Ella se llama Myriam Arranz, pero es más bien la seño Myriam, la maestra de 2°C, turno tarde, de la Escuela Manuel Láinez, de la Quinta Sección, de la capital mendocina. Es una más de las maestras argentinas y mendocinas, que sacó coraje, innovación e inventiva para superar los difíciles obstáculos que planteó a la docencia el aislamiento obligatorio por la pandemia de coronavirus. Siendo supuestamente una más en un colectivo tan extenso como es el docente de nivel primario, Myriam sacó a relucir su experiencia y dejó brotar sentimientos, para comprender el sentir propio, el de sus alumnos, y también de sus padres, para saber dar una vuelta de tuerca y dejar la chatura y frialdad de la virualidad. Myriam tendió un "arco iris de esperanza" entre la maestra y el alumno.

Su novedoso sistema para dar clases dentro de la cuarentena marcó un hito en el ámbito académico, por llevar más allá de sus obligaciones su tarea de enseñanza. "Al principio pareció que iba a ser por unos días y se trató todo de un repaso, donde les dijimos a los papás, que por las tareas no se preocuparan, que al retornar las íbamos a corregir. Luego vimos que no era así, que iba para largo, y nos comunicamos para que las enviaran por mail", comenzó relatando la maestra sobre los primeros días de la pandemia.

Te puede interesar...

Enseñar y divertir

Cuando todos comenzaron a darse cuenta que el coronavirus no era una "simple gripe", y que tampoco se iba a ir en 10 o 15 días, comenzó a poner en funcionamiento sus capacidades. "No quise volver a mandar tareas de repaso, que eran cosas que había visto el año pasado, y me acosté una noche pensando cómo podía hacer para avanzar. Se me ocurrió hacer un video, haciendo las cosas que hago generalmente en el aula. Luego me di cuenta que el video era muy pesado para mandarlo por Whatsapp, entonces mi marido me dijo que lo subiera a Youtube, y él me prestó su canal. Entonces me di cuenta que eso funcionaba para las familias que tenían conexión, así que hice mi propio canal, y mandé todos los videos ahí. Me gustó que muchas otras maestras usaron esos videos, y eso fue muy alentador para mí", contó sobre su iniciativa, a la que le supo aplicar eficazmente los contenidos académicos, ilustrados y actuados con sus dotes histriónicas y capacidad para el manejo de la herramienta digital.

image.jpg
Myriam Arranz, la maestra mendocina que supo conjugar el humor y el cariño con los contenidos académicos, para enseñar en un contexto de encierro, hastío y tristeza que generó la pandemia del coronavirus.

Myriam Arranz, la maestra mendocina que supo conjugar el humor y el cariño con los contenidos académicos, para enseñar en un contexto de encierro, hastío y tristeza que generó la pandemia del coronavirus.

La letra, con amor entra

Pero no todo eran clases grabadas y divertidas, con el correr de los meses, la extensísima cuarentena, comenzó a traer sus problemas y traumas asociados al aislamiento, "Yo sé que el niño necesita el contacto afectivo para aprender; necesita conectar amorosamente con la maestra, y si él no se siente cómodo o amado por la seño, difícilmente aprende. Así que me propuse también enviar audios o videos cortitos por Whatsapp, contándoles algo, proponiéndoles un juego, hacer cosas como masa. Los chicos se fueron conectando, se atrevieron también, y me empezaron a mandar sus videos contándome cómo aprendieron esto o aquello", dijo Myriam, quien tendió un puente entre ella y sus queridos alumnos.

"También tuvimos que incorporar lo de las llamadas virtuales, porque eran indispensables, y rompí con una regla mía de nunca dar mi teléfono particular a ningún padre, no sé porqué, tal vez era un mito, pensando que los padres nos iban a avasallar si lo hacíamos, pero los míos han sido totalmente respetuosos. Le di el número para consultas, y eso permitió mayor fluidez en la relación, en especial cuando me contaban que el chico no tenía ganas de hacer la tarea, o si habían perdido a algún ser querido en la casa, entonces yo lo llamaba al niño y hablábamos", continuó explicando la maestra mendocina sobre su impronta de conexión afectiva.

10 de noviembre: DÍA DE LA TRADICIÓN ARGENTINA en honor a José Hernández por su obra: Martín Fierro.

"Por último, tuvimos la certeza que ya había muchos chicos desconectados, porque estaban muy cansados, entonces yo los fui a visitar a su domicilio -no entré a las casas- por la pandemia, y los saludé en la puerta, para animarlos, decirles “vos podés”, y ese tipo de respaldo", expuso la docente, que actuó rápidamente al ver signos de fastidio en los niños por las clases virtuales.

La experiencia me ha ayudado a comprender cosas, los alumnos de hace diez años se dirán que yo no era así con ellos, pero descubrí que el aula debe haber amor y humor. Si no, lo académico no entra La experiencia me ha ayudado a comprender cosas, los alumnos de hace diez años se dirán que yo no era así con ellos, pero descubrí que el aula debe haber amor y humor. Si no, lo académico no entra

Myriam continuó: "Ese día que fui a ver a los chicos rezagados, llegué a mi casa y me dije - ¿Por qué a los rezagados sí, y a los que cumplieron no? Sentí que no era justo no ir a ver al que siempre está conectado y hace todo bien, para felicitarlo y alentarlo también". Una idea había nacido en su mente, inspirada por su corazón.

La vista soñada y la inesperada sorpresa

"Los chicos habían hecho cada uno una fábula en una de las tareas, y estaban muy bonitas. Así que las recopilé todas, hice un pequeño librito de fábulas, al que titulé Arco Iris de Esperanza, porque eso era lo que me transmitía ese librito, la esperanza de los chicos, de saber que se puede, y que siguen aprendiendo después de todo", detalló Myriam.

WhatsApp Image 2020-11-10 at 20 (2).jpg
Las

Las "manitos" de la Seño Myriam en acción. Las verdaderas manos de la docente, prepararon los regalitos que les llevó a todos sus alumnos, a sus propios domicilios.

"Junto con el librito sumé otros pequeños obsequios, y me fui con mi GPS (risas) a la casa de los 27 alumnos. Fue fascinante. La verdad que pensé que yo iba para estimular a los chicos, para que sigan adelante, y agradecer a sus familias por el esfuerzo. Pero lo que descubrí fue que yo necesitaba ese contacto, y ese estímulo me hacía mucha falta. El brillo de los ojos de los chicos, el impulso de venir a abrazarme, me llenó el alma (hizo unos bracitos con dos palitos). Le dije que no los podía tocar, pero que les llevaba ese abrazo desde el alma", contó la docente sobre su idea de salir a las calles, y como una especie de hada mágica, visitar a cada niño en su hogar protocolos sanitarios mediante.

WhatsApp Image 2020-11-10 at 20 (1).jpg
La Seño Myriam y sus bracitos de madera, para poder tener un ínfimo contacto cons sus alumnitos, quienes no podían contener las ganas de abrazarla.

La Seño Myriam y sus bracitos de madera, para poder tener un ínfimo contacto cons sus alumnitos, quienes no podían contener las ganas de abrazarla.

Pero no todo fue dar, porque la inquieta maestra se llevó una sorpresa al hacer un descubrimiento interior fundamental. "Se notó que era yo quien necesitaba ese contacto, porque esa semana estuve tan feliz de haber ido a la casa de todos y verlos, y me di cuenta de la importancia que es estar cerca. Me sorprendió mucho también ver la reacción de los padres -más de uno no pudo contener las lágrimas-, ya que la mayoría estaba en casa, y se sorprendieron y alegraron de verme. Fue algo muy bonito", recordó emocionada.

"Al llegar a la casa de uno de los chicos que no se conectaba para hacer las tareas, y pensando que a lo mejor no tenía el suficiente apoyo de su familia, al tocar el timbre, me atiende el papá del niño, quien se alegró mucho de verme. Entonces me abrió la ventana, y me encontré con que toda la familia estaba estudiando en la mesa del comedor, y mi alumno, lloraba porque no quería hacer sus tareas. El nene se alegró muchísimo de verme, y tras la visita se motivó para seguir trabajando. Ahí me di cuenta de la importancia de la cercanía del docente para motivar al alumno", recordó Myriam sobre uno de los momentos más emotivos de sus visitas.

Finalizando su relato, Myriam Arraz quiso sacarse el papel de protagonista y confesar su agradecimiento a toda una comunidad que supo enfrentar la más inesperada de las situaciones, la pandemia mundial. "Este tipo de cosas no se logra sola. Este año he tenido unas “paralelas” (maestras del mismo grado, pero de otra división de la escuela) que han sido compañeras tan leales, que nos hemos estimulado tanto unas a otras, que eso ha significado hacer muchas actividades, encuentros virtuales, incluso el acto virtual del 25 de Mayo. Una no está sola, no es que una sea un ente y que va inventándose el mundo", concluyó.

En la extensa gira que hizo para visitar a sus alumnos, les llevó de regalo a cada uno, un frasco de dulce de leche hecho por ella (para endulzarles la vida), una mariposa tejida (como símbolo de esperanza), y los libritos con sus propias fábulas hechas en clase. Para poder acariciar a sus estudiantes, Myriam llevó unos bracitos de madera, con manitos en los extremos, para tocarlos sin romper los protocolos de distanciamiento, y se entrevistó con ellos en la puerta de sus casas, sin ingresar.

Es de destacar que la maestra, en el periplo para ir a alentar personalmente a sus 27 alumnos, utilizó su auto, su tiempo de descanso (una mamá de una adolescente, esposa y ama de casa no conoce esto), para recorrer en cuatro días, con un promedio de 4,5 horas diarias, los departamentos de Godoy Cruz, Guaymallén, Las Heras, Maipú y Capital, ya que la escuela Láinez, según contó la misma maestra, tiene la impronta de inscribir a los alumnos, no tanto por la cercanía de los domicilios de los chicos, sino que al estar cerca del Barrio Cívico, se tiene en cuenta el lugar de trabajo de los padres.