Suba, lo estamos esperando. Esta nota lo meterá en la cabina de uno de esos camiones cargados hasta el tope que todas las semanas cruzan las montañas más altas de América para llegar a Chile a través de la Ruta 7. No es fácil: en lo que va del mes se registraron en ese camino 5 muertes y varios heridos. Así que agárrese fuerte.
El paso a Chile en primera persona: cómo es cruzar la cordillera en un camión que pesa 45.000 kilos
En el camino que une Mendoza con Chile se produjeron desde 2016 alrededor de 500 accidentes. Diálogo con un camionero que transita esa ruta "desde que era bebé"
Nuestro guía es Facundo Mirabile (25), el referente más joven de una estirpe que suma tres generaciones haciendo el trayecto. Facu maneja su Renault 440 hp modelo 2012 con la tranquilidad que da el oficio.
"Como camionero llevo cuatro años cruzando, pero como acompañante mucho más, porque viajaba con mi abuelo y con mi papá. Casi te diría que desde bebé anduve por estos lados. Y cuando empecé a manejar yo, mi padre me acompañó durante meses para darme consejos y enseñarme cuáles eran los lugares más peligrosos", arranca.
El amanecer del camionero
La mañana de diciembre aprieta y la carga no puede esperar.
"La mayoría de las veces que salimos para Chile nos levantamos temprano. Generalmente salimos los domingos en la mañana o en todo caso después del mediodía. Una vez que enganchamos, revisamos las cubiertas y los frenos. Después prendemos la radio o descargamos alguna lista de Spotify para que no falte la música", cuenta el viajero, que maneja equipado con su mate, alguna virgencita y una cruz protectora.
Pero matiza: "A veces, el silencio te calma más que la música".
Hace poco, el programa "Mendoza Expuesta" -de Canal 7, con Agustina Fiadino y Ricardo Montacuto- contabilizó 310 pozos desde el cruce de la Ruta 7 y la 40 hasta el túnel que divide a los dos países.
"Hay que ir esquivando. Cuando llevás tantos kilos, si te comés un pozo grande podés destrozar la suspensión. Ya desde la bajada de Potrerillos tenés peligro, a lo que se van agregando muchas curvas cerradas. Y las pendientes...".
Agua de las Avispas, la curva de Guido, Polvaredas. Son nombres de lugares, pero hubo tantos choques ahí que para el mendocino medio también remiten a tragedias. El mapa mental del transportista, de hecho, los anota como hitos donde prestar máxima atención.
-Explicame lo de las pendientes...¿se complica controlar al camión en las bajadas?
-A veces desde el volante no se ven con tanta inclinación, pero en la Ruta 7 son largas. Así que si uno no tiene cancha, va pisando mucho los frenos. Y el tema es que una vez que se calientan, los frenos dejan de funcionar como corresponde. De todas maneras el principal peligro es que la gente se confía demasiado.
A modo de ejemplo, el entrevistado muestra este video que grabó y donde puede verse cómo los conductores que van hacia Chile cruzan sin pudor a los camiones aunque haya doble línea amarilla, una maniobra totalmente prohibida:
Días difíciles en la montaña
Uno de los accidentes más graves que se produjeron en los últimos días fue el vuelco de un camión que luego permaneció obstruyendo la calzada durante más de 50 horas a la altura del túnel 7 de la Ruta 7. Para moverlo se usaron tres grúas, y algunos de los encargados de hacerlo contaron que era difícil porque el rodado "pesaba unos 40.000 kilos".
-¿Eso es lo que pesa un camión cargado, Facu?
-Contando carga, camión y semirremolque, el total puede alcanzar los 45.000 kilos. Depende del camión, también: algunos con el semi pesan 16.000 o 17.000; y a eso le sumás 28 o 29.000 kilos de carga. Yo generalmente llevo cereal a granel, que es un material que no se mueve. Otras veces he venido con aceite, como uno de los camiones que volcó hace poco: esas son cargas más inestables, que hacen que osciles hacia los costados.
-Con ese peso, ¿qué pasa si calculás mal la velocidad al tomar una curva?
-Si vas con carga alta, volcás seguro. Si llevás algo liviano tenés más posibilidades de zafar. Y si vas vacío también es peligroso, porque el mismo semirremolque te empuja el camión y te puede hacer una de las famosas tijeras.
El efecto "tijera" se produce cuando el remolque o semirremolque se desalinea respecto a la cabina, formando un ángulo en forma de "V" o tijera. Eso no solo hace que el conductor pierda control sobre el vehículo, sino que suele cruzar al rodado tapando toda la carretera. Quienes estén alrededor se ven afectados. Y los que vienen en sentido contrario se encuentran, literalmente, con un camión que de pronto obstruye completamente el paso como si fuera una muralla móvil.
Nieve sobre la cordillera
Lo anterior tiene que ver con la circulación en condiciones meteorológicas ideales. Si llueve o nieva, el desafío es todavía mayor.
"Cuando nieva -retoma Facundo, ya en modo crucero- se va formando una capa sobre el asfalto que con el paso de las horas deja la ruta lisa (lo que dificulta el agarre de los neumáticos). Si frenás de golpe, notás que el camión se arrastra y sigue un trecho. Sumemos que puede haber viento, y eso produce un zigzagueo...".
Aquí, un video que tomó Facundo en una de esas noches donde el termómetro anda por los 7 grados bajo cero y el camino parece más traicionero que nunca:
La hermandad y los temidos caracoles
A pesar de tantos peligros, la cofradía de los camioneros también tiene aristas luminosas. Sin ese componente, a lo mejor el laburo no se podría hacer.
"Es un rubro de gente generosa -define Facundo-. Capaz que te encontrás con alguien roto, te parás y ves que otros se frenan a ayudar; y siempre terminás haciendo amigos. Tené en cuenta, además, que a veces esperamos 8 o 10 horas para hacer la aduana en Libertadores". O sea que hay tiempo para charlar.
Pero aclara: "Desde el punto de vista personal es sacrificado. Por estas fechas ves a los colegas paraguayos, brasileños o bolivianos y te parten el alma, porque hay empresas que no les permiten ir con sus familias. Notás la tristeza que llevan encima por no estar con los suyos. A veces se te caen las lágrimas porque es Navidad o Año Nuevo y ves que el tipo está solo, lejos de su casa...".
Durante esos trances suele gestarse una familia sustituta y efímera, hecha por conductores que comparten soledades bajo el paisaje inclemente.
Pasada la frontera, quizá el tramo más temido sea el de los famosos "caracoles". Se trata de un nudo de 29 curvas cerradas que bajan desde el Túnel Internacional Cristo Redentor, a más de 3.200 metros sobre el nivel del mar, hacia la localidad chilena de Los Andes.
El 26 de noviembre, un chofer de origen paraguayo murió luego de volcar su camión en la primera de las curvas. Y este sábado a las 11 de la mañana, en la curva 4, volcó otro transportista que llevaba gas, lo que obligó a cerrar el tránsito por más de 20 horas.
Cada vez que llega ahí, Facundo se concentra. Sabe que -como escribió alguna vez Liliana Bodoc- las montañas y los mares son seres antiguos que no entienden a los humanos: por eso confunden la confianza con la falta de respeto; por eso no perdonan.
El entrevistado marca: "En los caracoles tenés que mantenerte tranquilo y sin miedo. En una época yo iba con un amigo que siempre había manejado camiones para el lado de Buenos Aires. Me acompañó un par de meses, pero cuando lo hice manejar, se dio cuenta de que se tensionaba mucho. Entonces directamente decidió que esto no era para él. Hay que ser capaz de mantener la tranquilidad".
Cruzar la inmensidad de los Andes es un acto de paciencia, oficio y respeto. Cada viaje es una charla íntima con la montaña que, aunque atractiva, jamás olvida quién manda.
Facundo se despide: "O sea que el mejor consejo es ir relajado, con precaución y sin confiarse, tanto si vas en auto como en camión. Porque la cordillera te da confianza y más confianza; hasta que un día te la quita de golpe".















