Fueron campeones argentinos hace 50 años. Y este nuevo aniversario lo quisieron recordar de una manera especial. Por ello armaron un video estos muchachos mendocinos que se siguen juntando medio siglo después y que se autodenominan "Los Dinosaurios".

El vóleibol de Mendoza se preparó en 1971 con toda ilusión para recibir a los III Campeonatos Argentinos Juveniles -masculino y femenino- con la mejor organización y calidez, pero por sobre todas las cosas buscando ganar por primera vez el torneo. Los sextetos locales tuvieron unas destacadas actuaciones, donde las chicas lograron el cuatro puesto, pero fueron los varones los que demostraron una abrumadora superioridad, obteniendo el título de campeón en forma invicta y sólo perdiendo un set en el certamen. Los dirigidos por Mañungo Rodríguez marcaron un hito y fueron una generación "de oro" para el deporte de las redes altas.

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El equipo mendocino, que derrotó en la final a Capital Federal, tradicional candidato por un contundente 3-0 en el estadio Pacífico, del club General San Martín, estuvo integrado por una gran camada de jugadores, liderados por su capitán e hijo del entrenador, Manuel Manolo Rodríguez, Alberto Bonilla, Hugo Hidalgo, Eduardo De Simone, Luis López, Eduardo Contreras, Rubén Pereyra, Chango Villegas, Nolberto Castillo, Tata Ferrari, Abelardo Maiocchi y José Pepe Cortez.

Vóley Mendoza Campeón 1971

El vóleibol de aquella época era un poco distinto al actual, ya que se jugaba a 15 tantos, pero no con el sistema rally point (todos son puntos), sino que había que ser poseedor del servicio para anotar puntos. Si no, era cambio de saque. Se jugaba con dos armadores (4-2, con uno en cada rotación), y cuatro atacantes; no existía el líbero y se podía bloquear el saque. Mendoza nunca había logrado un título nacional, y el obtenido en aquel año 1971 se comenzó a gestar un año antes, cuando casi el mismo plantel logró el subcampeonato en Tucumán, y aquellos jugadores que eran capitaneados por Manolo Rodríguez, se prometieron revancha.

Arduo fue el trabajo de todo el grupo humano, que tenía a Manuel Santiago Rodríguez -Mañungo-, como entrenador; Juan Manuel Gallego, preparador físico y Aldo Soto, como ayudante técnico. Para el vóleibol de Mendoza fue una "cuestión de Estado" organizar este torneo anual, y lo hizo de la mejor manera. Pero la consigna principal era ganar la competencia, y para ello la Federación Mendocina suspendió los certámenes locales, para que los chicos del seleccionado pudieran disponer de equipos sparrings. Uno de ellos fue clave: Universidad (UNCuyo), por aquel entonces imbatible.

"Cuando le pudimos ganar en los partidos de entrenamiento al equipazo de la "U", supimos que estábamos en el buen camino", dijo Manolo Rodríguez, el armador y estratega del equipo que vistió los colores celeste y negro.

"También fue clave la preparación física, a cargo del profesor Juan Manuel Gallego, y que además no paramos desde el campeonato anterior, juntándonos a entrenar cada tanto. No era común formar un cuerpo técnico con preparador físico y ayudante técnico, lo que dio calidad a la planificación", agregó Manolo.

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Tapa de diario de época, donde se destaca el triunfo del seleccionado mendocino, el primero a nivel nacional en aquel torneo jugado de local y con gran suceso de público.

Tapa de diario de época, donde se destaca el triunfo del seleccionado mendocino, el primero a nivel nacional en aquel torneo jugado de local y con gran suceso de público.

Rodríguez recordó anécdotas del aquel campeonato que revolucionó a los mendocinos, que se fueron entusiasmando y las distintas fechas se jugaron con cada vez más público en las dos sedes: Pacífico y Giol. "Cuando fuimos a Tucumán el año anterior, y salimos subcampeones, pudimos incorporar al grupo a un personaje inusual: el chofer del micro que nos llevó, esos de asientos fijos, nada de reclinarse. Se llamaba Omar, y resulta que cuando a alguno le dolía algo o se lesionaba, el amigo demostró poderes de "manosanta". Para el campeonato en Mendoza, Omar siguió como "médico brujo", y se dio una circunstancia llamativa. Cuando nos tocó jugar con Santa Fe, me lesionó el pulgar en la entrada en calor, por lo que me fui al camarín, y pensé que no iba a poder jugar por bastante tiempo. En el camarín le digo a Omar que me ayude para que pueda jugar 'vivo o muerto'. Me comenzó a masajear y me acomodó el dedo, luego me puso de todo tipo de cintas, de las que consiguió, hasta de electricistas (aisladora) y salí . Habíamos perdido el primer set, el único del torneo, y cuando entré para jugar el segundo, la gente me recibió con mucho cariño, lo que me emocionó. Luego ganamos los otros sets corriditos. Al partido siguiente descansé para estar listo para la final, donde le ganamos a Capital con un juego dinámico y efectivo", recordó Manolo.