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Una familia mendocina vendió todo para irse a Uruguay, el coronavirus arruinó su sueño y piden ayuda

Romina Quiroga (30) y Lester Acuña (31) son un matrimonio mendocino. Ellos, antes de la pandemia, tenían pensando irse a vivir a Uruguay pero la cuarentena por el coronavirus arruinó su sueño. Lo peor es que ya habían vendido todas sus posesiones y ahora necesitan ayudar para sobrevivir.

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Romina y Lester siempre fueron aventureros. En enero vieron como Uruguay ofrecía una oportunidad para que los argentinos se mudaran a ese país y se preguntaron si querían irse a ese país. Se respondieron que sí y pusieron manos a la obra.

“Pensamos que el mejor el lugar para arrancar de cero sería Uruguay, donde la posición es muy buena, hay un bajo índice de pobreza y la educación es de calidad”, explicó la joven, quien además remarcó que “al pertenecer al Mercosur no necesitábamos hacer tantos trámites. “Si vamos a emprender vuelo, salgamos del país” le dijo a su esposo.

No era la primera vez que tomaban una decisión de este tipo. El primer gran salto lo habían dado en 2016, cuando abandonaron su provincia natal para dirigirse a Puerto Madryn.

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"Fuimos a pelearla, a arrancar de cero. Somos buscas y siempre nos las ingeniamos para salir adelante. Si no hay trabajo, nosotros lo generamos: con un kilo de harina podemos hacer tortas fritas para vender y con eso ya tenemos para comer mañana", ejemplificó Romina, quien a pesar de la adversidad se muestra con una mentalidad positiva arrolladora.

En esa ciudad chubutense hicieron de todo un poco. Ella siempre abocada a la gastronomía casera y él haciendo changas. Pero el trabajo más importante fue cuando ingresó a una empresa pesquera, que le permitió una buena estabilidad económica. Se casaron, tuvieron a su segunda hija, que hoy tiene 3 años y pudieron comprarse su primer auto.

"Consideramos que ya habíamos cumplido una etapa. Imaginate que cuando llegamos a Madryn nos fuimos a vivir en un ranchito dentro de un asentamiento y después terminamos alquilando una casa", se enorgullecieron.

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Los meses de enero y febrero los utilizaron para investigar cómo hacer para instalarse en Uruguay. Hicieron llamados al Consulado, se contactaron con Migraciones y hasta con el Ministerio de Educación de Uruguay para pedir cupo escolar para las nenas. Durante este tiempo, también vendieron todo lo que tenían y solo se quedaron con una mochila de ropa cada uno y el auto.

"Tras vender los muebles y otros objetos de valor recaudamos $50 mil que, según nuestros cálculos, era los que nos alcanzaba para alquilar una casa en Montevideo durante dos meses", aseguró la joven.

Partieron de Madryn el 1 de marzo, se desviaron a Mendoza a buscar unos papeles que les faltaban y a despedirse de la familia. Allí se demoraron más de lo esperado y luego siguieron viaje hacia Buenos Aires, desde donde tenían pensado cruzar en ferry. “Tuvimos que cambiar de planes porque nos pedían $6 mil por el auto y $3 mil a cada uno. No podíamos gastar toda esa plata y más teniendo en cuenta que con $5 mil de nafta podíamos hacerlo de manera terrestre”, admitieron.

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Arribaron a Capital Federal el 15 de marzo pero se encontraron con que lo único que les faltaba para poder cruzar la frontera era validar los certificados de nacimiento de los cuatro. "Es un apostillado especial que tiene una validez internacional", explicó Romina. Ese imprevisto, esa demora en conseguir los sellados fue determinante para que su sueño se desvaneciera.

Cinco días después, el presidente Alberto Fernández anunció la cuarentena obligatoria y se quedaron varados en Buenos Aires sin tener adonde ir. Pasaron varias noches durmiendo en el auto o refugiados en estaciones de servicio hasta que un día conocieron a un matrimonio que trabajaba en una panadería quienes, conmovidos por su historia, les permitió armar la carpa en el fondo de su casa -situada en la localidad bonaerense de Temperley- hasta que pasara la cuarentena.

"El aislamiento se fue extendiendo y ya no podíamos seguir abusando de su generosidad. Empezamos a gastar nuestros ahorros, estábamos desesperados buscando un lugar donde vivir. Los vecinos fueron muy solidarios con nosotros. Nos acercaron comida, ropa y frazadas", contó Lester.

Su principal preocupación era buscar un lugar donde vivir. "Averiguamos donde estaban brindando asilo pero todos los lugares estaban completos. Y consultando, nos contaron que en Club Temperley había un comedor", recordaron. Allí conocieron a su "ángel de la guarda", una mujer llamada Paola que les ofreció quedarse en la Mutual 9 de Julio, que queda a tres cuadras del club y ella misma preside. "Nos convertimos en una especie de caseros del lugar", contaron.

Actualmente, para pagar los servicios de luz y gas que ellos mismos consumen se pusieron a vender empanadas. "Paola toma los pedidos en el barrio y nosotros cocinamos y hacemos las entregas. Luego de pagar las boletas, con los pesitos que nos quedan vamos tirando en la semana y tratamos de subsistir", indicó Romina. Pero no es suficiente. Saben que tienen que seguir trabajando duro porque su objetivo sigue en pie.

"Sabemos que no hay vuelta atrás. La idea es seguir aguantando. La pasamos feo cuando llegamos y si pudimos vencer eso, sabemos que lo viene tiene que ser mejor", dijo Lester, quien se ofrece en el barrio para hacer tareas de albañilería, jardinería o changas de cualquier tipo. "Solo buscábamos progresar, jamás nos imaginamos que podía pasar algo así", se lamentó otro de los miles de afectados que dejó la pandemia de coronavirus en el país.

*Los que quieran ayudar este matrimonio pueden contactarse al 0280-15402-6597

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