¡Guarda! Se viene el rumor de acequias!

Padezco Vendimia. Ya sé que suena fulero, pero no es despectivo, es descriptivo. Escucho la Marcha de la Vendimia y es como si se me frunciera algo. Pongamos...el ceño.

Llega marzo, y el solo hecho de escuchar a diario la citada marchita advirtiéndome de  que "un rumor de acequias va arrullando a la Ciudad" es suficiente para que me quiera bajar de la mendocinidad por unos días.

Para mí es como si nos dijeran: ¡ojo, se viene el tsunami! La Vendimia, en ese sentido es como la familia. Uno no la elige. Y si trabajamos en periodismo, con Vendimia estamos en problemas. No nos podemos hacer los sotas.

Me explico

He cubierto muchas Fiestas desde el anfiteatro, sitio al que me niego a decirle teatro griego porque me suena a término de vicedirectora, aparatoso.

Pero a la mayoría de estos festejos los he sufrido desde las redacciones de los diarios papel, en particular durante los 25 años del Diario UNO impreso Esta será mi primera Vendimia totalmente digital como periodista senior.

¿Cómo es cubrir Vendimia? Es como un city bus hacia la chifladura. Durante semanas hay que armar diagramas de trabajo que seguramente la realidad cotidiana hará saltar por los aires. Y habrá que hacer de tripas, corazón. Es que al lector no se le interesan los pormenores que se presentan para jodernos la tarea.

Pienso en esos cierres de edición trabajando a mil, con notas y fotos que no llegaban a tiempo, con la obligación de que los primeros diarios que vomitaba la rotativa salieran como un refucilo hacia el anfiteatro. Los espectadores debían irse a su casa con el diario bajo el brazo.

Allí no terminaba la cosa. Luego debíamos enfrascarnos en la segunda edición con más detalles y nuevas fotos  que no habían entrado en la primera, la del rayo.

Terminábamos de cama, pero con la sensación de que le habíamos plantado cara al desafío, sabiendo que habíamos hecho la principal edición del diario del año, la que tenía más ventas.

Desde adentro

Han sido muchos años de verle las costuras a la Fiesta. De padecer montañas de lugares comunes, de tener que lidiar con los pelmazos duendes del vino y de estar obligados a adentrarnos en acequias rumorosas.

Pero también han sido años de ver algunas puestas en escena muy bien logradas y de ratificar que el "efecto Vendimia" seguía llamando la atención a los visitantes porque era distinta a otras fiestas populares del mundo.

Uno de los principales logros de la Vendimia es el de haber creado un género artístico propio en el que se mezclan el auto sacramental con el music hall, el teatro con los cómicos de la legua, la música de cuarteto con Carl Orff y Richard Wagner, la comedia y la ópera con el radioteatro y el cine de Favio.

Y además el haber creado una oportunidad laboral para cientos de bailarines, actores, músicos, escritores, escenógrafos, e iluminadores, tanto en la Vendimia central  como en los festejos departamentales.

San Abelardo

Quienes vimos algunas de las Fiestas de fines de los ´60 y comienzos de los ´70, en particular las que llevaban el sello creativo de Abelardo Vazquez, sabemos que allí hubo un punto de inflexión: quizás fue la etapa más creativa y renovadora. 

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Nos guste o no, la  Fiesta de la  Vendimia ya está en el ADN de los mendocinos. Es una marca de Mendoza. Es un producto. Y a los productos hay que renovarlos para ir adecuándolos a los nuevos espectadores. Y por ese lado viene con algunas rengueras.

Este festejo nos pone ante un doble reto: gustar tanto a los mendocinos como a los extranjeros. Somos una de las grandes capitales mundiales del vino  y no podemos pensar sólo en el consumo interno. Esa es una excelente provocación para nosotros.

¿Qué hacer?

Hoy la Fiesta está ante una de sus grandes confrontaciones: qué hacer con la elección de la reina de la belleza vendimial, sobre todo en un mundo donde el papel de la mujer se está reconsiderando a pasos tan agigantados.

¿Podemos ante esa revolución social internacional seguir haciendo aquí un concurso de belleza que viene sonando bastante demodé?

Las usinas culturales de Mendoza deberían expresarse claramente sobre este asunto para estar a tono con los nuevos tiempos. Seguramente debe haber una forma que nos haga salir de ese sistema de elección generando alguna forma inteligente de homenajear a la mujer. 

Los periodistas mendocinos estamos condenados a convivir con Vendimia, como los de Pamplona con sus sus toros desbocados o los de Río de Janeiro con a sus carnavales bulliciosos. O Pampita con sus novios.

Pero también tenemos la opción de tener una mirada crítica  y a reirnos un poco de Vendimia para desacralizarla.

Solo así nuestro padecer vendimial  tendrá algún rédito.