Darío Giandinoto es mendocino, vive en España y durante un vuelo desde Palma de Mallorca a Madrid se encontró a Lionel Scaloni sentado junto con su esposa en la última butaca de la primera clase. Darío, fanático de la Scaloneta, le pidió una selfie y luego abrió la mochila buscando un papel para que le firmara un autógrafo. Revolvió todo. No encontró ni una hoja. Entonces hizo lo único que se le ocurrió: sacó la bolsa para el vómito del avión y se la extendió al entrenador de la Selección. La fecha no se la olvida más: fue el 5 de febrero de 2024 a las 10.30.
En diálogo con Diario UNO, vía WhatsApp, todavía se ríe cuando recuerda lo que pasó aquel día. Había subido al avión por trabajo, como tantas otras veces. Nada hacía imaginar que, unos minutos después, terminaría al lado del capitán de la Selección Argentina con una bolsa para personas descompuestas. Sí, una de esas que descansan en el bolsillo del asiento delantero.
“Nueva”, aclara entre carcajadas.
La historia vuelve a cobrar vida en la previa del partido de este martes entre Argentina y Egipto por el Mundial, mientras este mendocino nacido y criado en la Cuarta Sección revive desde España una pasión que jamás perdió, aunque hace casi un cuarto de siglo que vive lejos del país.
"Soy de la calle Villagra y Esquiú, en Mendoza. Me vine a España en 2001 y desde 2021 vivo en Mallorca, en Costa de los Pinos", cuenta.
La llegada a España del mendocino fue por razones de salud de su hijo
Su llegada a Europa no tuvo nada de aventura turística sino que fue una decisión desesperada.
Su hijo Santiago padecía un trastorno neurológico con crisis similares a la epilepsia y, después de intentar todos los tratamientos posibles en Mendoza, sintieron que ya no quedaban alternativas.
"Me gasté hasta lo que no tenía buscando una solución", repasa hoy.
La respuesta apareció del otro lado del océano. En el Hospital de Manacor, el mismo donde años atrás también fue atendido Rafa Nadal.
"Acá lo atendieron y con una simple pastilla empezó un tratamiento que tiene que hacer de por vida, pero nunca más volvió a tener aquellas crisis. Eso nos cambió la vida", repasa.
Por eso España dejó de ser solamente un lugar donde vivir. Se convirtió en el sitio donde recuperaron la tranquilidad. Allí formaron nuevamente su hogar junto a su esposa Pamela y sus hijos, Agustina y Santiago.
Hoy ambos hijos están casados. Santiago con una catalana y Agustina con un madriñeño. "Imaginate lo que es ver un Barcelona-Real Madrid en mi casa", bromea.
Cuando juega la Argentina no hay grietas y la bandera manda
Pero cuando juega Argentina ya no hay grietas. Todos terminan con la camiseta albiceleste. "Logramos convencer hasta a mi nuera catalana para que aliente a la Selección", dice orgulloso.
Sin embargo, hay algo que ningún paisaje mediterráneo consiguió reemplazar. Los Mundiales en Mendoza.
"Lo que más extraño es juntarme con los amigos. Acá los partidos los veo con la familia, pero extraño el asado, las reuniones, los abrazos de toda la vida", reflexiona.
Ni siquiera puede improvisar un fuego.
En Mallorca, durante esta época del año, las restricciones por riesgo de incendios impiden hacer asados. Entonces la cábala cambia. "Nos hacemos unas empanadas al horno, una picadita... pero el asado no se puede", relata.
Como miles de argentinos repartidos por el mundo, aprendió a convivir con la nostalgia. "El Mundial te acerca un poco más a tu país, aunque la distancia siempre se siente. También aprendés a valorar mucho más a la familia que tenés cerca", expresa.
Pero si hay un recuerdo que guardará para siempre ocurrió mucho antes de este Mundial.
Aquel vuelo inolvidable con Lionel Scaloni a bordo
Fue durante uno de sus habituales viajes laborales. Darío trabaja para la reconocida diseñadora española Ágatha Ruiz de la Prada, que pasa largas temporadas en Mallorca.
Cada tanto debe viajar a Madrid para trasladar pertenencias, entre ellas los perros de la diseñadora. Ese día tomó un vuelo como cualquier otro.
Hasta que levantó la vista. En el último asiento de primera clase viajaban Lionel Scaloni y su esposa. No podía creerlo.
Esperó el momento indicado y se acercó con respeto. Le pidió una foto. El entrenador campeón del mundo aceptó con la amabilidad que tantos destacan.
Pero Darío quiso ir un paso más allá. "Le pregunté si me podía firmar un autógrafo", cuenta. Scaloni sonrió.
"Sí, ¿tenés papel?"
Y ahí apareció el problema. No había una sola hoja; ni un cuaderno, un ticket. Nada. Solo un detalle casi absurdo. Darío llevaba una lapicera en la mochila. "Debo ser el único tipo que viaja con una birome encima", se ríe.
Entonces tuvo una idea desesperada. Se dio vuelta, metió la mano en el bolsillo del asiento, sacó la bolsa para el vómito del avión y se la extendió.
"Él me miró y me dijo: '¿No está usada?'"
La respuesta salió sola.
"'No, capitán, quédese tranquilo... está nuevita'". Y los dos estallaron de risa.
Segundos después, Lionel Scaloni estampó su firma sobre aquella improvisada hoja de papel que hoy se transformó en uno de los recuerdos más preciados de la familia.
"La tengo guardada como un tesoro", asegura.
Mientras espera el partido frente a Egipto, Darío también espera volver a sentir esa comunión que la Selección despierta en los argentinos, estén donde estén.
Dice que este equipo le deja una enseñanza mucho más grande que cualquier resultado. "Es un grupo que juega en equipo. Sin individualidades. Creo que todos tendríamos que aprender un poco de eso", reflexiona.
Todavía tiene grabada otra imagen. Después del triunfo frente a Cabo Verde, vio a miles de argentinos aplaudir al rival como un adversario digno.
"Fue un orgullo ver a los argentinos aplaudir a Cabo Verde", dijo Darío
"Eso fue un orgullo. Podemos pensar distinto, competir, querer ganar, pero no por eso ser enemigos. Esa unidad que transmite la Selección tendríamos que llevarla a todos los aspectos de la vida."
Este martes volverá a ponerse la camiseta argentina. La verá desde Mallorca.
Sin amigos mendocinos alrededor, sin asado, sin el bullicio de aquellas reuniones en la Cuarta Sección. Pero con una reliquia imposible de igualar. Porque pocos hinchas pueden decir que tienen un autógrafo de Lionel Scaloni.
Y menos todavía que el entrenador campeón del mundo se los firmó... sobre una bolsa para el vómito de un avión, después de comprobar, entre risas, que realmente estaba nueva.










