La vida puede considerarse como un tránsito por un determinado tiempo y espacio, o como un constante camino de aprendizaje y valoración de la vida. Esta última opción parece ser la que eligió un joven fotógrafo venezolano, que en su infancia conoció el dolor, profundo y desgarrante, y por él, el valor de la contracara, el amor, al que eligió para compartir con los niños, especialmente los que sufren cáncer. Su nombre es Eduardo José Patterson y recorre el continente con sólo una mochila y una cámara de fotos, dejando enseñanzas y un pedacito de su corazón para alegrar y motivar a los chicos de toda Sudamérica.
Te puede interesar: El camionero que contagtió a la familia estuvo en un cumpleaños con 20 personas e hizo dos mudanzas
Inculcar la fotografía como herramienta
Eduardo tiene 28 años, y nació en Caracas, Venezuela. "En enero del 2019, decidí dejar mi vida en Panamá como productor de eventos de la industria automotriz -una vida de cierto éxito profesional-, para así embarcar en un viaje, el cual siempre fue un sueño desde que estaba en la universidad, por el continente sdamericano, con un propósito en mente: apoyar y ayudar de manera voluntaria a fundaciones de niños con cáncer y de bajos recursos en cada país que visite", declaró en una especie de carta de presentación, el viajero solidario, que agregó: "El plan es educar a todos los niños, jóvenes y adolescentes junto a sus familias sobre el arte de la fotografía, dictando talleres de fotografía con el fin de obsequiarles un recurso que les permitiría soñar e imaginar con un mundo sin igual".
Una mochila cargada de solidaridad
El plan de Eduardo es fortalecer a los chicos a través de un mes de clases, donde se desarrollan aptitudes como trabajo en equipo, liderazgo, seguridad en sí mismos y la creatividad. Los resultados luego pasarían a ser evaluados por las fundaciones y sus integrantes dando por hecha su labor en cada fundación.
"Atravesé todos los países como Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Paraguay, Uruguay, e incluso, los rincones más oscuros de Bolivia, para así llevar a cabo mi misión. Es así cómo he logrado llegar hasta Argentina donde estaré trabajando con la fundación Natali Dafne Flexer, para luego avanzar al último país el cual es Chile con este proyecto social", enumeró Eduardo.
Patterson está en Buenos Aires, y pasará por Rosario, luego Córdoba, para llegar a nuestra provincia a ofrecer su cuota de apoyo a los chicos con cáncer. "Ya aquí (Buenos Aires) he terminado mi misión y me estoy yendo para Mendoza. Desde ahí me gustaría seguir a Chile y finalizar esta etapa en Brasil. Luego iría a África, adonde sueño llegar", explicó el venezolano que vivió hasta el año pasado en Panamá.
Estas son algunas de las entidades en las que Eduardo Patterson ha podido llevar su impronta de conocimiento de las técnicas fotográficas y la calidez del mensaje esperanzador.
Fundaciones y Asociaciones visitadas entre 2016 y 2020
- FHEP de Niños Con Cáncer, Maracaibo, Venezuela
- Funicancer, Medellín, Colombia
- Fundación Semillas Con Amor, Cali, Colombia
- Fundación Camila Salome, Quito, Ecuador
- Fundación El Cielo Para Los Niños del Ecuador, Guayaquil, Ecuador
- Fundación De Niños Con Cáncer de Perú
- Fundación Estrellas de La Calle, Bolivia
- Fundación Asoleu de Niños Con Cáncer, Paraguay
- Fundación Pérez Scremini de Ninos Con Cáncer De Uruguay
- Fundación Natali Dafne Flexer De Niños Con Cáncer, Buenos Aires, Argentina
Canjeando odio por amor
Eduardo no tuvo en su infancia un hogar lleno de contención y amor, donde le inculcaran los valores que hoy ostenta y comparte. Por el contario conoció la cara más atroz de los seres humanos, donde se mezclan el abandono, la crueldad y el odio. "A los 4 años de edad, mi madre biológica Amelia Arenas me dejó en una guardería/orfanato en la ciudad de Punto Fijo, Estado Falcón (Venezuela), para irse a Estados Unidos (Houston, Texas) con su novio americano llamado Gordon Patterson. Fue en esta guardería donde comencé a recibir maltrato infantil, abuso verbal y castigos impensables", recuerda con mucho dolor el mochilero solidario, que tuvo que soportar inexplicables y crueles castigos físicos y psicológicos.
Luego Eduardo pudo ser rescatado de ese lugar siniestro y llevado a casa de su tío, donde encontró un verdadero entorno familiar. Sin embargo seguía anidado en su espíritu sentimientos de rencor.
"En el 2016 a los 24 años, cuando estaba estudiando en la universidad, entré en una crisis existencial donde no me sentía bien conmigo mismo, o hacia dónde iba. Fue por consejo de mi hermana biológica mayor Amelia que decido irme tres meses a Caracas a pasar tiempo con mi primo (hermano adoptivo) y su hija de tres años, mi sobrinita, como para renovarme y meditar", recordó el fotógrafo sobre un momento de quiebre en su existencia.
"Fue en ese tiempo, luego de mucha lectura sobre grandes personas como Steve Jobs, Bill Gates, y su impacto en el mundo, que yo comienzo a pensar en qué puedo hacer yo para lograr un impacto también. Gracias al tiempo que compartí con mi sobrina y lo mucho que conecté con ella , es donde me vi reflejado en sus ojos", detalló Eduardo.
Finalmente, Eduardo halló la paz que ansiaba y se le abrió como en una epifanía, un camino para su vida: "Dándome la idea una noche mientras dormía de que pudiese motivar a niños y jóvenes, que como yo han vivido un pasado fuerte, logrando así señalarles que no tienen por qué irse por el lado oscuro de la vida -todo esto también ayudándome a mi terapéuticamente-, y fue allí donde regrese a Maracaibo para iniciar un nuevo trimestre en la universidad, solo que esta vez para ayudar. Desde ese entonces así ha sido", concluyó Eduardo Patterson sobre la experiencia de vida, que ahora lo impulsa a ayudar al prójimo, especialmente en su etapa de crecimiento y desarrollo espiritual y mental.




