"Soy taxidermista, no embalsamador", aclara Edgardo Aranguez apenas recibe a Diario UNO en el Museo de Ciencias Naturales Cornelio Moyano, donde trabaja hace 30 años.
El taxidermista Edgardo Aranguez reconstruyó el esqueleto de Belén, la jirafa que murió hace 18 años
Y explica que, a diferencia del embalsamador de animales -que se especializa en la conservación de cadáveres con órganos y esqueletos originales-, el taxidermista refleja a esos seres en las mismas condiciones externas que cuando estaban vivos, con gestos, posturas y hábitat incluidos.
Para eso, utiliza la piel y partes óseas debidamente tratadas y conservadas para la posterior exposición.
El paso del tiempo y la finalidad educativa -porque Aranguez también es maestro de escuela- lo llevaron a trabajar en una rama de la anatomía descriptiva que resulta, a su juicio, mucho más atractiva para los interesados en las Ciencias Naturales: la osteología.
Desde entonces, Aranguez fue alejándose de la taxidermia -que casi ya no se practica- para trabajar con esqueletos animales.
Así, en las entrañas del Parque General San Martín los arma y desarma, pieza por pieza, hueso por hueso, con sorprendente habilidad hasta arribar a la composición final de cada ejemplar, propia de la película "Una noche en el museo".
Taxidermista y osteólogo en el Museo
Fruto de su trabajo intenso y paciente a la vez, el Cornelio Moyano atesora y expone en su salón principal la versión osteológica de Belén, la jirafa del Zoológico de Mendoza que en marzo de 2004 murió intoxicada por comer clavel amarillo.
El proceso de reconstrucción del esqueleto de ese mamífero fue anunciado públicamente por las autoridades en 2006 y reflejado por Diario UNO en la edición del sábado 22 de abril. El propio Aranguez daba detalles del trabajo en desarrollo.
El último rinoceronte del Zoo de Mendoza
Aranguez invita a entrar a su gabinete de trabajo. Se destaca una pileta enorme, de acero inoxidable, donde sumerge huesos de animales que deben ser tratados con productos que los dejarán en condiciones de ser encastrados para la reconstrucción de los esqueletos.
Ahora está rearmando lo que en vida fue el último rinoceronte del Zoo de Mendoza. Gran parte de la estructura se sostiene con cables y soportes. Hay piezas, todas blancas, todas numeradas para seguir el orden que corresponde, para que vuelva a ser el que fue.
El cráneo y los cuernos están sobre un mesón que hace las veces de escritorio.
- ¿Le parece que estas piezas son pesadas? ¿Se anima a cargarlas? -desafía y el cronista y el fotógrafo, absolutamente desconocedores de esta materia- no saben qué decir.
- Tómele el peso a este cráneo -ofrece.
Es totalmente liviano respecto del peso original, de cuando el animal pastaba en el predio del parque. A esa postura del pasado quiere volver Aranguez en este proceso osteológico.
Los secretos de la taxidermia
- ¿Cómo se trabaja con las pieles en la taxidermia?
- Deben estar lo menos dañadas y deben ser bien cuidadas. No deben estar manchadas. Debo aclarar que se trabaja distinto con mamíferos y aves.
- ¿Cómo es eso?
- De las aves se deben conservar más cosas: las plumas de las alas, por ejemplo, que se insertan donde van los huesos. Y las patas, porque tienen escamas.
- ¿Qué productos utiliza?
- Productos químicos para conservar los huesos y la piel. Espumas polieuretánicas también, que son livianas y están a salvo de gérmenes.
- ¿Y los ojos? Porque parece que estuvieran vivos...
- Son artificiales.
- ¿Con qué tipo de animales se trabaja?
- Con animales de hasta 100 años que pudieron haber llegado por intercambio con otros museos o de zoológicos, como el de Mendoza o de Recursos Naturales.
- ¿Cuál fue el primer animal con el que hizo taxidermia?
- Un búho que recibí acá en el Museo. Me ayudó un amigo y trabajé parte en mi casa. Fue el punto inicial de mi carrera. Tuvimos mala suerte porque durante una reparación de las instalaciones cayó un palo y lo partió.
- ¿Son más frágiles las piezas sometidas a taxidermia?
- Sí, porque son más livianas que cuando tenían vida. Y también por el mal manejo de esas piezas. A veces, al tomarlas del cuello o de la cola para arrastrarlas, siendo que están expuestas de tal modo y sobre una base determinada, pueden derivar en roturas o daños totales o parciales. Esos movimientos deben estar a cargo de personas entrenadas.
- ¿Pesa mucho menos que en vida un animal taxidermizado?
- Sí, el peso es mucho menor cuando se le saca el cuerpo interno, como las partes vitales, que tienen líquidos. La diferencia es abismal. Por ejemplo, a un puma me lo puedo cargar al hombro, algo impensado en caso de un peso muerto.
- ¿Cómo se conservan las pieles?
- Cuando se quitan de los animales se las desgrasa y se les quita cualquier parte de carne. Se las revisa por completo y eventualmente, en caso de ser necesario, se las sumergen en desinfectantes para evitar daños posteriores. Por ejemplo, bórax en polvo, que es como una sal, que es astringente.
- ¿Qué siente cuando hace este trabajo?
- Vea: yo amo a los animales, no los mato ni cazo animales. Tampoco estoy con quienes matan para tener un trofeo.
- ¿Siente que les da vida estética después de la muerte?
- No, no.
- Hábleme de su pasión: la osteología.
- Un buen esqueleto llama mucho más la atención que un animal taxidermizado. Cuando vienen chicos de escuelas o visitas guiadas prefiero mostrarles y explicarles sobre esqueletos. Por eso me preparé y capacité en la osteología. Hice cursos en La Plata. Aquí hemos desarrollado y aplicado técnicas, por ejemplo, de conservación de huesos. Todas creadas por nosotros mismos, que finalmente llegan a los esqueletos exhibidos.
- ¿Por ejemplo?
- El caso de la jirafa del Zoo que murió en 2004. Belén, intoxicada con clavel amarillo. Poco antes había muerto Tomy, el macho.
- ¿Cómo fue ese trabajo que luce tan excepcional en el salón del Museo?
- Fue un reto importante para mí, que venía de hacer animales chiquitos.
La recorrida
La jirafa Belén sigue teniendo su atractivo, aun en esta nueva versión esquelética. Por el tamaño y su composición ósea, desconocida antes pero a la vista gracias al trabajo de Edgardo Aranguez.
En las vitrinas hay otros animales en exposición para sorprender con sus esqueletos: un canguro y una serpiente saben a mecanismos de relojería. Cada hueso, cada contextura. Como en vida.
En la planta alta esperan los animales taxidermizados, casi vivos. Una mara (de la especie de los roedores), un ornitorrinco, un yaguareté listo para saltar sobre la presa y un oso hormiguero pequeño. Hay un coatí con cría y un perezoso que uno se quedaría a contemplar por horas.
Un picaflor, un loro hablador que parece a punto de decir algo, un tucán grande y un pájaro carpintero llaman la atención por sus plumajes, que gracias a la taxidermia pueden ser vistos con detenimiento y disfrute.
Como buen anfitrión, Aranguez acompaña a Diario UNO hasta la puerta del Museo para la despedida. Y como buen docente, repasa los conceptos principales de la conversación y de las ciencias que practica hace 30 años.
Posa para un par de fotos. Se alisa el guardapolvo azul de trabajo y regresa a ese mundo tan particular donde la vida, aun en otras formas y gracias al esfuerzo, la capacitación y el ingenio, parece haberle ganado la batalla a la muerte.












