Relatar una historia o exponer una idea, y aportarle elementos sensoriales que ayuden a armar ese relato en nuestra mente, es algo que los seres humanos desarrollaron desde la época de las cavernas, y fueron enriqueciendo luego con el arte. Pero una nueva corriente artística viene a sacudir formatos establecidos y a sumar a los sensitivo lo espiritual, para que la a la mente se añadan sensaciones y la experiencia se transforme en un viaje inusual e individual. En Mendoza existe un grupo de artistas de diversas corrientes de la actuación que se denomina Susurros a Destiempo, ya que ellas cultivan la intervención poética del susurro, el que transmiten mediante un tubo, directamente al oído del público. "Es un espectáculo que se oye", simplificó Florencia Soto, mientras que Nadia Ferreyra sumó: "El susurro sirve para despertar lo sensorial".
La iniciativa artística nació para este grupo de actrices y estudiantes mendocinas luego de asistir a un espectáculo realizado por un grupo francés (Les Souffleurs Commandos Poétiques) que intervenía munido de paraguas y los necesarios tubos por los que transmiten su mensaje. Actuaron en el Teatro Independencia. La idea caló hondo en las artistas locales, y crearon el grupo Viento Zonda, con 14 integrantes, ataviados como mendigos y sorprendiendo a los turistas y mendocinos con sus poemas susurrados por las calles en tiempos de Vendimia, en el año 2019.
Luego el grupo fue mutando y quedó constituido por la agrupación actual, con Nadia Ferreyra, Florencia Soto y Alma Brescia, y luego se sumaron Sol Lembo y Paula Sosa, para pasara a llamarse Susurros a Destiempo. "No somos las únicas en Mendoza que hacemos susurros, pero sí las únicas que hacemos susurros múltiples, algo que ideó Nadia y es una exclusividad de nuestro grupo y no lo tiene nadie en el mundo. Los demás sólo lo hacen de persona a persona", cuenta Alma.
Precisamente las artistas realizaron una muestra de este susurro múltiple, invitando a una vecina, la que quedó totalmente conmovida por esta experiencia, donde cada una en un oído, y en forma coordinada y coreografiada, susurraban sus líneas. Según explicaron, mediante un adaptador (colector) pueden actuar hasta cuatro artistas con un oyente.
"Las fundadoras del grupo fuimos Florencia, Alma y yo, y hace dos meses se sumaron Sol y Paula. Todas somos actrices y estudiantes de teatro", explicó Nadia, quien es también bailarina y masajista holística, además de "chamana", como la ex alumna de Pinti Saba se denomina. Alma tiene mucho que ver con nuestro atuendo, ya que ella y la genia de su mamá, diseñaron e hicieron las capas que usamos en nuestras actuaciones. Alma es además diseñadora y tiene una marca de ropa", agregó Ferreyra.
"El uso de estas capas negras y antifaces tiene que ver con una cuestión de misterio, y de no personalizar a la susurradora", explicó Florencia Soto, actriz, clown y a punto de recibirse de profesora de teatro en la UNCuyo. "En general actuamos como algo complementario a un evento artístico o teatral, o en la calle. La gente de los bares de Mendoza ya nos conocen, por nuestras actuaciones entre las mesas", agregó.
El arte del susurro o el arte íntimo
La intervención en sí, se trata de sentar al oyente, y mediante un tubo -generalmente de cartón o plástico- se le susurra un texto, logrando una intimidad única entre artista y oyente. "Tenemos textos propios o de autores conocidos, ya sean poemas o partes de historias. Luego le damos un papelito a la persona para que nos cuente cómo fue la experiencia. Tenemos un cofrecito lleno de ellas, y son todas muy emotivas, hasta unos niños se expresaron con dibujos", explicó Florencia.
"Se trata de que mediante cuadraturas vocales se lleva la persona a otro estado. Es como un ejercicio de Strasberg. No solo juegan las voces, sino también otros sonidos, como tocar el propio tubo, o usar papel celofán para simular el fuego o una puerta que se abre", detalló Nadia.
Los inicios: Los Susurros del Zonda
"Cuando comenzamos quisimos hacer una analogía con el viento Zonda. Nuestras ropas eran de mendigos, y los tubos estaban caracterizados con imágenes de viento, hojas, o tierra", dijo Florencia, a lo que Nadia agregó: "Lo tomamos de la leyenda del viento Zonda", refiriéndose al cuento huarpe que cuenta la historia de Chalú, castigado por el dios Yatay, protector de la naturaleza, por cazar en exceso, con el viento caliente que conocemos.
"El grupo fue mutando desde sus inicios, entrando y saliendo gente, por lo que también mutó la estética del grupo", dijo Florencia. "Usamos la imagen del mendigo porque representa a lo que no quiere ver la sociedad, que se da vuelta y no lo quiere escuchar. Por eso nos disfrazamos de mendigas y logramos que nos escucharan", sumó Nadia.
"Todo lo que nosotras decimos es político, pero no político partidario, sino que dice algo; como un mensaje directo y que se refiere a muchos temas, sociales o culturales", coincidieron las fundadoras del grupo.
La próximas presentaciones de las susurradoras serán el Festival de García Lorca, del 8 al 13 de octubre, que organiza la Municipalidad de Godoy Cruz, y se realizará en la Bodega Arizu, el Centro Cultural La Colombina y en el Teatro Plaza.



