Cuando Julián Albarracín imagina el lugar que quiere abrir en Miami, no piensa en una cafetería minimalista, blanca y fría, donde alguien entra, pide un café, lo bebe y se va. Piensa en otra cosa. En un buen sillón, una mesa, internet, gente conversando, alguien trabajando con la computadora, otro tomando un vino, un menú sencillo al mediodía y, por supuesto, una identidad que no piensa negociar: Mendoza.
El mendocino que llegó a Miami con su música y hoy trabaja detrás de los grandes espectáculos de la ciudad
Julián Albarracín vive desde hace 4 años en Miami. Siempre con su música, tiene otro sueño: crear un espacio que reúna vino, asado y café de especialidad típicos de su país

Julián Albarracín emigró a Miami, donde obtuvo una visa de talento. Trabaja en producciones musicales y eventos y se prepara para llevar el asado, el vino y el café.
Fotos: gentileza“Bien mendocino. Eso sí, no lo voy a renunciar”, dice desde Miami, donde hace casi cuatro años comenzó una vida nueva después de que le aprobaran una visa O-1 de talento, obtenida a partir de sus antecedentes en la música y la producción técnica de espectáculos en Argentina.
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A los 53 años, Julián está construyendo una nueva etapa sin desprenderse de ninguna de las anteriores. La música sigue ahí. La producción de eventos volvió a ocupar un lugar central. El asado se transformó en un emprendimiento para festivales. El vino aparece como una conexión casi inevitable con su tierra y, desde hace un tiempo, el café se convirtió en una obsesión que lo tiene practicando espuma, probando preparaciones y pensando en una futura cafetería.
Una propuesta en Miami ligada a la música, el vino, el café y el asado
“Paso, hago un café, vuelvo, hago otro café”, cuenta entre risas.
La historia comenzó mucho antes de Miami. Julián nació en la ciudad de Mendoza el 13 de agosto de 1972, en una familia tradicional: sus padres y su hermano Federico, un año menor, que tiene síndrome de Down. Su papá, ingeniero civil, trabajó durante toda su vida en Vialidad. Su mamá murió hace dos años.
“Los quiero un montón, los extraño muchísimo, pero también siempre han sido mi puntal en todo lo que yo he querido ser”, cuenta.
Y lo que quiso ser estuvo marcado desde muy temprano por la música. A los 15 años empezó a tocar y, aunque muchas veces intentó imaginar una vida en la que pudiera dedicarse a otra actividad, nunca logró alejarse demasiado.
“Quiero buscar otra actividad, quiero hacer otro trabajo en Argentina, he tenido mucho negocio gastronómico y siempre aparece la música. No la puedo dejar. Es algo que ya está. No peleo más, la amo. Es parte de mi vida”, admite.
Esa relación terminó llevándolo también detrás de los escenarios. Empezó produciendo shows en discotecas, trabajó como coordinador de producción de espectáculos en la Municipalidad de Las Heras, tuvo durante varios años el teatro N8 Studio y se desempeñó como stage manager en distintas producciones grandes.
La música y la producción de espectáculos en Mendoza y en Miami
La música y la producción terminaron formando una misma profesión.
Hasta que apareció Miami.
“¿Por qué Miami? La verdad que no te lo podría explicar”, dice.
Había algo en esa ciudad que lo atraía y que, según siente ahora, terminó siendo determinante para poder soportar todo lo que implicó empezar de nuevo. El idioma, el clima, la cercanía, la cantidad de argentinos y mendocinos que pasan por allí, los amigos que van y vienen. También sus hijos, que pueden visitarlo dos o tres veces por año.
“Yo creo que si hubiese ido a otra ciudad no hubiese podido aguantar todo lo que he aguantado acá en Miami. Esto es tan familiar”, explica.
Los primeros tiempos, de todos modos, no fueron fáciles. Como sucede con tantos que emigran siendo adultos, tuvo que aceptar trabajos que no necesariamente tenían que ver con lo que quería hacer. Había que empezar de nuevo, conocer gente, armar contactos y entender un mundo laboral diferente.
Pero su historia profesional terminó abriéndole una puerta.
La empresa AVTC Production Group fue su peticionante para la visa O-1 de talento y es la compañía en la que continúa trabajando. Allí participa de grandes producciones vinculadas con iluminación, audio y armado de pantallas LED.
Uno de los trabajos más importantes fue el FIFA Fan Festival realizado en Bayfront Park, en el downtown de Miami, durante el último Mundial de Fútbol. Fueron casi 35 días consecutivos de espectáculos, transmisiones de partidos y actividades para el público.
Primero la música; luego los asados, el vino y el café
También participó de festivales en la playa, viajó a Nueva York para otras producciones y tiene por delante nuevos trabajos corporativos, entre ellos producciones en Las Vegas.
Pero mientras su vida profesional crecía, algo más empezaba a cocinarse literalmente.
Los primeros asados fueron en el warehouse, el depósito donde trabajaba con otros compañeros.
“Todos me decían: ‘Qué rico, qué rico’”, recuerda.
Aquellos asados informales terminaron convirtiéndose en algo más. Con Fuego Barbecue es la compañía con la que comenzó a desarrollar una propuesta gastronómica especialmente pensada para festivales.
Y ahí apareció otra observación que para Julián resulta fundamental: el asado argentino existe en Miami, pero todavía no es lo mismo que en Mendoza.
También cambió el acceso a los productos. Hace algunos años era mucho más difícil conseguir determinados cortes y productos argentinos. Ahora existe una oferta mayor de carne argentina y otros alimentos que permiten reproducir parte de aquellos sabores.
Julián decidió entonces hacer algo diferente: tomar una preparación argentina y adaptarla al gusto estadounidense.
Así nació su sándwich de vacío.
No lo sirve en el tradicional pan francés ni pretende reproducir exactamente el sándwich que podría comerse en Mendoza. Lo prepara en pan de hamburguesa, con una salsa de inspiración estadounidense y el vacío como protagonista.
Una mixtura entre el asado con sabor americano y argentino
“Quería hacer una mixtura entre el sabor americano y el sabor argentino”, explica.
La propuesta ya tuvo sus primeras pruebas exitosas y se prepara para nuevos festivales multitudinarios. Uno de los próximos será E-Points, en Wynwood, donde espera atender a un público de alrededor de 30.000 personas por día durante dos jornadas.
Pero para Julián el asado no termina en la carne.
Porque después aparece el vino.
“Como mendocino sabés que es innato. Eso está en nosotros”, dice.
En Miami comenzó a relacionarse con personas vinculadas con el mundo del vino y encontró allí otra posibilidad de llevar algo de su provincia a una ciudad en la que la presencia de los vinos argentinos creció, aunque todavía, según su mirada, queda mucho mercado por desarrollar.
Y entonces apareció el tercer elemento.
El café.
No era algo que hubiera formado parte de su vida de la misma manera que la música, el vino o el asado. Pero una vez que empezó a interesarse, ya no hubo vuelta atrás.
Ahora estudia barismo, practica en su casa y se pasa buena parte del día haciendo café para aprender.
“La verdad es que le estoy poniendo todas las pilas”, cuenta.
Vino mendocino, asado y café en Miami, su nuevo hogar
En su cabeza, las tres cosas ya dejaron de ser actividades separadas. Vino, asado y café forman parte de una misma idea.
Y esa idea tiene nombre propio: una cafetería.
No quiere copiar el modelo de las grandes cadenas. Todo lo contrario.
Julián observa que en Miami existe una cultura muy fuerte del take away: comprar el café, llevárselo y continuar. Él quiere recuperar otra costumbre, una que siente mucho más argentina.
“Me encantaría una cafetería donde la gente se pueda instalar, que puedas hablar con la gente, que le puedas explicar un poco la cultura del café”, imagina.
Quiere sillones, buen internet, mesas donde se pueda trabajar o recibir gente, vinos para vender, un menú sencillo al mediodía y algunas opciones saludables.
Y quiere que tenga identidad.
Mendoza.
No como una escenografía turística, sino como una manera de entender el encuentro alrededor de una mesa.
Mientras tanto, la música sigue apareciendo en el camino, como siempre.
En Miami toca con varias bandas, pero la principal es La Previa, un grupo que interpreta cumbia argentina para la colectividad.
“Despertamos nostalgia, pero es muy divertido”, cuenta.
Es otra forma de traer un pedazo de Argentina a una ciudad acostumbrada a recibir gente de todas partes del mundo.
A casi cuatro años de aquella decisión de empezar de nuevo, Julián no siente que haya dejado Mendoza atrás. Más bien parece estar llevándosela consigo, desarmada en pequeñas partes: una canción, un asado, una copa de vino, un café bien preparado, una conversación larga.
El sueño americano de abrir una cafetería
Quizás por eso su sueño de abrir una cafetería no sea solamente gastronómico.
Es también una manera de reunir todo lo que fue.
El chico que empezó con la música a los 15 años. El productor de espectáculos. El hombre que armó escenarios y teatros. El mendocino que se animó a emigrar de grande. El músico que nunca pudo dejar de tocar. El cocinero que empezó haciendo asados en un depósito. El que descubrió que el vacío argentino podía dialogar con los sabores de Miami. Y ahora el aprendiz de barista que llena su casa de espuma mientras piensa en el próximo paso.
“Si Dios quiere, ya el año que viene puedo abrir mi propia cafetería y desarrollar todo lo que te estoy diciendo en un mismo lugar”, sueña.
Quizás entonces, en algún rincón de Miami, alguien pueda sentarse durante un rato sin mirar el reloj. Pedir un café, comer un sándwich de vacío, elegir un vino argentino y escuchar cumbia.
Y Julián pueda decir que, después de todo, nunca se fue del todo de Mendoza.
En pocas palabras
- Julián Albarracín: emprendedor mendocino en Miami, combina música, producción de espectáculos, y el sueño de abrir una cafetería con identidad argentina.
- Propuesta gastronómica: desarrolla un concepto de asado argentino adaptado al gusto estadounidense y busca integrar vinos y café de especialidad.
- Sueño en Miami: aspira a crear un espacio que ofrezca la experiencia de la cultura mendocina, reuniendo café, vino y asado para quienes buscan un ambiente familiar y auténtico.