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Hace 30 años, Estados Unidos quería un avión láser capaz de destruir misiles nucleares: después de millones de dólares el plan fue cancelado

Estados Unidos apostó por un avión láser para interceptar misiles nucleares, pero el proyecto se desmoronó tras años de gasto millonario y fue cancelado sin resultados.

Hace unas décadas, en plena carrera por la supremacía tecnológica y militar, Estados Unidos impulsó proyectos tan ambiciosos como difíciles de sostener en la realidad. Entre ellos surgió la idea de un avión equipado con un láser capaz de destruir misiles nucleares en pleno vuelo.

Lo que prometía ser una defensa revolucionaria terminó convirtiéndose en un ejemplo clásico de cómo la ciencia militar puede rozar la ciencia ficción, hasta que los costos, la complejidad y las dudas técnicas hacen que incluso las ideas más poderosas se apaguen.

Airborne Laser (ABL)

Hace 30 años, Estados Unidos quería un avión láser capaz de destruir misiles nucleares: después de millones de dólares el plan fue cancelado

El proyecto se llamó Airborne Laser (ABL) y formó parte del sistema de defensa antimisiles de Estados Unidos. Fue desarrollado desde los años 90 y oficialmente integrado como programa a inicios de los 2000, liderado por la US Missile Defense Agency junto a contratistas como Boeing, Lockheed Martin y Northrop Grumman.

La idea era montar un potente láser químico de alta energía dentro de un Boeing 747-400F modificado, capaz de detectar y destruir misiles balísticos en su fase de ascenso. El sistema incluía sensores infrarrojos avanzados, ópticas de precisión y un enorme complejo de combustión para generar el rayo.

Airborne Laser (ABL) (2)

¿Por qué este proyecto militar de Estados Unidos llegó a su fin?

Aunque realizó pruebas exitosas de seguimiento y algunos disparos de prueba, el programa de Estados Unidos enfrentó problemas clave:

  • Alcance limitado: el láser solo funcionaba a distancias relativamente cortas en términos militares, obligando al avión a volar cerca de zonas peligrosas.
  • Problemas técnicos enormes: el sistema era extremadamente complejo, sensible a la atmósfera (polvo, humedad, turbulencia) y difícil de mantener operativo.
  • Costos altísimos: se habían invertido más de 5.000 millones de dólares, pero escalarlo a una flota operativa era aún más caro.
  • Estrategia militar cambiante: el Pentágono concluyó que los misiles interceptores terrestres y navales eran más prácticos y confiables.

Tras invertir más de 5.000 millones de dólares, el proyecto fue cancelado en 2011 por el Departamento de Defensa.

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