Gabriel Ruetsch es un ingeniero agrónomo mendocino, asesor vitivinícola internacional, consultor en innovación agrícola y responsable de 7.500 hectáreas de viñedos en una unión de cooperativas de Languedoc, región de la vitivinicultura francesa por excelencia.
Gabriel Ruetsch, el mendocino que asesora sobre modernización en la producción vitivinícola de Francia
En una breve visita a su tierra natal, el especialista concedió esta charla con UNO para hablar sobre la reconversión de los varietales, la tecnificación en la producción, las cosechas mecánicas a través de procesos sustentables y con tecnología de última generación, y la creatividad para la elaboración de vinos provenientes de diferentes variedades de uvas. Todo en un mercado que vive un momento de revolución y cambios significativos debido a las sequías que provoca el calentamiento global.
¿El vino tinto tocó fondo? ¿Los varietales y vinos frescos le ganan terreno? Aquí nos brinda su mirada Ruetsch, segunda generación de inmigrantes europeos, hijo de un enólogo que desde su finca del Este mendocino en Nueva California, San Martín, le transmitió el amor a la vitivinicultura. “Me gustaría ser un embajador mendocino de la vitivinicultura en Francia”, confiesa quien se alejó de las montañas para acercarse al mar.
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En septiembre cumplirá 25 años radicado en el sur francés. “Me recibí de ingeniero agrónomo en la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCuyo, trabajé cuatro años en Mendoza. En aquel entonces empezaba a desarrollarse la vitivinicultura, pocos se dedicaban a esto”, cuenta Gabriel Ruetsch para responder cómo terminó en los viñedos franceses: “Quería especializarme en una universidad importante a nivel internacional. Tenía la posibilidad de ir a una de Estados Unidos o a una de Montpellier, en la región de Languedoc, al sur de Francia. Elegí esta última y no volví más”.
De “flying winemaker” a su visión 2050 del vino
En la universidad recuerda que “éramos 30 estudiantes, de los cuales solo tres éramos extranjeros para estudiar Enología”. Cuando obtuvo su diploma, “justo necesitaban un técnico para diseñar un proyecto de modernización sobre una estructura de viñedos ubicados en Languedoc; buscaban “flying winemakers” (enólogos voladores), había muchos australianos y yo era el único argentino. Esto fue en el 2001 y todavía sigo trabajando allí”, refiere a la unión de cooperativas Les Vignobles Foncalieu –una especie de Fecovita- para la que trabaja desde entonces.
Gabriel lamenta que esté paralizada la movida de “flying winemakers” ya que hasta hace unos 10 años él pudo hacer intercambios y llevar de Mendoza a muchos estudiantes y ya recibidos a ingenieros agrónomos o enólogos para abrir esta experiencia internacional. “Llevé a varios mendocinos, enólogos de Zuccardi, de Nieto Senetiner a trabajar, estudiantes de Ciencias Agrarias para hacer prácticas, pero luego con las restricciones del gobierno en el 2010 se endureció el ingreso de extranjeros en Francia y se decidió hacer un paréntesis que ya lleva más de 10 años”.
Lo que encontraron en él, concretamente, fue su capacidad en laboratorio y su creatividad para vislumbrar el futuro de la vitivinicultura, a través de nuevas estrategias y técnicas para el cuidado de las vides en tiempos de cambio climático y su vinificación adecuada.
Foncalieu abarca principalmente tres cooperativas que se dedican a la producción y comercialización de varietales, abocados sobre todo a la exportación: un 40 por ciento del producto fraccionado y un 60 por ciento a granel. “Mi misión es, junto a mi equipo técnico, mejorar las condiciones de los viñedos, hoy estamos desarrollando un programa de Visión 2050 en la producción de vinos”, explica Ruetsch.
Y el cambio climático juega un rol central para su tarea. “Diseñamos programas con herramientas que permitan a los viñedos una mayor resistencia y tolerancia a la sequía. Yo tengo que organizar las plantaciones para que se correspondan a los requerimientos del mercado, hoy más volcado a los vinos frescos”, anuncia.
“Tengo una comisión técnica orientada a trabajar sobre la modernización en la cadena de producción, distribución y comercialización del vino; así como la generación de nuevas variedades, algunas híbridas, con grados de acidez elevados, debido al calentamiento global”, describe el especialista.
En busca de un viñatero “mecanizado”
A este trabajo suma el de la mecanización del viñedo, con la aplicación de nuevas tecnologías jugando un rol central. “Hoy las nuevas generaciones de viticultores no son fáciles de atraer al trabajo del agricultor: Tenés que adaptar todo en base a la tecnología, con prepoda mecánica, con poda mecánica, con despuntes mecánicos”, apunta.
Es que a Gabriel Ruetsch, como consultor e investigador científico en vitivinicultura, lo reconocen por preparar el terreno para lo que viene, digamos. Lo que se diría, todo un visionario. “Recientemente encargamos un robot para esta mecanización, siempre voy aconsejando en este sentido”, comenta quien como asesor atiende emprendimientos de la región de Roussillon, mejor conocida como la Cataluña francesa, y en la isla de Corsica.
Y acerca de los nuevos desafíos para el sector agropecuario en general, donde predominan las sequías en el mundo, el mendocino se contenta al enterarse del proyecto de una joven coterránea suya, Paz Álvarez y su startup Savia Bio.
“Hay decenas de proyectos en Francia como ese, y muchos todavía no funcionan. La mayor preocupación en el mundo, en todo lo relacionado a la tierra, es el calentamiento global que provoca sequías severas en diferentes regiones”, comenta, para quien el secreto está en “saber regular el agua. Ojalá que este producto que se está desarrollando en Mendoza dé con esa ‘perla rara’ que permita mejorar la fotosíntesis y ayudar a la sequía que hoy trae ya muchos dolores de cabeza a los productores agrícolas”.
Destaca el ingeniero agrónomo la importancia de la solidificación del terruño, “y cómo una misma variedad de uva puede exprimirse de distintas maneras, según la región vitícola”, sostiene.
Su trabajo en campos e instituciones de diferentes países europeos y de Estados Unidos se lo han demostrado. “La empresa para la que trabajo se caracteriza por la innovación, sea en variedades autóctonas de Languedoc o en variedades de otros países que se ponen a la moda”. Y da el ejemplo del albariño, originario de Galicia (España) que aquí encuentra su legado en Las Perdices.
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¿El fin de los vinos tintos?
La unión de cooperativas francesas para la que trabaja es una especie de Fecovita. Y, aunque no quiso opinar sobre la difícil situación económica que atraviesa la cooperativa de vinos local, sí remarcó la situación que hoy se vive en Europa con la producción de vinos.
“En Francia hay un exceso de vinos, específicamente de producción de vinos tintos, que ha llevado a que haya una destilación importante en el 2020 y están regulando la cosecha 2022”, advierte.
Y revela un punto de inflexión para el predominio de los tintos: “Hoy la tendencia lleva a beber bebidas más fáciles, más frescas, hay más desarrollo en ventas de vinos blancos y rosados, porque la gente lo prefiere, con estas temperaturas cuesta cada vez más tomar un vino a 14 o 15 grados como se toma un tinto”. Y, como consecuencia, relaciona esta tendencia en el consumo al cambio climático. “La gente lo prefiere cuando hace calor, y hoy hace más calor. Entonces hoy hay que abocarse a esa producción de vinos frescos y darle una vuelta a la producción de tintos, ver qué se hará con ellos”.
Para abrirse a este mundo de los vinos frescos, Ruetsch afirma que “las bodegas deben contar con tecnología de última generación que responda a sus exigencias, con cosechas mecanizadas, un proceso súper cuidado que permita la oxigenación justa de la uva, buen prensado, capacidad de frío acorde, toda una técnica nueva que se va desarrollando”.
En este sentido, el Instituto Tecnológico Universitario (ITU UNCuyo) junto al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) lanzan la Microcredencial Agro 4.0: Agricultura de Precisión. Se trata de una capacitación que busca responder al mercado laboral con mano de obra calificada, y para ello se pregunta cómo aplicar las nuevas tecnologías en el sector agroindustrial.
Esta nueva formación del ITU está destinada a quienes tengan estudios técnicos de secundaria, pregrado o grado con orientación al agro o a las nuevas tecnologías, así como a personas que puedan acreditar tres años de trabajo en el sector.
Se desarrolla desde el 16 de agosto, se dicta un 90 por ciento de forma virtual, con evaluación presencial y práctica. En este tipo de espacios académicos y de formación se encuentra aquello por lo que se especializa Gabriel Ruetsch: una mirada a futuro para dar un salto cualitativo y cuantitativo acerca de una de las principales actividades económicas de nuestra región. Para más información, pueden visitar el sitio web del ITU UNCuyo.
Herencia familiar y una descendencia que lo enorgullece
Gabriel Ruetsch es segunda generación de emigrantes europeos, su padre nació en Argentina, estudió en el Liceo Agrícola y es enólogo. Pero no fue hasta en su adolescencia cuando su papá compró una finca en Nueva California para dedicarse a la vitivinicultura, a fines de los ’80. Abrazó esos viñedos y quiso desarrollar su carrera como ingeniero agrónomo entre vides e hileras.
“Esa finca me trajo el amor por lo que hago. Y Francia me dio la oportunidad laboral para desarrollarme”. Al menos una vez al año visita a sus padres y su hermana. Mientras, en Francia lo esperan sus tres hijos franceses, de 12, 14 y 17 años. “No sé si alguno se orientará a la vitivinicultura, la más grande quiere ser enfermera”, se sincera con una mirada de orgullo paternal, él que está a punto de emprender vuelo hacia el otro lado del continente. Allí lo espera una nueva cosecha, que le traerá más desafíos por asumir.
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