Crónica

El mendocino que armó un avión con monedas y dejó su huella en los cielos y en un vino

Humberto Fiadino se propuso armar un avión teniendo únicamente algunos planos. Lo consiguió en 1987, y la nave todavía vuela por San Martín, Junín y Rivadavia

Mucha gente cree que ha volado, pero nunca sintió la lluvia en la cara a 1.000 metros de altura, mientras el fuselaje se agita con cada ráfaga. O la mirada de las aves cuando descubren a un humano que se animó a subir hasta allá sin protección de una cabina, como quien galopa por el cielo. Esta es la historia de un mendocino que exploró durante años esas fronteras donde la aviación bordea la poesía.

Humberto Fiadino nació en Santa Fe, aunque vivió la mayor parte de su vida en San Martín (Mendoza). Allí -a fuerza de insistencia y de ingeniería- armó el Upa, un avión artesanal que todavía cruza los cielos del Este. Fabricó prácticamente todas las piezas, y como las arandelas que se conseguían acá no eran lo suficientemente resistentes, agujereó monedas.

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El Upa en pleno vuelo. La imagen se tomó hace pocos días.

El Upa en pleno vuelo. La imagen se tomó hace pocos días.

"Hasta hoy, las arandelas de todo el avión son antiguas monedas argentinas", sonríe Gustavo -hijo menor del ingeniero- en diálogo con Diario UNO. Al lado tiene a Alberto, 7 años mayor, otro de los 4 hermanos Fiadino.

"Mi viejo tuvo un traspié comercial con su bodega a principios de los '80, y calculo que eso lo llevó a centrarse en la idea de construir un avión. Él había sido modelista de chico, ya era piloto, y entonces hizo el click", repasa Gustavo.

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Hace casi 40 años que el Upa cruza los cielos mendocinos.

Hace casi 40 años que el Upa cruza los cielos mendocinos.

Humberto, el padre, se consiguió los planos de un Pober Pixie, un monoplaza diseñado por el estadounidense Paul Howard Poberezny, y le introdujo señas propias.

Alberto recuerda que él volvía de madrugada con alguna copa de más y se encontraba al viejo ya vestido de saco y corbata, con esa reserva que tenían los varones de antes; manejando el torno y ensamblando partes del avión que se iban acumulando en el sótano.

-Yo le decía: 'Papá, mirá la hora que es, vos estás loco'; y él me miraba de arriba abajo -con la cara que debo haber llevado después de mi trasnoche- y respondía: '¿Así que yo soy el loco? Mirá vos'.

Fueron 7 años de trabajo, entre 1981 y 1987. En ese lapso, no faltaron sanmartinianos que pensaran que al ingeniero Fiadino le faltaban algunos tornillos. Y a lo mejor algunos le faltaban; pero -como en el caso de las arandelas- se daba maña para fabricarlos.

El caso es que al trascender que el hombre se había puesto a armar un avión se multiplicaron las leyendas urbanas. Una que estuvo vigente hasta hace poco aseguraba que Fiadino había construido la aeronave dentro de una habitación, pero después no la había podido sacar porque no pasaba por la puerta.

Los Fiadino ríen cuando recuerdan la anécdota. "Lo que pasó fue que él armó el avión en 2 partes. Una estaba en la casa de su madre y otra en su propia casa. Un buen día tuvo que ensamblar alas, fuselaje, todo; y justo enfrente de la casa de su mamá estaba el colegio José Manuel Estrada, que todavía funciona en pleno centro de San Martín. Ahí había un espacio grande como para montar la estructura".

Hubo que trasladar las partes del proyecto al primer piso del colegio, aprovechando que era verano y la actividad era escasa. Cuando ya cerca del inicio de clases los celadores regresaron a sus puestos, uno de ellos -que había comenzado a limpiar- se acercó a la secretaria de la escuela y le confesó: 'Usted no me va a creer... pero parece que durante las vacaciones los alumnos se han metido y han construido un avión...".

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El Upa en un salón de la escuela Estrada. La experiencia del ensamblado dio lugar a algunas leyendas urbanas.

El Upa en un salón de la escuela Estrada. La experiencia del ensamblado dio lugar a algunas leyendas urbanas.

Por supuesto, tras confirmar que las partes encajaban bien, Don Humberto desmontó el aparato y se lo llevó. Venía el tiempo de las definiciones.

Avión Upa: el día en que voló por primera vez

El ingeniero Fiadino compró dos motores averiados: uno se lo pagó al mecánico del aeroclub y otro a un instructor de vuelo. Con las partes de ambas máquinas, armó el corazón del Upa.

Ya en la pista, llegó el momento de la verdad: ver si volaba. Gustavo explica: "Este avión tiene matrícula de modelo experimental. Por cuestiones de seguridad, la Dirección Nacional de Aeronáutica te iba enviando inspecciones, pero como mi padre había mandado fotos, la última inspección se dio por hecha. De forma que un viernes nos pusimos a carretearlo, el sábado en la mañana hicimos ajustes y ahí lo vi a mi papá, entusiasmado en la pista. Lo aceleraba y cada tanto lo levantaba 1 metro, o metro y medio. Así estuvo como una hora".

Los ojos del niño que por entonces era Gustavo vieron que finalmente su padre se animó y salió volando con el Upa.

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El Upa en el Aeroclub de Rivadavia, su hogar actual.

El Upa en el Aeroclub de Rivadavia, su hogar actual.

"Lo vi remontarse bien alto y me alegré muchísimo; pero nos habíamos olvidado que entre tanto carreteo se había gastado el combustible, así que estando en la altura se le paró el motor", cuenta el entrevistado.

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Tanto habían carreteado para probar, que cuando Humberto Fiadino salió a volar por primera vez con el Upa se quedó sin combustible y se le apagó el motor en el aire.

Tanto habían carreteado para probar, que cuando Humberto Fiadino salió a volar por primera vez con el Upa se quedó sin combustible y se le apagó el motor en el aire.

Como fuera, Don Humberto se las arregló para planear y volver al aeroclub.

Gustavo evoca la escena como si hubiese ocurrido recién: "Mi viejo aterrizó el Upa y el avión quedó detenido en mitad de la pista. Entonces salí corriendo hacia él, para saber qué le había pasado. Cuando me acerqué, vi que mi padre estaba en silencio. Creo que lloraba de alegría".

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Humberto Fiadino junto al Upa, un sueño cumplido.

Humberto Fiadino junto al Upa, un sueño cumplido.

Alberto completa: "Yo siempre pensé que el Upa fue su quinto hijo, una especie de personaje gracioso, como el hermano de Patoruzú, que te pide que lo levantes y parece un niño".

Desde aquellos primeros vuelos, hace casi 40 años, el avión prácticamente no sufrió modificaciones. Se cambió la hélice, algunos ajustes menores. El resto sigue como siempre.

Y tal como muestran las fotos que ilustran esta nota, el Upa todavía sale cada tanto del hangar que lo aloja en el Aeroclub de Rivadavia y los mendocinos lo escuchan ronronear entre las nubes.

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El ya mítico monoplaza de Zona Este a punto de aterrizar.

El ya mítico monoplaza de Zona Este a punto de aterrizar.

Ahora bien: la experiencia de volar en el Upa requiere un espíritu aventurero. Dado que tiene carlinga abierta, el piloto debe prepararse como en los tiempos de Antoine de Saint-Exupéry, el autor de El Principito: la temperatura baja 1 grado cada 180 metros de altura, por lo que en invierno conviene abrigarse; y en verano son indispensables unas buenas antiparras.

Hablamos de una nave que conecta con la época en que no existían celulares ni GPS. Allá arriba quedan sólo el ser humano con sus pensamientos, el avión, las nubes y el cielo. Nadie más. Para comunicarse con otros hay que cargar una radio. Gustavo lo sabe porque él mismo se convirtió en piloto y vuela periódicamente la máquina que fue la obsesión de su padre.

Actualmente, los aficionados a los aviones tipo "hágalo usted mismo" son cada vez más. En su momento, al UPA le dieron la matrícula 115. Hoy ya se han contabilizado oficialmente más de 1.200 proyectos experimentales en la Argentina.

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Gustavo Fiadino vio volar al Upa cuando era un niño. Hoy lo pilotea.

Gustavo Fiadino vio volar al Upa cuando era un niño. Hoy lo pilotea.

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La estructura del Upa hace que el piloto sienta de primera mano lo que hay a su alrededor, desde la lluvia hasta el sol radiante, pasando por el viento y el posible impacto de insectos.

La estructura del Upa hace que el piloto sienta de primera mano lo que hay a su alrededor, desde la lluvia hasta el sol radiante, pasando por el viento y el posible impacto de insectos.

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Una vez en vuelo, quien está al mando del Upa queda prácticamente solo entre el cielo y las nubes.

Una vez en vuelo, quien está al mando del Upa queda prácticamente solo entre el cielo y las nubes.

Un vino de alto vuelo

Humberto Fiadino falleció en 2010. Todavía se oye cada tanto el recuerdo de alguien que voló con él y mantuvo un diálogo memorable, o el relato de alumnos que asistieron a sus clases cuando era profesor en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN). Para celebrar esa herencia, Gustavo decidió crear un tinto orgánico con el nombre de su papá.

"Un vino de alto vuelo y de suave aterrizaje", se lee en la etiqueta del vino. El resto de la familia lo respalda en el homenaje.

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El vino orgánico Humberto Fiadino homenajea el legado del ingeniero que un día soñó con construir un avión en San Martín.

El vino orgánico Humberto Fiadino homenajea el legado del ingeniero que un día soñó con construir un avión en San Martín.

Alberto, el hermano de Gustavo, suma otra perspectiva sobre esa botella donde el avión Upa aparece en primer plano.

"Lo que más destaco de mi papá es la paciencia. Hacia los hijos, hacia la vida. La paciencia de no quedarse con las derrotas, sino salir adelante con una idea como esta: armar un avión apelando únicamente a su inteligencia. Si vos le preguntabas algo, a lo mejor se tomaba días. Después te encaraba y decía '¿viste lo que me consultaste la otra vez?'. Y te respondía. Lo contrario a lo que vivimos hoy, cuando la gente quiere respuestas inmediatas, tipo Google. Me parece que algo de ese ritmo más humano está en esta idea de compartir un buen vino".

Más allá de biografías individuales, la historia de Humberto Fiadino y su avión demuestra algo que intuye cualquier pibe mientras remonta su barrilete y luego los adultos suelen dejar de lado: hay cosas -como volar- que no siempre se hacen para llegar a un destino. Sirven para que se exprese una parte viva de nosotros. Para que averigüemos lo que somos capaces de hacer cuando perseguimos un sueño.

*Humberto era el abuelo de Agustina Fiadino, periodista de Radio Nihuil que un día le contó acerca del Upa al autor de esta nota. Como una cosa lleva a la otra, aquellas charlas iniciales derivaron en una vida compartida y un hijo que acaba de cumplir 1 año. Para comentarios y aportes: [email protected]

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