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En un barco rústico cruzó el océano Pacífico en 101 días para demostrar que los pueblos precolombinos llegaron a las islas

Este viaje no solo fue una aventura, sin una forma de comprobar como se desplazaban los pueblos precolombinos

Desde siempre, el océano ha sido tanto frontera como puente. Durante siglos la ciencia ha intentado desentrañar cómo las culturas humanas se expandieron por el planeta, y si los viajes transoceánicos en pequeños barcos ocurrieron antes de lo que las fuentes clásicas sugieren.

En la década de 1940, el explorador y antropólogo noruego Thor Heyerdahl (1914–2002) puso a prueba una idea concreta: ¿podrían las antiguas civilizaciones de Sudamérica, sin tecnología moderna, haber alcanzado las islas del Pacífico? Para responderlo, decidió construir una embarcación con técnicas antiguas y ponerla a prueba en el océano.

Balsa Kon-Tiki

En un barco rústico cruzó el océano Pacífico en 101 días para demostrar que los pueblos precolombinos llegaron a las islas

Heyerdahl y su equipo construyeron la balsa KonTiki, inspirada en las descripciones etnográficas de balsas hechas de troncos de balsa, usadas tradicionalmente en la costa de Ecuador y el Perú. El nombre del barco aludía a la leyenda incaica de KonTiki Viracocha, un dios creador que, según mitos, habría venido del mar.

El 28 de abril de 1947, Heyerdahl y cinco compañeros zarparon desde Callao, Perú, sobre un prototipo de barco de madera y cañas, sin motor ni instrumentos de navegación modernos. La idea era dejarse llevar por las corrientes marinas y el viento hacia el oeste, y comprobar si era físicamente posible que pueblos sudamericanos hubieran alcanzado las islas polinesias siglos antes de los contactos europeos. La travesía duró 101 días y recorrió más de 8.000 kilómetros a través del vasto Pacífico.

Balsa Kon-Tiki (1)

Como fue el fin de esta aventura

La expedición enfrentó tormentas, mares embravecidos, incertidumbres constantes y la inmensidad que solo el océano puede imponer. El 7 de agosto de 1947 la KonTiki llegó al atolón de Raroia, en las islas Tuamotu (actual Polinesia Francesa). Habían demostrado que, en términos prácticos, una balsa construida con tecnología preindustrial podía cruzar el Pacífico desde Sudamérica hasta Oceanía.

Aunque la mayoría de arqueólogos no sostienen que existieron contactos culturales significativos entre Sudamérica y Polinesia en épocas precolombinas, la travesía de la KonTiki sí cambió la forma en que se piensa la migración marítima antigua. Movió el debate de lo hipotético a lo experimentable.

Heyerdahl documentó meticulosamente su viaje, publicó sus hallazgos y su relato inspiró a generaciones de exploradores y científicos a considerar el mar no como una barrera insuperable, sino como un camino posible entre mundos aparentemente distantes.

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