Parece mentira

Estudio inédito descubre que nuestro nombre tiene efecto en el rostro que tenemos de adultos

Nuestro nombre puede modificar nuestro rostro, o por lo menos eso indice el descubrimiento de un nuevo estudio

"Tienes cara de Marcelo". Seguramente alguna vez escuchamos esa frase, con el nombre cambiado. Si bien siempre suena a fantasía, ahora la ciencia llegó a un descubrimiento sorprendente: nuestro nombre sí influye en nuestra fisonomía, pero sólo cuando somos adultos.

Un nuevo estudio reveló que las personas pueden adivinar el nombre de un adulto entre cuatro opciones un número de veces mucho más alto que lo que indica la probabilidad. Esto no sucede, en cambio, cuando se muestran fotografías de niños, lo que sugiere que vamos adquiriendo las "características" de nuestro nombre con el paso de los años.

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Un descubrimiento intrigante

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La apariencia de los bebés no tiene nada que ver con su nombre.

La apariencia de los bebés no tiene nada que ver con su nombre.

El estudio, titulado "Nos parecemos a nuestros nombres: la manifestación de estereotipos de nombres en la apariencia facial", indica que las personas van ajustando su apariencia de diferentes formas, con peinados, anteojos, piercings, etc...

"Hemos demostrado que existen constructos o estructuras sociales, algo que hasta ahora era casi imposible comprobar empíricamente", explicó Yonat Zwebner, experto en marketing de la Universidad Reichman de Israel y uno de los autores del estudio.

El investigador señaló que "la estructura social es tan fuerte que puede afectar la apariencia de una persona". "Estos descubrimientos pueden implicar hasta qué punto otros factores personales que son incluso más significativos que los nombres, como el género o la etnia, pueden moldear lo que las personas llegan a ser cuando crecen", agregó".

El estudio que llegó a una conclusión única

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Uno de los tests que llegó al descubrimiento sorprendente.

Uno de los tests que llegó al descubrimiento sorprendente.

Estudios anteriores habían llegado a resultados similares, pero no analizaban si los bebés recibían un nombre debido a su apariencia, o los adultos llegaban a su apariencia debido a su nombre. Esta nueva investigación utiliza participantes humanos y algoritmos de aprendizaje automático (machine learning) para poner fin al debate.

Uno de los tests puso a niños de entre 8 y 12 años y a adultos mayores de 18 años a elegir el nombre de niños y adultos con múltiple choice. Los participantes sólo veían una foto del rostro y con esa información tenían que elegir una de las cuatro opciones.

Todos los participantes fueron igualmente efectivos en unir los nombres de los adultos al rostro correcto, pero no sucedió lo mismo con las caras infantiles. Aún después de que los investigadores alteraron digitalmente los rostros de los niños para que parezcan adultos, no obtuvieron los mismos resultados.

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Otro test hizo que un algoritmo estudiara adultos con los mismos nombres, y luego descubrió que estos tienden a tener una apariencia similar, pero esto no pasó con niños que se llamaban igual.

Zwebner concluyó que "en conjunto, estos hallazgos sugieren que incluso nuestra apariencia facial puede verse influenciada por un factor social como nuestro nombre, lo que confirma el potente impacto de las expectativas sociales".

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