En la montaña palentina existe un lugar que ostenta un título singular dentro de la geografía nacional y que marca el inicio del municipalismo. Corría el año 824 cuando se formalizó la existencia jurídica de Brañosera, una localidad que actualmente se considera el pueblo más antiguo del país. Este hito histórico la distingue de otros asentamientos que, aunque habitados con anterioridad, no contaban con una estructura legal reconocida hasta esa fecha.
El origen de este estatus reside en la concesión de la primera carta puebla, también conocida como fuero, del que se tiene registro documental. Durante la Edad Media, específicamente en el contexto de la Reconquista, el Reino de Asturias buscaba repoblar zonas estratégicas y fomentar el asentamiento estable. Fue entonces cuando el conde Munio Núñez y su esposa, la condesa Argilo, otorgaron este documento fundacional para dotar de derechos y privilegios específicos a los habitantes de la zona.
Estas antiguas normativas permitían a los vecinos el libre uso de los recursos naturales del entorno, como el pastoreo y la explotación de los montes, además de eximirlos de ciertas cargas militares y tributarias. Este acto administrativo convirtió a esta localidad de España en la primera entidad con personalidad jurídica propia, funcionando como un claro precursor de los ayuntamientos que conocemos hoy en día. Otros municipios como Cardona o Freixá recibieron documentos similares, pero en fechas posteriores.
Un pueblo con reconocimiento oficial
La importancia histórica de Brañosera recibió el aval formal del Congreso de los Diputados en el año 2018, ratificando su primacía cronológica en la organización municipal. Más recientemente, el 13 de octubre de 2024, la comunidad celebró el 1200 aniversario de la firma del Fuero. Sus cerca de 250 habitantes participaron activamente en diversos actos culturales y conmemorativos que llenaron las calles para honrar su milenaria identidad administrativa.
Más allá de su innegable valor histórico, el visitante encuentra un entorno sumamente tranquilo caracterizado por construcciones tradicionales. La piedra y la madera, materiales nobles extraídos de los alrededores, dominan la estética de las viviendas que conforman el casco urbano. El patrimonio monumental destaca también por la presencia de templos románicos de gran belleza, como la iglesia de Santa Eulalia y la de San Miguel, que aportan un aire solemne al conjunto arquitectónico.
La ubicación geográfica ofrece atractivos adicionales para los viajeros interesados en el turismo activo y el paisaje. En las inmediaciones del municipio se sitúa el parque natural de Fuente Cobre, el punto exacto donde brotan las aguas del río Pisuerga. Este escenario natural complementa la visita a un sitio que mantiene viva su esencia y sus costumbres siglos después de que un documento medieval cambiara su destino para siempre.






