Día del Trabajador

Es sorda, no consigue trabajo formal y decidió inventarse para salir adelante: "La chica del agua"

En este Día del Trabajador, la historia de María Laura Vautier expone lo que ella llama falta de oportunidades laborales para personas en su condición

El trabajo, ese eje que organiza la vida de millones de personas, no es igual para todos. Mientras algunos discuten horarios, salarios o condiciones, otros siguen intentando, simplemente, acceder a una oportunidad. En ese lugar muchas veces ignorado, está María Laura Vautier, mendocina, sorda, 29 años, que en este Día del Trabajador pone en palabras una realidad que interpela: “La mayoría de las personas sordas no tiene trabajo”.

Lo dice sin vueltas, después de haber pasado más de una década dentro del Estado sin lograr estabilidad, después de haber golpeado puertas que no se abren y después de haber tenido que reinventarse para no quedarse quieta en un sistema que promete inclusión, pero muchas veces no la concreta.

laura piletera
María Laura es hipoacúsica y tiene dos implantes cocleares.

María Laura es hipoacúsica y tiene dos implantes cocleares. "Mi historia laboral empezó hace muchos años en el Estado pero nunca logré pasar a planta permanente", contó.

Su historia no empieza ahora, ni con las piscinas, ni con el emprendimiento que hoy la sostiene. Empieza mucho antes, cuando consiguió ingresar a trabajar en el Estado provincial y creyó, como tantos, que el esfuerzo iba a ser recompensado con el tiempo.

Trabajo desde hace 11 años para el Estado de Mendoza como monotributista. Ingresé en 2015 al Ministerio de Gobierno, después pedí traslado al Registro Civil por distintas circunstancias. A pesar de todos estos años sigo contratada, sin aportes jubilatorios ni obra social, con un sueldo que hoy no me alcanza para cubrir lo básico”, cuenta y habla del desgaste no solo económico, sino también emocional.

El famoso cupo para personas con discapacidad que, según dice, nunca se cumple

Durante ese tiempo presentó notas, hizo reclamos, se apoyó en el sindicato, esperó respuestas que nunca llegaron. El famoso cupo del 4% para personas con discapacidad parecía una puerta posible, pero quedó en promesa.

“Presenté varias notas solicitando el pase a planta permanente, tanto por mi cuenta como a través de ATE, y no hay novedades hasta el momento”, resume.

Esa espera, lejos de ser neutra, fue haciendo mella.

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A través de un amigo, María Laura encontró un emprendimiento que le gustó y que hoy piensa continuar: el mantenimiento de piscinas.

A través de un amigo, María Laura encontró un emprendimiento que le gustó y que hoy piensa continuar: el mantenimiento de piscinas.

Porque detrás de la precarización también hay una carga emocional que pesa, que desgasta, que empuja a situaciones límite. María Laura lo dice sin rodeos: “Hoy me siento en una situación de gran vulnerabilidad”.

En ese contexto, la posibilidad de estudiar también se volvió difícil. Está cursando una tecnicatura en Gestión de Empresas, pero tuvo que poner en pausa ese proyecto. No porque no quiera, sino porque sostener todo al mismo tiempo se volvió imposible.

"Buscaba trabajo, no se me daba y sentía frustración, pero apareció algo impensado"

Y ahí aparece el punto de quiebre, el momento donde la historia cambia de dirección.

“Fue un proceso difícil. Buscaba trabajo y no se me daba, y eso me generaba mucha frustración. Pero en vez de quedarme esperando, empecé a pensar qué podía hacer por mi cuenta”, cuenta.

Fue así que a María Laura -que tiene doble implante coclear- le llegó la oportunidad de la mano de vínculos, de esos lazos que muchas veces reemplazan lo que el sistema no ofrece. Un amigo le propuso hacerse cargo de propiedades para alquileres temporarios durante un viaje. Tenía que hacer check-in, check-out, mantenimiento, resolver problemas. Aceptó.

Y en ese proceso, sin buscarlo del todo, encontró algo.

la chica del agua

“Mi amigo fue clave en ese momento. Él confió en mí y me dejó a cargo de sus propiedades junto a una amiga. Ahí descubrí que me gustaba, que podía hacerlo. Él antes hacía mantenimiento de piscinas y me motivó mucho. Empecé a pensar: ‘¿Y si yo también puedo hacer esto?’”.

La idea parecía simple, pero no lo era. Implicaba animarse, invertir, equivocarse, salir a ofrecer un servicio en un rubro donde predominan los hombres y donde, además, hay prejuicios.

“Al principio tenía miedo, dudas, no sabía si iba a hacer algo mal con el equipo de filtrado. Pero me arriesgué. Dije ‘yo puedo, no voy a fallar’, y empecé de a poco, comprando herramientas, un barrefondo, un caño telescópico, después la bomba. Fui creciendo con lo que iba ganando”.

Ese paso, que para muchos podría ser apenas un emprendimiento más, para ella fue mucho más: fue recuperar autonomía.

“Es un trabajo muy lindo y además no tengo jefes, no dependo de nadie. Yo me manejo sola, tengo mis herramientas, mi movilidad. Eso me da una libertad que no tenía”, explica.

"Soy piletera y me encanta"

Pero también hubo algo más profundo, una mirada distinta sobre el propio oficio y sobre el lugar que ocupa en la sociedad.

“Escuchaba que muchas personas, sobre todo mujeres mayores o que viven solas, se sienten inseguras cuando va un hombre a hacer estos trabajos. Entonces pensé: ¿qué pasaría si voy yo? Ser piletera no tiene género. Es un trabajo como cualquier otro”, señala.

En esa frase hay una doble ruptura: con los prejuicios sobre las mujeres en determinados oficios y con los prejuicios sobre las personas con discapacidad.

Porque si hay algo que atraviesa toda su historia es eso: la mirada del otro.

“Genera mucha impotencia. No se le da la oportunidad a personas con discapacidad, y en el caso de las personas sordas, la mayoría no tiene trabajo. Por eso muchos terminan cobrando una pensión, y después la sociedad los juzga diciendo que no quieren trabajar, cuando en realidad no hay oportunidades”, reflexiona.

Lo dice con una claridad que interpela.

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María Laura es mendocina y sorda. Frente a la falta de oportunidades laborales se puso a emprender y hoy hace el mantenimiento de piscinas. "Me reinventé porque el cupo para personas con discapacidad no se cumple", dijo.

María Laura es mendocina y sorda. Frente a la falta de oportunidades laborales se puso a emprender y hoy hace el mantenimiento de piscinas. "Me reinventé porque el cupo para personas con discapacidad no se cumple", dijo.

Porque no se trata solo de una experiencia individual, sino de un fenómeno más amplio, de una realidad estructural que se repite.

“Las personas sordas somos totalmente capaces de aprender, de trabajar, de cumplir. Muchas veces somos muy responsables y comprometidas. Pero todavía hay mucha discriminación y falta de inclusión real”.

En su caso, tomó una decisión que también marca una posición.

“Yo no cobro pensión porque no lo necesito. Soy una persona trabajadora y siempre busqué salir adelante. Por eso empecé a pensar en emprender algo propio”, agrega.

Antes de llegar a las piscinas, evaluó otros caminos. Pensó en el detailing de autos, por ejemplo, pero no se adaptaba a sus tiempos ni a su realidad.

“Necesitaba algo más flexible, que me permitiera organizarme con el estudio, con mi vida, y ahí encontré este camino”, dice.

La falta de oportunidades para personas con discapacidad y la necesidad de emprender

Hoy, con apenas 5 meses de experiencia, ya logró algo que durante años le fue esquivo: generar ingresos propios de manera independiente.

Y no solo eso.

“Soy una persona de confianza. Tengo clientes que me dejan las llaves para entrar a sus casas cuando no están. Eso habla de lo que construí”, advierte.

En paralelo, suma otras actividades, como la venta de productos, buscando diversificar ingresos en un contexto económico complejo.

Pero incluso en ese presente más estable, la historia no pierde de vista lo estructural.

Porque María Laura no romantiza el esfuerzo ni idealiza el emprendedurismo como única salida. Lo plantea como una respuesta posible ante la falta de oportunidades.

Y por eso, en el Día del Trabajador, su mensaje va más allá de su caso.

“Les diría a otras personas sordas o con discapacidad que no dejen de intentarlo y que también piensen en emprender. Hay muchos trabajos que se pueden hacer de manera independiente, y hoy en día hay demanda. Se puede”.

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María Laura convive con Ramiro, su pareja desde hace 5 años. "También es sordo y nos entendemos perfectamente", contó.

María Laura convive con Ramiro, su pareja desde hace 5 años. "También es sordo y nos entendemos perfectamente", contó.

Pero también marca un horizonte más amplio, un deseo que trasciende lo individual.

“Recién llevo 5 meses, pero mi idea es seguir creciendo. Más adelante me gustaría poder sumar a alguien y darle una oportunidad a otra persona”.

La frase tiene un peso especial. Porque alguien que no encontró lugar en el sistema piensa, aun así, en generar lugar para otros.

Y en ese gesto aparece otra forma de entender el trabajo: no solo como sustento, sino también como posibilidad de construir algo distinto.

La inclusión verdadera –ella lo vive en carne propia- todavía es una deuda. Pero, pese a todo, María Laura decidió no quedarse quieta y salir a inventarse su propio camino. Una historia entre tantas en este Día del Trabajador.