Arqueología

Fronteras lejanas: descubrimiento revela cómo se vivía en los límites del Imperio Romano

Nuevos descubrimientos en la muralla de Adriano dieron más detalles sobre cómo vivían los romanos que estaban lejos de Roma

Hace dos mil años, el Imperio Romano alcanzó su punto más al norte en Gran Bretaña. Esta isla marcaba el límite de la superpotencia antigua, el lugar donde su expansión finalmente se detuvo. Los romanos fracasaron en conquistar la totalidad de la isla a pesar de mantener allí un diez por ciento de todo su ejército y lanzar varias invasiones. En su lugar, una frontera militarizada dividió la isla, definida por la Muralla de Adriano, una estructura de 118 kilómetros que fue el borde por cerca de 300 años.

Una fuente fundamental de información sobre esta zona limítrofe es un fuerte histórico llamado Vindolanda, construido por los romanos en lo que hoy es Northumberland, Inglaterra. Vindolanda albergó unidades de soldados de todo el Imperio Romano. El lugar es un tesoro de capas de historia, pues sus ocupantes lo demolieron y reconstruyeron hasta nueve veces. A pesar de que los estudios en Vindolanda ya llevan décadas, nuevos descubrimientos están redefiniendo cómo imaginamos la vida en el límite del imperio. La frontera romana estaba lejos de ser un puesto solitario y desolado, defendido solo por hombres. En cambio, los indicios apuntan a una comunidad diversa, un espejo demográfico de todo el imperio. El sitio está arrojando luz sobre grupos poco estudiados en la sociedad romana.

La arqueología desmonta el mito de la soledad en el muro

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El descubrimiento revela más detalles de la vida en el pasado.

El descubrimiento revela más detalles de la vida en el pasado.

Los romanos invadieron Gran Bretaña en el año 43 d.C. y en pocas décadas empujaron hasta Escocia. Sin embargo, después de batallar con grupos locales como los caledonios, Roma retrocedió hacia el norte de Inglaterra. Para asegurar su posición en el año 122 d.C., el emperador Adriano ordenó construir una enorme muralla que se extendía desde lo que hoy es Newcastle, en el este, hasta Carlisle, cerca de la costa oeste. La Muralla de Adriano tenía fuertes, fosos, terraplenes y estacas, y estaba custodiada por auxiliares, tropas que no eran ciudadanos romanos, sino que provenían de diversas partes del imperio.

Elizabeth Greene, presidenta de investigación en arqueología romana en la Universidad de Western en Ontario, cuenta que estos auxiliares “básicamente pasan de ser un grupo conquistado que vive en una provincia conquistada a ser parte de la misma maquinaria de guerra que luego conquista más lugares.” La muralla no buscó marcar el final de la influencia romana. Andrew Gardner, profesor de arqueología romana en el University College de Londres, explica que Adriano esencialmente dice: “'De acuerdo, vamos a detenernos aquí, el Norte no está conquistado, pero lo controlamos desde esta línea'".

Los expertos señalan que, si bien la idea de una vasta muralla que se extiende a lo largo del norte de Gran Bretaña suena intimidante y desolada, era todo lo contrario. Marta Alberti-Dunn, subdirectora de excavaciones en el Fideicomiso Vindolanda, afirma que no era el "modelo de frontera de 'Juego de Tronos', con un gran ascensor que te lleva al piso 5 millones y luego simplemente orinas desde el borde del mundo". Agrega que era un espacio "muy transitado de entrada y salida."

Las personas detrás de los fuertes

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Fueron numerosos los hallazgos en la zona que perteneció al Imperio Romano.

Fueron numerosos los hallazgos en la zona que perteneció al Imperio Romano.

Investigaciones iniciales en el siglo XIX asumían que solo los auxiliares patrullaban la frontera, "viviendo como monjes en recintos fortificados", según Gardner. Pero la investigación posterior demostró que ellos tenían a sus familias consigo, incluso antes de que la Muralla de Adriano consolidara la frontera. La arqueología descubrió que, aunque a los soldados les estaba legalmente prohibido casarse, eso no evitó que tuvieran relaciones o hijos. Greene dice: "Y tenemos todo un cuerpo de evidencia que nos dice eso".

Las excavaciones en Vindolanda y otros sitios revelaron que los fuertes militares se situaban junto a asentamientos "extramuros", es decir, civiles fuera de las murallas. Pero investigaciones recientes indican que la comunidad militar estaba aún más entrelazada. Las familias de los oficiales, e incluso de soldados de bajo rango, posiblemente vivían y trabajaban dentro de los fuertes. Para Greene: "Absolutamente tenemos esta comunidad abierta". Un tesoro de pruebas en Vindolanda permitió vislumbrar estas comunidades como nunca antes.

Unos 1700 artefactos conocidos como las tabletas de Vindolanda, tablillas de madera del tamaño de una postal con textos en tinta, son clave para la comprensión moderna de la vida en la frontera. Estos objetos datan de alrededor del año 100 d.C., antes de que se construyera la Muralla de Adriano. Alberti-Dunn menciona que una de las tabletas más famosas "es de Claudia Severa a Sulpicia Lepidina y la invita a la fiesta de cumpleaños de Claudia".

Agrega que es "el ejemplo más antiguo de escritura femenina [en latín]". También se hallaron unos 5.000 fragmentos de zapatos de cuero abandonados en Vindolanda, revelando aspectos de la vida de las personas, incluyendo su estatus social y dónde vivían. Greene señala que los zapatos son muy valiosos porque "nos dicen exactamente quién estaba allí", incluyendo mujeres y niños desde la ocupación más temprana del fuerte. Estos importantes descubrimientos revelan un cuadro de vida más complejo en los límites del Imperio Romano.