El malvón, cuyo nombre científico es pelargonium hortorum, forma parte del género pelargonium al igual que el malvon pensamiento y el geranio. Esta planta herbácea perenne suele utilizarse en macetas o directo en el sustrato.
Son originarios del sur de África, pero en la actualidad se cultivan en todo el mundo. Por su rusticidad y lo fácil que es reproducirlos se han convertido en las protagonistas del jardín. Además, sus flores ornamentales son muy populares en balcones porque son vistosas, sus raíces no se extienden mucho y precisan poca tierra.
Cuidados de la planta
Pueden crecer con muy pocos cuidados, o incluso toleran ciertos descuidos. Sin embargo, si reciben la atención adecuada pueden florecer prácticamente todo el año.
El malvón puede crecer distintos tipos de suelo pero prefiere aquellos sueltos, fértiles, y con buen drenaje. Los suelos con alto contenido de nitrógeno pueden formar abundantes hojas pero pocas flores. Se adaptan bien a suelos poco profundos ya que sus raíces se desarrollan cerca de la superficie y crecen hasta 15 cm de profundidad.
Esta planta necesita una ubicación con pleno sol, ya que a la sombra crecerá sin gracia, y florecerá muy poco. Si el lugar es muy caluroso, conviene que reciban sol en la mañana, ya que los rayos solares de la tarde pueden resecar las hojas.
Lo ideal es aplicar un riego frecuente en verano, unas tres veces por semana, sobre todo si están a pleno sol y en macetas. Resiste la sequía, así que si te olvidas del riego unos días no pasa nada, no así con el exceso, que puede ser perjudicial.
En invierno hay que disminuir la frecuencia de riego a una vez por semana o menos. Si las hojas inferiores de la planta lucen amarillas y se secan, significa que falta riego. El detalle final del cuidado del malvón es quitar las hojas secas y las flores marchitas. No solo sirve para mejorar el aspecto, sino también para favorecer la floración.






