Alguna vez hemos escuchado el apellido de este psicoanalista y posiblemente lo asociemos a sus teorías del sueño, del inconsciente o del deseo; pero poco sabemos de su gran habilidad para aprender idiomas, incluso de forma autodidacta. ¿Sabías que Sigmund Freud aprendió a hablar español para leer el Quijote?
Parece curioso y casi imposible de creer, de hecho muy pocos de los discípulos de Freud sabían que el analista podía hablar, leer y escribir en español. Era un secreto bien guardado, el que Freud ocasionalmente y sólo en las circunstancias adecuadas divulgaba.
Pero la pasión por la literatura llevó al padre del psicoanálisis, a aprender un nuevo idioma solo para disfrutar una obra maestra en su versión original: Don Quijote de la Mancha, escrita por Miguel de Cervantes.
El día en que Freud aprendió a hablar español para leer el "Quijote"
Cuando se habla de Sigmund Freud, pocos conocen una anécdota que revela otra faceta del célebre médico y pensador: su profunda pasión por la literatura.
Freud tenía un enorme interés por las grandes obras de la cultura universal. Entre ellas, una en particular despertó su admiración y fue nada más y nada menos que Don Quijote de la Mancha, la novela publicada en el siglo XVII por el escritor español Miguel de Cervantes, considerada una de las obras más importantes de la literatura mundial.
La novela narra las aventuras de un hidalgo que, fascinado por los libros de caballería, decide convertirse en caballero andante y salir a recorrer el mundo acompañado por su fiel escudero Sancho Panza.
Según se cuenta, Freud decidió aprender español para poder leer la novela en su idioma original. Aunque existían traducciones al alemán, el intelectual austríaco consideraba que la verdadera esencia de la obra solo podía comprenderse plenamente en la lengua en la que fue escrita.
Su lengua materna fue el alemán, sin embargo, cuando fue a estudiar a París tuvo que aprender a hablar francés y luego italiano. Pero parte de la historia que nos interesa es cuando empezó el estudio de nuestra lengua de una forma autodidacta, sin profesores ni diccionarios.
Aunque este camino no lo hizo del todo solo, lo hizo junto con uno de sus amigos de gimnasium de Viena, un niño rumano de su edad llamado Eduard Silberstein. Los dos compartían una fascinación por Cervantes y el don de aprender idiomas.
Además, durante su infancia fundó, junto a uno de sus amigos y compañeros de escuela, una sociedad secreta a la que bautizaron con el nombre de Academia Española. Y luego desde la distancia intercambiaron cartas que estaban escritas en castellano y, al inicio, se dirigían el uno al otro y firmaban empleando seudónimos tomados de la novela de Cervantes “El coloquio de los perros”: Cipión (Freud) y Berganza (Silberstein).





