En la política de Hungría ha surgido una respuesta tan insólita como efectiva: combatir la rigidez del poder utilizando la sátira y el absurdo como herramienta de crítica social.
Así nació el Magyar Kétfarkú Kutya Párt (MKKP) o Partido del Perro con Dos Colas, que comenzó a mediados de los años 2000 como un grupo de arte callejero y bromas comunitarias, y escaló hasta convertirse en un partido registrado legalmente que comenzó a arrebatarle votos a las fuerzas tradicionales de Hungría, incluso conquistando algunas bancas en concejos deliberantes.
El insólito partido político que ganar lugar en Hungría
Durante sus primeras presentaciones públicas, la agrupación se caracterizó por ridiculizar las promesas de los partidos convenciales. Entre sus lemas más recordados prometieron vida eterna, paz mundial, un día a la semana con dos soles y, la gran favorita de sus seguidores, cerveza gratis para todos los ciudadanos.
El punto de inflexión mediático ocurrió durante una emisión de la televisión pública. En lugar de enviar a un representante con traje y corbata a los debates oficiales, la agrupación mandó a un militante luciendo un disfraz gigante de pollo. Durante sus cinco minutos de aire, el candidato respondió a las preguntas del periodista únicamente con cacareos.
"Nuestra intención nunca fue engañar a nadie con falsas promesas, sino mostrar lo absurdas que resultan las promesas de los dirigentes tradicionales", señalan del partido político en reiteradas oportunidades.
Con el paso del tiempo, demostraron un fuerte compromiso con el mantenimiento del espacio público a través de acciones directas, como el mantenimiento en buen estado de las calles y la devolución de los fondos de algunos proyectos.
El poder rompiendo la rutina
Este tipo de política se suma una tendencia global de figuras que buscan salirse del libreto tradicional para conectar con la gente. Un ejemplo reciente ocurrió en Brasil, donde el alcalde Vagner Espíndola se disfrazó de indigente por 20 horas para auditar el funcionamiento de los servicios sociales de su municipio.
Estos episodios demuestran que, en muchas ocasiones, salirse de la estructura formal es el único camino para visibilizar realidades que la política prefiere ocutar o ignorar.





