Mano a mano

La ex jueza María Inés Lona habla de su familia, los jueces y cómo se salvó del naufragio de un crucero

María Inés Lona puso punto final a su carrera de jueza el viernes 1 de marzo de este año: 54 años después de aquel comienzo en un despacho en Maipú y a punto de cumplir 80 años.

Ahora estudia Inglés con una profesora particular en su casa, frente a la remozada plaza España. En el mismo cuarto piso donde recibe a Diario UNO. Cerca de donde tuvo su despacho durante las últimas décadas. Tan cerca que iba y volvía caminando.

-¿Le gusta cómo quedó la plaza?

-Está igual pero más limpia y más brillante, y el césped, más lindo. Y estoy atenta al que venga en patineta porque voy a bajar, como lo he hecho siempre. Aunque a veces me hayan dicho, '¿Quiere que vaya a robar en vez de andar en patineta?', y yo les haya contestado Yo, a usted no lo mando a robar, pero debe cuidar la plaza. Yo a mis menores siempre los he tratado de usted.

El ambiente es silencioso y está dominado por plantas de interior y muebles sencillos. En una mesa baja se destaca un Martín Fierro de generosas dimensiones, ilustraciones y tipografía. "Ha sido un regalo y nunca lo he leído", dice.

De pronto, la ex jueza se ubica en otro sector de la vivienda. Es a pedido del fotógrafo y por eso de las luces y las sombras a la hora de captar un retrato. O un gesto.

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De no haber sido jueza, María Inés Lona, quien prefiere decir juez (textual),  habría sido maestra, dice. O psicóloga, concede. Mira a los ojos porque sabe que allí está el secreto para entender a las personas. Aunque también las estudia según posturas y reacciones.

"En mi despacho de juez de Minoridad había tres sillones para recibir a parejas en litigio: si se sentaban dejando libre el sillón del medio yo me daba cuenta de que ya tenían todo resuelto entre ellos" "En mi despacho de juez de Minoridad había tres sillones para recibir a parejas en litigio: si se sentaban dejando libre el sillón del medio yo me daba cuenta de que ya tenían todo resuelto entre ellos"

María Inés Lona

En Mendoza es conocida como "la jueza Lona de Abalos". Pero a nivel mundial la conocieron como la jueza que junto a dos hijas -María Silvina y María Valeria- se salvaron del naufragio del crucero Costa Concordia. Ya pasaron 7 años de aquella experiencia en el Mediterráneo. Era su primer crucero y la experiencia duró unas pocas horas. Ahora es una huella en su historial.

No había tiempo para asustarse: había que actuar -recuerda-. Nunca sentí que el agua irrumpiera en el puente 12 donde estábamos. Luego, bajamos al cuarto puente y cuando el crucero se inclinó y quedó a 4 metros del agua hubo que saltar al mar. Y me tiré. Con mis hijas nos tiramos. De no haber sido descubiertas por un periodista argentino que estaba en el lugar acá nunca se hubiera sabido que nosotras estábamos allí.

-¿Cómo empezó todo?

-Nos quedamos sin luz y encendieron las luces de emergencia: dijeron que había un problema energético y yo me lo creí. Pero si hubiera estado en Argentina, no lo hubiera creído.

-¿Cómo tomó aquella experiencia?

-Pensando ¿por qué no iba a pasarme?

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Ser jueza a los 26

-Volvamos al Maipú de los '60 ¿cómo era impartir justicia?

-Eran pequeñas causas en una justicia muy tranquila, muy serena. No existía esta violencia a flor de piel de hoy. Cortesía total. Yo tenía 26 años y aparentaba menos así que, y esto lo supe después, el secretario del juzgado dijo a los auxiliares: señores, va a venir una juez (sic) muy joven: deben cuidar el respeto. Hoy, ¿qué hubiera dicho?: No le lleven el apunte.

De carrera

Después fue asesora de Menores e Incapaces en los tribunales. La primera. Y significó pasar de un lugar sencillo al Palacio del Poder Judicial.

"Cuando me recibí de abogada, en 1962, en la Primera Circunscripción éramos solo tres mujeres -recuerda Lona de Abalos-. Los varones daban un paso al costado para que nos atendieran primero. La cortesía se valoraba", cuenta.

-¿Hay más violencia hoy?

-Hay más violencia pero también hay como un permiso para ser violento. Los chicos están acostumbrados a gritar. Años atrás era un chirlo en la cola o una voz imperativa que dijera ¡Quedate quieto! Hoy, muchas madres dejan que todo suceda. Aquella voz imperativa ya no existe.

La entrevistada habla fluido y cuando habla de responsabilidades entrega dos frases contundentes:

"Antes no se les echaba la culpa a los padres si uno hacía una macana: hoy hay como una necesidad de que la culpa sea del otro" "Antes no se les echaba la culpa a los padres si uno hacía una macana: hoy hay como una necesidad de que la culpa sea del otro"

"Hoy, la palabra derechos no se nos descuelga de la boca pero con la palabra deberes no ocurre lo mismo" "Hoy, la palabra derechos no se nos descuelga de la boca pero con la palabra deberes no ocurre lo mismo"

María Inés Lona

Fue jueza penal de Menores en el último tramo de la carrera judicial y debió resolver sobre el destino de menores de edad en conflicto con la ley, incluso por haber utilizado armas contra sus víctimas.

También es voz autorizada sobre un tema controvertido: la edad de imputabilidad de los menores que delinquen.

Ya está dicho que la ex jueza habría sido psicóloga. Porque avanza en esa vertiente profesional respecto de los chicos de hoy, ella tan acostumbrada a tratar con familias enteras en momentos complicados. De separaciones. De broncas.

Hoy -dice María Inés Lona- el poder de análisis es muy pobre: los chicos no analizan nada. Hoy ellos son: Me gusta, lo quiero, lo hago. Y si no me gusta, no. ¿Sabe por qué? -propone- porque los grandes también son así.

-¿Cómo debe ser un juez?

-Transparente. ¿Sabe por qué? Porque si juzga, todo el mundo tiene derecho a juzgarlo. Tampoco debe darse por vencido, porque nunca se sabe cuál es la palabra que puede prender en el ciudadano que ha llegado a su despacho en busca de justicia. Y esencialmente, no debe permitir que algo se interponga entre lo que es justo y el ciudadano. Un juez no debe dar lugar a dudas.

-¿Se razona poco?

-El celular -dice mientras señala el que utiliza el periodista para grabar esta conversación- es un arma en contra del razonamiento y de la instrospección para decir por qué me pasó tal o cual cosa...

Familia judicial

Ya pasaron 12 años desde que María Inés Lona enviudó de Aníbal Ábalos, respetadísimo juez, abogado, docente y vicedecano de Ciencias Jurídicas de la Universidad de Mendoza.

-Mi esposo tenía una mente jurídica -dice-. Para que se entienda cuento que cuando se demoraba mucho en la ducha diaria yo me acercaba a la puerta y le decía: ¿Qué juicio estás resolviendo? -lanza una carcajada-. Mi especialidad era la Minoridad. Yo era lo menos jurídico del mundo.

Del matrimonio nacieron María Gabriela, María Silvina y María Valeria Abalos. Las dos primeras son juezas tributaria y civil y comercial. La tercera atiende su estudio jurídico.

Mis hijas son las jueces más lúcidas de mi conducta -define la ex magistrada.

-¿Cómo eran esas mesas de padres e hijas ligados al Derecho?

-Jamás se hablaba de eso en la mesa. Si alguna de ellas quería comentar algún tema con el padre lo hacía. Conmigo ninguna lo hacía.

Tres frases, tres lecciones

Los pleitos de Familia le han dejado numerosísimas experiencias y enseñanzas, que ella cuenta de este modo:

"Dando clases de Familia en la universidad un día dije que lo terrible de los noviazgos largos es que al final uno se casa. Y... como llevo diez años de novio... Eso no hay que hacerlo porque a los dos años terminan separados" "Dando clases de Familia en la universidad un día dije que lo terrible de los noviazgos largos es que al final uno se casa. Y... como llevo diez años de novio... Eso no hay que hacerlo porque a los dos años terminan separados"

"Durante el noviazgo hay que mirar a la novia o al novio con los dos ojos bien abiertos. Entonces, si uno llega siempre tarde o es desordenado u otra cosa, el otro no debe pensar, Bueno, cuando estemos casados va a cambiar. No, no: siempre va a llegar tarde, siempre será desordenado. Pero cuando ya estén casados tápense un ojo: y en vez de ver a la otra parte desordenada, desarreglada o impuntual la verán menos desordenada, menos desarreglada o menos impuntual. No busquen tanto" "Durante el noviazgo hay que mirar a la novia o al novio con los dos ojos bien abiertos. Entonces, si uno llega siempre tarde o es desordenado u otra cosa, el otro no debe pensar, Bueno, cuando estemos casados va a cambiar. No, no: siempre va a llegar tarde, siempre será desordenado. Pero cuando ya estén casados tápense un ojo: y en vez de ver a la otra parte desordenada, desarreglada o impuntual la verán menos desordenada, menos desarreglada o menos impuntual. No busquen tanto"

"A la mujer hay que decirle: Tener un hijo es colgarte una mochila que debés llevar con amor y sacrificio, pero es una mochila. Y con una mochila no se salta de la misma manera, no se entra a cualquier lado... La maternidad conlleva limitaciones con las que se debe convivir" "A la mujer hay que decirle: Tener un hijo es colgarte una mochila que debés llevar con amor y sacrificio, pero es una mochila. Y con una mochila no se salta de la misma manera, no se entra a cualquier lado... La maternidad conlleva limitaciones con las que se debe convivir"

María Inés Lona


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