Historias

Escribió un libro sobre cómo volver a empezar y la vida la puso a prueba: antes de lanzarlo murió su papá

Paulina Fernández Palermo presenta "Lo que aprendí al frenar". El libro nació tras una grave lesión deportiva y llegará a los lectores atravesado por otro dolor

Hay libros que nacen para contar una historia. Y hay otros que, sin proponérselo, terminan contando dos.

Cuando Paulina Fernández Palermo empezó a escribir, no imaginaba que esas páginas algún día tendrían tapa, contratapa y una presentación oficial. Mucho menos que la vida le agregaría un capítulo imposible de anticipar.

Junto a su papá, que falleció el mes pasado a causa de un ACV.

Junto a su papá, que falleció el mes pasado a causa de un ACV.

Tiene apenas 16 años. Juega al hockey desde chica y hace poco más de un año sufrió una doble fractura de tobillo durante un partido de Primera División. Aquella lesión la obligó a detener una rutina que hasta ese momento giraba alrededor de la escuela, los entrenamientos y la competencia.

Durante seis meses no pudo volver a la cancha.

Sin embargo, ese freno terminó abriendo otro camino.

Lo que comenzó como un ejercicio íntimo para poner en palabras el dolor, la incertidumbre y el miedo fue convirtiéndose en algo mucho más grande. Cada página hablaba de paciencia, de resiliencia, de confianza, de vínculos, de aprender a convivir con aquello que no se puede cambiar.

Así nació "Lo que aprendí al frenar. Volver distinta al mismo lugar", el libro que presentará este lunes 6 de julio, a las 20, en la Biblioteca Manuel Belgrano de Godoy Cruz.

La presentación del libro será especial y sin la presencia de su padre

Pero la presentación llegará con una ausencia imposible de llenar.

Hace apenas un mes murió su papá, Rolando Fernández, licenciado en Sistemas y trabajador del área de Infraestructura de Casa de Gobierno desde hacía 25 años. Un ACV terminó inesperadamente con su vida cuando el proyecto del libro ya estaba listo para salir a la luz.

Fue, paradójicamente, la persona que primero creyó que aquellas hojas podían transformarse en un libro.

"La escritura empezó sin pensar en publicar nada. Era simplemente la forma que encontré para expresar lo que sentía. La idea del libro vino después, cuando me animé a leerles algunos capítulos a mis papás", cuenta Paulina.

Ellos fueron quienes la convencieron de que esas palabras podían ayudar a otros.

"Me dijeron que lo que escribía no era solamente para deportistas. Hablaba de la confianza en uno mismo, de la paciencia, de la resiliencia, del amor y de los vínculos. Que muchas personas podían sentirse identificadas", relata.

Su papá fue el primer lector. También el primer admirador.

"Fue el primero en leerlo y no tardó nada en decirme lo orgulloso que estaba", recuerda.

"Me genera una profunda tristeza porque era un proyecto de libro en conjunto"

Hoy esa frase adquiere un peso distinto. "Me genera una profunda tristeza porque este era un proyecto de los tres. Él estaba muy entusiasmado por ver el libro publicado. Aunque se me hace muy difícil estar haciendo todo esto sin él, sé que era algo que quería que yo hiciera y, en parte, también lo hago por su memoria", reflexiona.

Paulina atravesó primero la lesión. Después, la recuperación.

Y cuando finalmente estaba lista para celebrar el sueño de publicar su primer libro, apareció un dolor infinitamente mayor.

Sin embargo, hay una frase de su papá que se convirtió en brújula.

Junto a su mamá, Carolina, que siempre la apoyó en este proyecto.

Junto a su mamá, Carolina, que siempre la apoyó en este proyecto.

"Que tus sueños sean más grandes que tus miedos, siempre", le dijo y ella lo repite casi de memoria.

Como si cada palabra siguiera empujándola.

La historia que cuenta en el libro nació a partir de aquella doble fractura que la dejó durante semanas sin poder caminar con normalidad.

Pero, con el paso del tiempo, entendió que las heridas más profundas no siempre son las que aparecen en una radiografía.

"La mayoría de los cambios que viví no fueron físicos sino emocionales. Lo más difícil fue entender que no iba a volver siendo la misma persona. Hoy trato de valorar mucho más las pequeñas cosas, disfrutar el momento, confiar en mí y no frustrarme tanto cuando algo no sale como esperaba", expresa.

Durante el primer mes ni siquiera pudo asistir a la escuela.

El dolor cuando el hockey desapareció de la rutina

El hockey desapareció de golpe de su rutina.

La independencia también.

"Estaba sin nada que hacer la mayor parte del tiempo y eso era muy frustrante. Pero gracias a ese freno aprendí a valorar cosas que antes parecían insignificantes, como caminar, bañarme sola o simplemente poder moverme", evoca.

Por eso insiste en que el libro no habla solamente de deporte sino de la vida.

"Muchos deportistas entrenan muchísimo el cuerpo, pero cuando por alguna razón ya no pueden hacerlo, se frustran. Para volver más fuerte también hay que entrenar la cabeza. Muchas veces eso termina siendo incluso más importante", advierte.

Paulina tampoco pretende ofrecer recetas ni fórmulas mágicas.

"Muchos deportistas entrenan muchísimo el cuerpo, pero cuando por alguna razón ya no pueden hacerlo, se frustran", advierte Paulina.

"No quiero que quien lea mi historia encuentre respuestas. Quiero que se haga preguntas. Que se conozca mejor y que entienda que no está solo. Hay situaciones que no podemos cambiar. Entonces, para seguir adelante, no queda otra que cambiar nosotros mismos", agrega.

Quizá esa frase resuma también el momento que atraviesa.

Porque este libro nació cuando una lesión la obligó a frenar.

Este lunes presenta su libro en la biblioteca Manuel Belgrano

Y terminará de encontrar a sus lectores cuando la vida volvió a detenerla de la manera más dolorosa.

Este lunes, cuando tome la palabra frente al público y sostenga por primera vez el ejemplar que imaginó durante tantos meses, habrá una silla vacía y será la de Rolando, su papá.

Durante 6 meses estuvo en pausa con el hockey y allí fue cuando surgió escribir.

Durante 6 meses estuvo en pausa con el hockey y allí fue cuando surgió escribir.

El hombre que leyó aquellas primeras páginas antes que nadie, que la convenció de que valía la pena publicarlas y que ya no podrá aplaudir desde la primera fila.

Pero ella está convencida de que la sigue acompañando.

Y, de alguna manera, cada página de "Lo que aprendí al frenar" también lleva escrita la voz de ese padre que un día le dejó el consejo más importante de todos: que nunca permitiera que sus miedos fueran más grandes que sus sueños