fines del '98 hasta junio del 2002, estuve en Trevelin, que era una sección que se había formado nueva. Desde julio del 2002 se cumplió lo que fue un sueño para mi, que fue venir a Mendoza. Yo ya conocía porque mi novia, actual esposa, vivía y estudiaba arquitectura acá. Además en el 2001 yo había hecho el curso de vuelo en alta montaña con quien fue mi mentor, Basualdo, y en agosto de ese año volé por primera vez en Aconcagua" confesó.
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Al ámbito privado
Recordando su vinculación con el servicio de rescate del Aconcagua, contó: "Volé la temporada 2001/02 en Aconcagua, y ahí conocí a Diego Góngora, actual presidente de la compañía donde hoy trabajo, y que en ese momento era guardaparque allí. Luego se dio la situación de un camarada, de promociones más recientes, pero referente en la aviación militar, que se pasó al campo civil. Estas cosas me ayudaron a que empezara a pensar en el tema, investigar, a pesar que amaba el uniforme y estar en la institución (Gendarmería)".
Luego agregó El Duro: "Finalmente se dio la situación donde una amigo en común con Diego (Góngora) me comentó que se iba a empezar a armar una empresa de servicios aéreos, y entonces le dije que si les hacía falta un piloto, avisaran. Me invitaron a venir a Aconcagua en marzo del 2005, volamos y me gustó, pero aún tenía cierto temor en dejar "lo conocido", que era lo militar".
La vida de Freschi llegó a una encrucijada, y fue hora de tomar una decisión definitiva. "Llegó un día en que me decidí, tomé coraje y pedí el retiro en la institución, que es un trámite ya establecido, donde con más de 15 años de servicio te podés retirar, sin goce de haberes, no te dan de baja. Así fue que llegué a trabajar con los helicópteros en forma privada", explicó quien ahora comanda los modernos Ecurieul AS-350-B3, aeronave que tiene el récord de altura, alcanzando 8.500 metros sobre el monte Everest, en el Himalaya.
Horacio Freschi es el único piloto fijo de la empresa que tiene su sede en Rivadavia, y cuenta con otros tres experimentados pilotos para el servicio en el Aconcagua. "Estamos buscando llegar a tener uno o dos más fijos para rotarnos", comentó el ex gendarme sobre el futuro de la empresa de aviación.
Hoy, ya una leyenda en la montaña argentina, y con reconocimiento internacional, por los rescates y salvatajes de montañistas de diversos países, Pedro vive satisfecho su presente y el de la empresa en que presta servicios. "Es muy satisfactorio trabajar acá en Aconcagua, pero no vuelo sólo acá. Cuando termina la temporada voy a otros lados. Vamos a donde tengamos que ir. He estado en España, Paraguay, y mucho tiempo en Chile. Con el contrato de Aconcagua sólo no se vive, así que prestamos servicios en otros lados. Ayudamos en campañas mineras o geofísicas, en San Juan u otras provincias. Lamentablemente hay un montón de actividades a las que nos podríamos dedicar, pero no están permitidas; podemos actuar en incendios forestales".
El crecimiento personal está acompañado por el de la empresa donde trabaja, y sobre ella destacó: "Después de muchas idas y venidas, logramos hace poco la certificación de Transporte Aéreo no regular (dentro de la regulaciones argentinas de aviación civil por parte de la RAAC) y eso nos amplía a todo el equipo que forma la empresa, ampliar el campo de trabajo". Esta temporada invernal, la empresa y Horacio prestaron servicios en el novedoso complejo invernal malargüino de El Azufre, donde llevaron a esquiar a nieves vírgenes a decenas de deportistas extranjeros y nacionales.
La temporada de verano 20223-23 del cerro Aconcagua está en marcha -desde el 1 de diciembre-, y en la previa, Horacio ya tuvo que hacer dos rescates de trabajadores de las empresas prestadoras de servicios. Los andinistas que visitan nuestra cumbre mayor, pueden tener la certeza de hay un "cóndor" alerta, que vela por su seguridad.









