Se trata del primer nacimiento de una persona en la Antártida. En un continente sin población nativa, ese acontecimiento marcó un hito tanto simbólico como político. Te contamos porque se relaciona con la Junta Militar.
El primer nacido en la Antártida fue de Argentina
Se trata de Emilio Marcos Palma, quien nació el 7 de enero de 1978 en la Base Esperanza, una estación científica argentina ubicada en la Antártida. Su nacimiento no fue casual, sino parte de una estrategia del Estado de Argentina en el marco de su presencia sostenida en el continente.
La Base Esperanza, a diferencia de otras instalaciones, contaba con infraestructura suficiente para albergar familias, lo que permitió que mujeres embarazadas fueran trasladadas allí con el objetivo de dar a luz en territorio antártico. La última persona en este continente nació en 1985, según National Geographic.
Por orden de la Junta Militar
En 1976, la junta militar liderada por el general Jorge Rafael Videla pensó que era buen momento para elevar el honor de Argentina y dar un golpe en la mesa a nivel internacional. Se focalizó en el reclamo de la soberanía sobre la Antártida. Ante la oposición generalizada, se le ocurrió una idea un tanto extraña. A finales de 1977, el gobierno argentino llevó en avión hasta la Base Antártica Esperanza a Silvia Morello de Palma. Una mujer hasta entonces anónima que se encontraba en el último mes de embarazo.
Chile no se quiso quedar atrás, así que Augusto Pinochet repitió la jugada de su homólogo argentino. En total, 10 bebés más nacieron en la Antártida antes de que ambos países se dieran cuenta de que esta práctica no iba a ningún sitio.
Emilio Palma no solo fue el primer ser humano nacido en la Antártida, sino también el más austral registrado hasta hoy. La importancia de este nacimiento trasciende lo anecdótico. Se vincula con las dinámicas de soberanía en la región, donde distintos países mantienen presencia científica bajo el marco del Tratado Antártico, que regula las actividades en el continente.
Si bien el tratado suspende los reclamos territoriales, la instalación de bases y la permanencia humana han sido históricamente formas de reafirmar intereses nacionales. El caso de Emilio Palma pone en evidencia la capacidad de adaptación humana a condiciones extremas, incluso en contextos donde la vida cotidiana depende completamente de sistemas artificiales de soporte.






