"Se subieron a mi auto por la fuerza. Eran dos personas. Con Sandra, mi esposa, volvíamos del cajero del Notti. A ella le tiraron un par de puñaladas apenas le abrieron la puerta".

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El 31 de agosto de 2007 a las cinco menos diez de la mañana, Pedro Alejandro Ramírez, de 36 años, miró al fiscal Luis Correa Llano, tomó un sorbo de agua y con gesto abatido siguió con su relato:

"Se sentaron en el asiento de atrás y me obligaron a manejar por el Acceso hacia el este. Uno de ellos me asfixiaba. A ella, otro la tenía tomada del cuello desde atrás. Doblé por una calle oscura y..."

¿Y qué? -preguntó el magistrado frente al repentino silencio.

Me desvanecí -completó el denunciante.

¿Qué más recuerda, señor Ramírez?, dijo el investigador con un halo de  desconfianza casi invisible asomándole por los ojos.

Recuerdo que desperté tirado sobre el cuerpo de mi esposa y que ella se había mojado con su orina. Que estábamos adentro del auto sobre la calle 9 de Julio casi Castro y que pedí auxilio al guardia de un hotel alojamiento. Y que terminé llamando a un sobrino y a un amigo.

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El drama

Así comenzó una de las investigaciones judiciales más interesantes de los últimos años en Mendoza. Más tremendas. Pero también uno de los casos más trepidantes. Y cambiantes.

Ramírez y Sandra Díaz vivían en el barrio Petroleros de Guaymallén. En la casa 10 de la manzana E. Él vendía películas en DVD y ella era docente. Tenían un hijo y ella era madre de Rocío, hija de una primera unión.

El 30 de agosto de 2007 por la noche, él cerró el local comercial y llevó a la empleada a la casa en el VW Polo rojo de su propiedad. Después volvió al hogar y cenó con Rocío. Sin Sandra. Estaban distanciados.

Más tarde, con ella hablaron de cuentas por pagar al día siguiente y de la imperiosa necesidad de ir al cajero en busca de efectivo. Aunque fuera tan tarde. Y la calle estuviera tan desolada en ese final del invierno.

"Sandra fue al cajero y yo me quedé en el auto. No sé cuánto dinero sacó y nunca supe la clave de acceso". "Sandra fue al cajero y yo me quedé en el auto. No sé cuánto dinero sacó y nunca supe la clave de acceso".

Ramírez, en la denuncia

¿Y cómo fue que esos hombres subieron al auto? -dijo el fiscal.

"Yo iba con el motor en punto muerto y a baja velocidad por el carril nacional hasta Sarmiento para darle tiempo al semáforo a ponerse en verde. De pronto, que alguién abrió la puerta del lado de Sandra y le tiró una puñalada en el cuello y otra en el estómago. Ese tipo se subió atrás de ella y otro se subió atrás mío. Nos ahorcaban. Nos asfixiaban".

Sin embargo, la declaración de una amiga de Sandra encendió una luz de alerta. Potente. Que incrementó la desconfianza en los investigadores. "Con Ramírez se llevaban mal. La relación de pareja estaba en una crisis muy severa. Aquella noche ella iba a separarse de él". Entonces, todas esas frases abrieron la puerta hacia un desenlace inesperado. 

Estrangulada

La autopsia determinó que Sandra murió asfixiada por estrangulamiento antebraquial, es decir provocado con un antebrazo. Descartó el forense que se hubiera utilizado un lazo o cuerda y que se hubiera practicado compresión mecánica. Tampoco había dedos marcados en el cuello.

Las palmas de las manos de Sandra tenían tajos y cortes superficiales. También se había defendido del arma blanca que la atacó, concluyó el perito.

El aro perdido

Antes de ser peritado, el cuerpo fue sometido a una revisión exterior. Sandra tenía un aro en la oreja derecha pero faltaba el de la oreja izquierda. ¿Lo usaba habitualmente? Sí. Entonces, uno de los pesquisas anotó en sus apuntes Falta un aro de la víctima. Para no olvidar ese detalle. Esa pista. Porque nunca se sabe...

La escena del crimen: un auto

El Polo rojo también fue sometido a diversos peritajes. Era la escena del crimen y allí estaban las pruebas más valiosas.

Los criminalistas hallaron huellas del calzado de Sandra Díaz impresas en la puerta del acompañante a la altura del vidrio, del hombro. ¿Conclusión? Sandra Díaz había estado de espaldas al conductor. ¿Pero no había sido atacada por alguien que iba sentado en el asiento trasero, como dijo el esposo en su relato? De haber sido así esas pisadas debieron aparecer en la parte delantera del auto, en el torpedo y no en la parte lateral... ¿Y si esas pisadas fueron producto de la desesperación de Sandra para zafar de su atacante?

Una minuciosa revisión del rodado ayudó a encontrar el aro izquierdo. Estaba en el piso. Debajo de un asiento. Pero no debajo del asiento de la víctima, sino debajo del asiento del conductor, el que ocupaba el esposo de la víctima. ¿Cómo llegó ese aro hasta ahí si, de acuerdo a la declaración del esposo, ella fue atacada por alguien que estaba a sus espaldas mientras que a él lo atacaba otra persona?

¿Cómo pudo haber llegado ese aro hasta debajo del asiento del conductor? -preguntó Correa Llano a un perito criminalista.

Se desprendió de la oreja de la mujer por movimientos efectuados de derecha a izquierda del auto: hacia el lado del conductor.

Esto avaló la teoría de que la víctima había sido atacada por alguien desde el asiento del conductor. La misma teoría que había surgido del análisis de las pisadas.

El perito agregó: "Si la víctima hubiera sido atacada desde atrás el aro habría aparecido del lado del acompañante y en la parte de atrás".

Pero no solo el aro izquierdo fue hallado del lado del conductor. También había una cadenita de Sandra.

Las pisadas y los accesorios se convertían en pruebas que destrozaban la versión del asalto del esposo. Pero cuando terminó la reconstrucción de lo ocurrido aquella madrugada se sumaría un elemento más de sospecha.

Si el ataque había durado entre 5 y 7 minutos -eso tardaron los peritos en auto desde el cajero del Notti hasta la calle 9 de Julio y Castro a la misma hora del crimen- ¿por qué el esposo de la víctima demoró 50 minutos en pedir auxilio? Sin embargo, Ramírez no supo que decir y se amparó en una amnesia temporal.

Nadie tiene una amnesia de 50 minutos sin secuelas, dijo un especialista, y su exposición sonó a golpe de gracia para el esposo de Sandra Díaz y su coartada tan ingenua. Tan débil.

Culpable

Pedro Alejandro Ramírez, El Gordo para sus familiares y amigos, quien había nacido el 20 de febrero de 1971, quedó detenido en la Unidad Fiscal 9 de Guaymallén. Días después lo enviaron a la Penitenciaría Provincial.

Con las pruebas en la mano, el fiscal lo acusó de haber matado a la esposa y lo imputó por homicidio simple. Y lo mandó a juicio.

Muy lejos estaban Mendoza y el país de habla de femicidios. Hoy a Ramírez le aplicarían esa calificación legal. Y estaría preso el resto de su vida.

El juicio

El 3 de agosto de 2009 la Segunda Cámara del Crimen condenó a Ramírez a 11 años de prisión. Tres años más que el mínimo de la pena previsto por ley para los casos de homicidio simple. La decisión fue unánime. Que no tuviera antecedentes penales favoreció la imposición de una pena considerada baja si se tiene en cuenta que el máximo es de 25 años.

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"La versión de los hechos de Ramírez resulta una mera excusa, frágil, pueril, fragmentada, contradictoria, sin sustento probatorio y que no resiste el cotejo con el resto de los elementos probatorios; tiende sólo a evadir la responsabilidad por los hechos enrostrados" "La versión de los hechos de Ramírez resulta una mera excusa, frágil, pueril, fragmentada, contradictoria, sin sustento probatorio y que no resiste el cotejo con el resto de los elementos probatorios; tiende sólo a evadir la responsabilidad por los hechos enrostrados"

De los fundamentos del fallo

De los miembros de aquel tribunal solo José Valerio sigue formando parte del sistema judicial -en 2016 asumió como juez de la Suprema Corte. Arlington Uliarte y Roberto Yanzón están jubilados.

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Idéntica situación es la de Adelmo Argüello, quien fue fiscal de Cámara.

Correa Llano es juez de sentencia e integra el Tribunal Penal Colegiado 2.

La familia de la víctima estuvo representada por los abogados Laura Padila y Carlos Varela Álvarez. Trabajaron en nombre de la hija de Díaz.

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Otro perjudicado por el crimen era el hijo común de Díaz y Ramírez, cuya crianza demandaría más cuidados por tener Síndrome de Down. Por todo esto, la querella pidió 18 años de cárcel para Ramírez.






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