Mendoza, 17 de diciembre de 1991. La Policía ha recibido una llamada bien temprano. Un crimen. En Ugarteche, Luján, a casi 40 kilómetros de la capital. La comitiva arriba a la escena: la finca Cóndor Huasi. El juez de turno ya está al tanto y espera.
Vicente Cabrera Báez, paraguayo radicado en Mendoza, recibe a los investigadores. No es el dueño del predio sino quien hace los trabajos de mantenimiento.
Cabrera Báez tiene 30 y pico de años, responde.
Él ha encontrado el cadáver del patrón, sigue.
Hace años que trabaja para Don Enrique, agrega.
La escena es terrible: la víctima, de 74 años, ha sido golpeada duramente. También ha sido torturada. Atada de pies y manos. La boca, sellada con cinta adhesiva ancha. La desfiguración del rostro y de otras partes del cuerpo son devastadoras.
Una carnicería, informa luego uno de los pesquisas, por teléfono.
Una carnicería, lo escucha el juez desde su despacho en los Tribunales provinciales.
Muerte por asfixia, le diría luego el forense.
Pero eso no sería todo.
"Don Enrique", el biólogo y profesor
Pocas pistas cerca del cuerpo de Don Enrique. Apenas, un grabador de casettes pero sin casette. Con la tapa abierta. El magistrado habilita -formalidad para validar lo ya hecho- el registro de la escena y el interrogatorio al casero Cabrera Báez. Identificar al asesinado, punto de partida.
Se llama Don Enrique, insiste el paraguayo, en shock.
¿Y esto? -inquiere uno de los policías, que acaba de llegar desde otro sector -más íntimo y secreto- del caserón de la tragedia.
Le muestra papeles varios y documentación personal. Y un carnet con foto que sobresale. Escrito a mano y en un idioma desconocido para los policías. Alemán.
La rápida lectura y observación determinan la primera y extraordinaria revelación del caso. La punta del ovillo. O el hilo de Ariadna.
La identidad revelada: un nazi en Ugarteche
Don Enrique no se llamaba así. Era Heinz Brücher, científico nazi y miembro de las SS, radicado en Mendoza en la década de 1950. Hasta fue docente en la UNCuyo. Con todo, fue uno de los tantos nazis que escaparon de Europa tras la caída de Adolf Hitler.
El interrogatorio pesa una tonelada en la psiquis de Cabrera Báez, que niega haber conocido la verdadera identidad del mandamás de la finca Cóndor Huasi, presidida desde lo más alto por una figura hecha de metal: un cóndor de alas abiertas.
Después, al borde del llanto, el casero jura que no sabía nada.
Se siente acorralado.
Y solo.
El crimen del nazi y biólogo en la UNCuyo llegó al cine
Así comenzó una de las historias más intrigantes e impactantes ocurridas en Mendoza: el crimen del biólogo de Hitler, como lo definieron los periodistas de la época.
Casi 35 años después, el caso se convirtió en un documental hecho por mendocinos: "Brücher. Crónica botánica inaudita", dirigido por Mariana Guzzante y Camila Menéndez.
La obra ha sido proyectada en el exterior y desde esta semana puede verse en Buenos Aires, Córdoba, Rosario y Mendoza, en el Teatro Imperial de Maipú. Esta noche, a las 21.30. Imperdible.
Ciro Novelli, otro mendocino, ha sido pieza clave para llevar esta historia, premiada varias veces, a la pantalla grande.
Las pistas lógicas y las nunca investigadas
El crimen del científico nazi Heinz Brücher ocurrió apenas una semana después de que el peronista Rodolfo Gabrielli asumiera la gobernación de Mendoza en remplazo de otro peronista: El Pilo Bordón.
El caso disparó diversas teorías, en su mayoría vinculadas con el pasado hitleriano de la víctima. Sin embargo, la Justicia de Mendoza barajó dos hipótesis muy distintas y ajenas: las únicas que garantizaban resolución inmediata y punto final.
Al comienzo, todas las sospechas apuntaron al casero paraguayo por su estrecha relación con Brücher. De hecho, estuvo preso y el juez del caso lo imputó por el delito de homicidio en el expediente judicial identificado con el número 61.960.
Semejante acusación cayó cinco meses después del crimen del científico nazi. El 20 de mayo de 1992, el juez Gonzalo Guiñazú -por entonces titular del Séptimo Juzgado de Instrucción- dictó el sobreseimiento del casero Vicente Cabrera Báez por falta de pruebas y el vencimiento de una prórroga fijada para seguir investigándolo. Quedó libre de inmediato.
El reconocido abogado penalista Marcelo Biglieri defendió al casero paraguayo y gestionó su liberación. Hoy, enterado por Diario UNO de la existencia y proyección del documental por el crimen del biólogo nazi, recuerda: "A Cabrera Báez lo detuvieron y acusaron sin pruebas. Lo habían molido a palos. Vino a verme mucho después, hace como 20 años. Me contó que estaban produciendo el documental. Hasta me pidió fojas del expediente. No volví a verlo. Sí, hubo muchas teorías del caso".
La segunda hipótesis quedó flotando desde 1991 hasta que se desvaneció con el paso del tiempo: para los pesquisas, Brücher había sido asesinado durante un asalto común en su finca Cóndor Huasi.
Sin embargo, lo de asalto jamás se presentó como una posibilidad real. De hecho, del caserón del alemán no faltaba -de acuerdo al testimonio del empleado- ninguna pertenencia de valor que pudiera revenderse.
El casette en la escena del crimen
La teoría pública por excelencia del crimen del científico nazi en Ugarteche se sustentó en el faltante del casette del radiograbador hallado con la tapa abierta junto al cadáver.
Por su contenido, ¿cuánto valía esa cinta magnética creada para grabar audios y sonidos?
Dicho de otro modo: ¿Qué podía escucharse en ese casette?
Despejadas las hipótesis del crimen del científico nazi a manos del casero paraguayo o de asaltantes comunes, sobrevive desde 1991 la teoría del asesinato por encargo como derivación de las investigaciones de Heinz Brücher sobre botánica.
El científico nazi y el robo de semillas en la Unión Soviética
Cuenta la historia que el alemán había participado, durante el apogeo de Hitler, del robo de un banco de semillas en la Unión Soviética, durante la Segunda Guerra Mundial.
Y que algunas de sus investigaciones, vinculadas a genética vegetal, apuntaban a la destrucción de la coca. Para algunos, eso pudo haber atentado contra la producción de cocaína. Más aún teniendo en cuenta que lo había publicado en libros académicos de esa especialidad.
También se habló de un crimen cometido por mandato de los servicios secretos, como una derivación más de la búsqueda y cacería de nazis en el mundo, especialmente la Patagonia argentina.
El misterio sigue vivo. Las dudas aún laten.
La historia del científico nazi asesinado en una finca de Ugarteche parecía haber caído definitivamente en las garras del olvido y la impunidad.
Pero el extraordinario trabajo audiovisual de un equipo de mendocinos lo sacó a la luz casi 35 años después. Memoria y arte. Combinación perfecta para saber quiénes somos y de dónde venimos.







