Una terrible nevada en el Parque Aconcagua, el hallazgo de un tronco en el que vio representadas las alas de un cóndor y la posibilidad de que un compañero le enseñara a usar una motosierra fueron las tres razones por las que el diseñador, artista plástico y guardaparque mendocino, Alejandro Zalazar Correa, comenzó a hacer esculturas gigantes
Es guardaparques y escultor y sus obras gigantes se lucen en las reservas naturales de Mendoza
En diálogo con Diario UNO, Zalazar Correa contó cómo surgió en él la necesidad de darle una segunda oportunidad a los elementos que ya cumplieron su vida útil, pero que pueden convertirse en una obra de arte porque sus trabajos se pueden ver más que nada en las reservas naturales de Mendoza.
Una nevada reveladora
-¿Cómo comenzaste a hacer estas grandes esculturas?
-Yo soy diseñador, pero también soy guardaparques. En una oportunidad, estábamos con un grupo de compañeros en el Aconcagua y cayó una terrible nevada, de esas que te dejan aislados del mundo.
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En esos días vi un tronco, y entonces me imaginé que podía hacer con él unas alas de cóndor. Pero era muy difícil para mi, sin elementos, ponerme a tallarlo, porque el tronco era muy grande.
Lo que hizo fue aprender a usar una motosierra, con la ayuda de un compañero de trabajo que se ofreció a enseñarle.
Trabajar con lo que ofrece la naturaleza
Zalazar Correa cuenta que le costó salir de la bidiemsión en la que el dibujo lo tenía un poco encorsetado y animarse a darle volumen a sus ideas. Finalmente se arriesgó, pero fue un proceso que le llevó un tiempo.
En ese tiempo aprendió a mirar. Lo que vio fue que hasta en un tronco seco, o en el rastro de los elementos que la naturaleza va desperdigando, hay una posibilidad artística.
Su principal expertise es la madera, pero también he comenzado a usar el metal, es el material más nuevo con el que está experimentando.
La temática de la naturaleza -sobre todo de la fauna autóctona de Cuyo- tiene que ver con su trabajo como guardaparque. Aunque ya no ejerce más esta profesión, aún sigue trabajando para la Dirección de Recursos Naturales.
Su labor es realizar estas esculturas gigantes en las reservas naturales y áreas protegidas de Mendoza, como Ñacuñán o Villavicencio. La finalidad es que a pesar de que los animales no siempre se encuentren a la vista, se los pueda conocer a través de la obra del artista.
En Ñacuñán (reserva natural ubicada en Santa Rosa) está una de sus esculturas más grandes, una araña de aproximadamente 6 metros. Toda la textura que representa los pelos de las patas fue realizada con troncos, pero Zalazar cuenta que dentro de esa escultura, "hay de todo", lo que fue encontrando para darle forma al cuerpo.
La Venus del Vino
Si bien reivindica la posibilidad de trabajar uniendo dos temáticas que han marcado su vida -naturaleza y arte- Zalazar Correa no quiere quedar etiquetado como "el artista de los animales", porque la verdad es que su obra no se limita a esto.
"Me gusta mucho trabajar la figura humana, cuando tengo la oportunidad de hacerlo la disfruto mucho".
Esta oportunidad se le dio el año pasado, cuando lo convocaron de la bodega Lamadrid -ubicada en Agreglo, Luján de Cuyo-
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"Tenían un tronco seco al que iban a cortar, y la encargada había visto mi trabajo, a través de las redes sociales, entonces me llamó para ver si se me ocurría hacer algo con esto".
Lo que se le ocurrió fue darle forma de mujer.
Los primeros cortes los hizo con la motosierra, pero la Venus tiene muchísimos detalles, los que fue trabajando con otras herramientas más pequeñas: amoladora, minitorno y gubias.
El resultado final es una Venus que en lugar de nacer de una ostra, nació de un nogal. Mide 1.60 metros, sin medir la cabellera que se talló en las ramas del árbol.
A Zalazar Correa le llevó dos meses darle forma y el resultado final conmovió al dueño de la bodega, el empresario cubano Guillermo García Lamadrid, que quiso que la escultura se inaugurara durante el almuerzo de Vendimia, en marzo del 2022.








